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Lanzar la piedra y esconder la mano: la reforma tributaria y la insolidaridad de los profesionales

por 28 mayo 2014

Como una forma de interesada cuadratura del círculo, les conviene una reforma que no pagan, que incluso piensan que les puede beneficiar, promueve la estabilidad social y política, y deja la estructura social tal y como está, es decir, obviando a la rica clase empresarial, a ellos arriba y a la pobre, con frecuencia violentamente denominada “clase media”, abajo.

Existe un acuerdo amplio en Chile sobre la necesidad de realizar una “profunda” reforma tributaria. Esto vendría justificado por la necesidad de que el Estado chileno enfrente el coste de una también “profunda” reforma del sistema educativo, fundamentalmente pensando en el deprimido sistema público. Al parecer, pocos son los que quieren restar el apoyo a tan loable tarea.

Este amplio apoyo tiene como base que afectará únicamente al bolsillo de las empresas y no de los chilenos. Las primeras habrían disfrutado de una época de vacas gordas en razón tanto de crisis económicas previas y las medidas para evitarlas, como de la injusticia instalada por la dictadura, mediante las medidas derechizantes y descaradamente pro empresa de los afamados, o quizás para algunos tristemente famosos, "Chicago boys". En definitiva, estaría bien que paguen los que durante un largo período se beneficiaron del bien público y no contribuyeron de forma adecuada al desarrollo del mismo.

Como una forma de interesada cuadratura del círculo, les conviene una reforma que no pagan, que incluso piensan que les puede beneficiar, promueve la estabilidad social y política, y deja la estructura social tal y como está, es decir, obviando a la rica clase empresarial, a ellos arriba y a la pobre, con frecuencia violentamente denominada “clase media”, abajo.

De forma un tanto sorprendente, han sido las clases profesionales adalides de tal discurso. Como una forma de interesada cuadratura del círculo, les conviene una reforma que no pagan, que incluso piensan que les puede beneficiar, promueve la estabilidad social y política, y deja la estructura social tal y como está, es decir, obviando a la rica clase empresarial, a ellos arriba y a la pobre, con frecuencia violentamente denominada “clase media”, abajo.

Muy típico del capcioso uso de los términos en la cotidianeidad chilena, se trataría de una reforma que inyecta recursos al sistema público, al cual se favorece, siendo beneficiados principales sus grupos profesionales, y deja la desigualdad tal y como está, obviamente diciendo que la reforma a la educación la va a corregir.

Todos los miembros de la clase profesional saben que esto no sucederá en un tiempo próximo, y desde el punto de vista de su interés de clase, ello no debería suceder.

Por lo tanto, los profesionales, muchos de los cuales disfrutan de muy altos salarios, a menudo vergonzosamente elevados a nivel internacional o comparado, no pagarán un solo peso de esta dicha “reforma”.

Habrán mostrado buena voluntad, como les gusta, una cara amable, pero no compartirán nada de su plata con otros, siendo tan insolidarios como siempre han sido, tengan pasado comunista o siendo miembros de la “red-set” local. Poco importa. Esta vez a la rica clase profesional chilena quedar bien le saldrá gratis.

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