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Aborto: Chile y los cinco países retrógrados

por 1 junio 2014

La idea tan manoseada de que Chile es uno de sólo cinco países que no admiten el aborto es una afirmación altamente cuestionable, que sobre simplifica una realidad compleja y que no es capaz de dar cuenta de las reales tendencias alrededor del mundo en la materia. Lo que no se dice es que son más de 120 los países que no admiten nunca el aborto o sólo admiten intervenciones que sean necesarias para salvar la vida o la integridad física de la mujer.

Los partidarios del aborto en nuestro país suelen repetir en forma incesante que Chile es uno de tan sólo 5 países que tienen una prohibición total de realizar abortos. A partir de este dato concluyen que nuestro país se encuentra “atrasado” y que el presunto consenso a nivel internacional debe avergonzarnos hasta el punto de legalizarlo. ¿Es tan así?

El dato que suele utilizarse está tomado del mapa confeccionado por el Centro de Derechos Reproductivos –que no es una institución amiga de la causa pro vida– y que consigna que son 66 los países del mundo que hasta hoy prohíben totalmente el aborto o que sólo lo autorizan en el caso en que se encuentre en peligro la vida de la madre. Dentro de esta categoría se incluyen los 5 países –Chile incluido– que no tienen una norma específica autorizando la realización de un aborto. Pero –y este un gran pero–, en esos otros 61 países los procedimientos que están autorizados coinciden en general con los procedimientos médicos que hoy se realizan en nuestro país ante riesgo de vida de la madre, y que la medicina (y nuestra legislación) no considera abortos por aplicación del principio ético conocido como “voluntario indirecto”.

La idea tan manoseada de que Chile es uno de sólo cinco países que no admiten el aborto es una afirmación altamente cuestionable, que sobre simplifica una realidad compleja y que no es capaz de dar cuenta de las reales tendencias alrededor del mundo en la materia. Lo que no se dice es que son más de 120 los países que no admiten nunca el aborto o sólo admiten intervenciones que sean necesarias para salvar la vida o la integridad física de la mujer.

En los términos más “neutros” posibles, el aborto consiste en la interrupción deliberada del embarazo. Esto quiere decir que se consideran conductas abortivas aquellas que están dirigidas, encauzadas o destinadas específicamente a terminar con este. En términos de la perspectiva pro vida, el aborto implica una conducta matadora dirigida a ponerle fin a la vida de la persona en estado fetal. Por lo tanto, en todas aquellas acciones que tienen un objetivo o fin distinto a éste, no existe para la lex artis médica un aborto, ni tampoco para nuestro derecho penal. Esta es la razón por la cual no existe sanción penal cuando, por ejemplo, un equipo médico se ve obligado a aplicar quimioterapia o extirpación del útero en una mujer encinta que además se encuentra afectada por un cáncer que amenaza su vida. La acción no va dirigida a matar al embrión, sino a sanar a la madre, aun cuando produce, como efecto secundario no querido, la muerte del no nacido.

En los otros 61 países restantes sus normas aplicables, o bien incluyen una disposición que exime de responsabilidad al médico que realiza una conducta cuyo fin propio es salvar la vida de la mujer (en circunstancias de estar el aborto generalmente penalizado, como es el caso de Paraguay, que expresamente exculpa o justifica el “aborto indirecto” en el artículo 352 de su Código Penal), o bien guardan silencio y se han interpretado judicialmente en ese sentido. ¿Y por qué no avanzar nosotros también en esa dirección? Porque es innecesario. Porque lo que en esos países –y algunos entre nosotros– entienden como “aborto” sin serlo, nosotros le llamamos y entendemos como intervenciones médicas éticamente lícitas conforme a la misma lex artis. Y porque el peligro que sí es real, es que en la medida que se autoriza explícitamente el aborto bajo una causal, no pasa mucho tiempo antes de que esa causal se amplíe y se abra paso a procedimientos abortivos propiamente tales, que nada tienen que ver con salvar la vida de la mujer.

En definitiva, la idea tan manoseada de que Chile es uno de sólo cinco países que no admiten el aborto es una afirmación altamente cuestionable, que sobresimplifica una realidad compleja y que no es capaz de dar cuenta de las reales tendencias alrededor del mundo en la materia. Lo que no se dice es que son más de 120 los países que no admiten nunca el aborto o sólo admiten intervenciones que sean necesarias para salvar la vida o la integridad física de la mujer (en la forma que ya vimos). En los últimos 5 años República Dominicana, Kenya y Hungría han adoptado nuevas Constituciones nacionales protectoras de la vida no nacida; Estados Unidos avanza a paso firme en restringir más y más el aborto, en ruta hacia su erradicación total, y hoy España se apresta a restringir su legislación abortiva liberal. Entonces sólo queda la pregunta: ¿hacia dónde va realmente el mundo?

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