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Globalización cultural e identidad de género

por 3 junio 2014

Un aspecto que preocupa de estas ideologías globales es que promueven la intervención sin límite del Estado en las conductas sexuales. Le piden al Estado que legisle y legitime opciones sexuales, con lo que la sexualidad pasa de la esfera privada a la pública; pasa de ser una opción personal a una decisión social que es finalmente regulada por el Estado.

Hace algunas semanas ingresó a la Comisión de DD.HH. del Senado un proyecto de ley sobre el fortalecimiento de la identidad de género para que, dentro de otras cosas, las personas puedan cambiar su nombre por aquel que representa mejor su opción sexual o nueva configuración corporal, de tal forma que alguien que es biológicamente hombre podría, gracias al poder del Estado y de la cultura, emplear un nombre que habitualmente se usa para designar a las mujeres.

Curiosamente, a esta iniciativa legal el gobierno le puso suma urgencia y la lanzó en medio de terremotos, incendios y reformas tributarias, al punto que ha pasado prácticamente desapercibida para la opinión pública.

Lo más llamativo es que se ha transformado en una de las primeras iniciativas legales del Ejecutivo que ya tiene aprobada la idea de legislar, lo que nos habla acerca de la importancia que el gobierno les asigna a estos temas.

Con iniciativas como estas el gobierno de la Presidenta Bachelet se suma a movimientos políticos ideológicos transnacionales que tienen como objetivo imponer una visión del hombre, la sexualidad y el Estado desde los países desarrollados a los países en desarrollo.

No es casualidad que en varias naciones se haya discutido y legislado –o se esté discutiendo– sobre las mismas iniciativas de, por ejemplo, matrimonio homosexual o bien la adopción de niños por estas parejas, entre otros temas.

Un aspecto que preocupa de estas ideologías globales es que promueven la intervención sin límite del Estado en las conductas sexuales. Le piden al Estado que legisle y legitime opciones sexuales, con lo que la sexualidad pasa de la esfera privada a la pública; pasa de ser una opción personal a una decisión social que es finalmente regulada por el Estado.

Una de las vertientes ideológicas de esta tendencia es el feminismo radical, corriente que posee gran influencia en varios organismos internacionales, incluida ONU mujer, y que fue uno de los pilares conceptuales que guió la gestión del ex presidente socialista del gobierno español, José Rodríguez Zapatero.

Estas concepciones emplean la globalización cultural como medio de transporte de sus particulares visiones.

Desde estas plataformas globales internacionales se intenta que todos los países legislen exactamente en la misma dirección, sin importar las características culturales ni las  particularidades sociales de cada una de las naciones en las que actúan.

Se trata, por tanto, de una ideología global que posee varios aspectos inquietantes.

Un aspecto que preocupa de estas ideologías globales es que promueven la intervención sin límite del Estado en las conductas sexuales.

Le piden al Estado que legisle y legitime opciones sexuales, con lo que la sexualidad pasa de la esfera privada a la pública; pasa de ser una opción personal a una decisión social que es finalmente regulada por el Estado.

De esta forma los derechos individuales, que la tradición liberal concedió a los individuos y que el Estado no podía tocar, hoy son parte de las deliberaciones políticas y estatales.

Por tanto, se produce una suerte de estatización de una parte de la vida privada, porque ya no se trata de reconocer u otorgar derechos a los individuos sino más bien de convertir al Estado en el gran legislador de los derechos.

En suma, se trata de la politización de la sexualidad con el fin de dar contenido a la acción política y establecer elementos diferenciadores en el mercado ideológico. Se trata de que el derecho de las minorías se transforme en un instrumento para convertir al Estado en el actor central de la vida social, el que ya no reconoce la sexualidad como un límite en el que cada individuo tiene derecho a decidir de la manera que estime conveniente, sino que aspira a regularla, con lo que finalmente el Estado terminará entrando en la cama de todos los chilenos.

Por tanto, el debate sobre la identidad de género no es sólo un tema de definiciones individuales, sino más bien sobre el papel central que algunos quieren que el Estado juegue en la sociedad.

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