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El Stalingrado de la derecha

por 4 junio 2014

El Stalingrado de la derecha
El gobierno ha lanzado su propia operación Urano, tratando de aislar conceptualmente a la centroderecha y ésta no se ha dado cuenta. Tan enfrascada está en el combate del día a día, que no ha sido capaz de levantar la cabeza y ver qué está ocurriendo a su alrededor. La centroderecha está quedando sitiada en su propio Stalingrado.

No es que sea especialmente belicoso y me guste hacer comparaciones con batallas y guerras, pero es del caso que estoy en plena lectura de un libro llamado La batalla por Stalingrado, de William Craig (lo recomiendo).

Para los que no están familiarizados con ese período de la historia, durante la Segunda Guerra Mundial, a orillas del rio Volga, se produjo, entre septiembre de 1942 y febrero de 1943, la famosa batalla de Stalingrado.

En ella, el VI Ejército alemán, comandado por el General Paulus, intentó con todas sus fuerzas tomar por asalto la mítica ciudad roja. En un despliegue de tropas sin precedentes, cientos de miles de soldados alemanes se lanzaron al ataque, ante la heroica resistencia del 62° Ejército Ruso, al mando del General Chuikov. Para algunos historiadores ha sido una de las batallas más duras y sangrientas de la historia.

Los alemanes estaban obsesionados por tomar la ciudad. Entre más dura se hacía la resistencia, más fuerte se hacía el ataque. El alto mando del VI Ejercito sólo tenía un objetivo, tomar Stalingrado. Se peleaba casa por casa, calle por calle, barrio por barrio. Todos concentrados en la lucha del día a día. En un momento, los alemanes alcanzaron a controlar el 90% de la ciudad. Sin embargo, fue tal la concentración, el impulso y la energía desplegada en la lucha del día a día, que los alemanes terminaron por olvidar una precaución fundamental: levantar la cabeza de la lucha diaria para tener una visión más amplia de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

La centroderecha en su lucha casa por casa, calle por calle, barrio por barrio, reparte volantes, pide sesiones especiales en el Congreso, presenta indicaciones, va al Tribunal Constitucional y no se da cuenta de la verdadera batalla que se está generando y cómo los conceptos de la izquierda la están cercando por completo. Esos conceptos son el verdadero campo de batalla de la política, pues es a través de ellos que se construyen las imágenes y los mitos necesarios para producir las trasformaciones sociales que se pretenden.

¿Por qué esta historia de Stalingrado?, porque la misma dinámica se puede apreciar hoy en día, en la intensa discusión política que se ha generado en nuestro país, a raíz de las diversas reformas anunciadas por el gobierno.

Podemos ver a los principales dirigentes políticos de la centroderecha enfrascados fuertemente en la pelea diaria: la reforma tributaria, la reforma educacional, el aborto terapéutico, la reforma al binominal y otras más, totalmente volcados en un activismo frenético, dando la pelea en las comisiones del Congreso, pidiendo sesiones especiales, amenazando con interpelaciones, distribuyendo volantes, etc. Todo eso está muy bien. Esa es la lucha en Stalingrado. Peleando casa por casa, calle por calle, barrio por barrio, con todo.

Sin embargo, la centroderecha debería mirar la gran lección de Stalingrado. Tanta concentración e intensidad en la pelea del día a día, impide ver con amplitud lo que está sucediendo alrededor.

Los generales rusos durante la batalla de Stalingrado, sí levantaron la cabeza. Nunca perdieron la perspectiva del combate global, de la visión panorámica. ¿Y qué lograron?, atraer al ejercito alemán en la pelea dentro de las estrechas calles de la ciudad, mientras el 19 de noviembre de 1942, lanzaban la operación Urano. Esta fue una de las maniobras más famosas y exitosas de la guerra, la que consistió en dejar que los alemanes se desgastaran en la lucha callejera, mientras el alto mando ruso lanzaba un ataque envolvente por el norte y el sur de la ciudad. Sólo cuatro días después, el VI Ejército alemán estaba cercado. El 22 de enero de 1943, destruido.

El gobierno de la Presidenta Bachelet también ha lanzado su propia operación Urano, destinada a aislar a la centroderecha. Sin embargo, esta operación Urano, a diferencia de la rusa, no es con fusiles y tanques, sino que con las nuevas armas de la política: los conceptos.

¿Qué es un concepto en política? Es una palabra que es capaz no sólo de condensar una experiencia histórica-política, sino también de designar una expectativa de futuro. Es decir, un concepto político es una herramienta no sólo de descripción de la realidad sino que también un arma que llama a la acción en una determinada línea.

El debate político por lo general se encuentra dominado por un cierto número de conceptos que establecen una estructura semántica dominante, que sirve de marco para la batalla política. Sobre esa estructura semántica conformada por ciertos conceptos es donde se juega el apoyo de la opinión pública.

¿Qué ha logrado el gobierno de Bachelet en estos primeros meses de gestión? Crear una estructura de conceptos políticos favorables a sus posturas y que les permite no solo describir la realidad a su antojo sino que, además, llamar a la acción en sus objetivos de largo plazo. Así es como la discusión pública gira en torno a los conceptos de: Educación Pública, Lucro, Chile Republicano, Igualdad, Derecho a elegir, Abusos, entre otros, todos los cuales están configurando un verdadero cerco sobre el discurso de la centroderecha y determinando por entero el campo de batalla político del 2014.

Mientras tanto, la centroderecha en su lucha casa por casa, calle por calle, barrio por barrio, reparte volantes, pide sesiones especiales en el Congreso, presenta indicaciones, va al Tribunal Constitucional y no se da cuenta de la verdadera batalla que se está generando y cómo los conceptos de la izquierda la están cercando por completo. Esos conceptos son el verdadero campo de batalla de la política, pues es a través de ellos que se construyen las imágenes y los mitos necesarios para producir las trasformaciones sociales que se pretenden.

El gobierno ha lanzado su propia operación Urano, tratando de aislar conceptualmente a la centroderecha y ésta no se ha dado cuenta. Tan enfrascada está en el combate del día a día, que no ha sido capaz de levantar la cabeza y ver qué está ocurriendo a su alrededor. La centroderecha está quedando sitiada en su propio Stalingrado.

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