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La monarquía a prueba: de juan carlistas a felipistas

por 4 junio 2014

Esta jubilación anticipada viene de la mano de una crisis económica que dura ya seis años y que ha golpeado la imagen de la Casa Real, en primer lugar, por la afición del monarca a las actividades de lujo como la cacería de elefantes y, en segundo lugar, por los escándalos de corrupción familiares.

La abdicación del rey Juan Carlos ha sido una muerte anunciada a pesar de sus infinitas declaraciones de que no dejaría sus funciones. Las pasadas encuestas de opinión sólo le daban un apoyo del 42%, es decir, la mayoría de los españoles querían el fin de su reinado y de la monarquía. Se cierra una etapa y se abre paso a la “renovación”, como ha indicado el mismo monarca en su discurso, pero con ello se abre la caja de Pandora: el debate sobre lealtad a la Monarquía o la República.

Esta jubilación anticipada viene de la mano de una crisis económica que dura ya seis años y que ha golpeado la imagen de la Casa Real, en primer lugar, por la afición del monarca a las actividades de lujo como la cacería de elefantes y, en segundo lugar, por los escándalos de corrupción familiares. La imputación de la infanta Cristina en el caso “Nóos” –Fundación con muchos fines de lucro de Iñaki Undargarín– puso fin a la idea de que la monarquía era la única institución no corrupta. Pese a los empeños de transparentar las cuentas de Palacio y la apertura a las redes sociales, el deterioro en la opinión pública es irreversible.

Esta jubilación anticipada viene de la mano de una crisis económica que dura ya seis años y que ha golpeado la imagen de la Casa Real, en primer lugar, por la afición del monarca a las actividades de lujo como la cacería de elefantes y, en segundo lugar, por los escándalos de corrupción familiares.

Además, su delicada salud ha hecho que se vea débil y asustadizo, un perfil muy distinto al de la transición, cuando se enfrentó a las fuerzas golpistas y unificó a la izquierda y a los independentistas. En definitiva, los índices de valoración a la figura del rey, que siempre se situaron en torno a un 70%, bajaron estrepitosamente, sobre todo en los sectores más jóvenes y de izquierda.

Tras una sonada despedida con elogios a diestra y siniestra por las buenas gestiones del monarca, ahora seguimos una vía institucional que es la de elegir por la vía democrática a su sucesor en las Cortes. Como en España no hay coronación por ley divina sino proclamación por los representantes del pueblo, se necesita la mayoría de votos para que pueda reinar Felipe VI. La Ley Orgánica podría ser aprobada sin mayor problema en la actualidad, ya que el Partido Popular cuenta con mayoría absoluta y ya han sido los primeros en declarar su “lealtad a la Corona”.

No obstante, con las elecciones generales del 2015 se vaticina un gran cambio en el espectro político, ya hemos visto en las elecciones europeas del 25 de mayo el quiebre del bipartidismo en España y el triunfo de los nuevos movimientos alternativos como Podemos, Ciudadanos, Equo, UP y D, que en general son más proclives a la verdadera renovación que sería proclamar la República, por tercera vez en dos siglos.

Felipe de Borbón tiene hoy día el gran desafío no de asumir como monarca, sino de durar en el trono. A pesar de su imagen de fortaleza y estabilidad, los españoles piden una mayor democracia y menos corrupción para salir de la crisis.

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