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30 años de la conquista de la FEUC y los Avilés-Bravo siguen luchando

por 27 mayo, 2015

Treinta años después Avilés sigue creyendo en “Reino de justicia y paz” y Soledad en el socialismo, pero lloran en los atardeceres de Valparaíso, cuando el viento y la luz espectral hace más tétrico mirar al piso cuarto de la UTI del Hospital Van Buren e implorar que les “devuelvan vivo a Rodrigo”.

La anécdota de inicio de mi tesis doctoral sobre la historia del MAPU la protagoniza Félix Avilés cuando era apresado en las afueras del Campus Oriente en 1984, por fuerzas especiales de Carabineros que caminaron sobre un grupo de detenidos y nos llevaron a la 19 Comisaría. Mientras lo pisoteaban con rabia, Avilés, que venía saliéndose del seminario de los Sagrados Corazones y vivía en El Pinar con curas liberacionistas, respondió entre estoico y místico: “Todo sea por el Reino de justicia y paz, compañeros”.

En esos días la UC expulsaba por un año a quien sería en poco tiempo su esposa, Soledad Bravo, la talentosa estudiante de periodismo, que junto con su colega María Eugenia Ramírez son exoneradas por el “delito” de describir las ofensas con gestos sexuales de un grupo de gremialistas y ultraderechistas a las protestas opositoras en favor a los derechos humanos. El vicealmirante Swett, rector delegado, y el mismísimo Pro-Gran Canciller de la dictadura (el Cardenal Silva Henríquez no podía entrar a la Universidad “Católica”), Jorge Medina, con tijera en manos, defendía la expulsión de las dos estudiantes por malas palabras, cuando el centro de alumnos de Periodismo fuimos en masa a reclamar contra la represión.

Al año siguiente, en mayo de 1985, hace tres décadas, la alianza plural de la izquierda con la DC permitió derrocar por 56% contra 44% a los gremialistas de la UDI, en una lista que encabezó Tomás Jocelyn-Holt y que integramos junto a Eduardo Abarzúa, con la fuerza de una red de dirigentes de escuelas claves antidictadura: Teología, Filosofía, Psicología, Castellano, Historia, Teatro, Música, Periodismo, Arquitectura, Medicina, Trabajo Social… Entre los dedicados a tiempo completo, desde el aula a la calle, desde las reflexiones, ayunos y marchas, destacaron Félix Avilés, el Gato del MAPU, y Soledad Bravo, la Sole de la JOTA.

Treinta años después Avilés sigue creyendo en “Reino de justicia y paz” y Soledad en el socialismo, pero lloran en los atardeceres de Valparaíso, cuando el viento y la luz espectral hace más tétrico mirar al piso cuarto de la UTI del Hospital Van Buren e implorar que les “devuelvan vivo a Rodrigo”, el líder del izquierdista Movimiento Crecer de la UC, vinculado a la UNE, los solidarios compañeros de causas que no lo han dejado solo tras cinco días del chorro de agua a cuatro metros que los azota sobre pared y calle en una avenida de Valparaíso sin que él participara en vandalismo o arrojara molotov a uniformados.

Los Avilés-Bravo claman justicia y piden transformaciones de fondo como ayer y hoy: Carabineros debe reestructurar sus protocolos, debe investigar a fondo sin miedo a la verdad, a entender por qué algunos policías golpean a destajo, empujan a adolescentes y azotan a Rodrigo.

La policía es el arte de ordenar sin brutalidad, de cuidar al que protesta en su derecho y evitar que se agreda a otros. Es la paciencia y la serenidad, institucionalidad en que locos e incontrolados no pueden ser parte de sus filas. Las policías en estados democráticos avanzados son garantes fieles de los derechos humanos, como en Chile lo hacen muchos de ellos. Es cuestión de valorar la imagen del carabinero que busca socorrer a Rodrigo y luego lo lleva en andas al Hospital: ¿pero qué explica la violencia descontrolada contra Rodrigo y otros jóvenes?

No es la hora de las defensas corporativas ni de mirar banalmente encuestas de opinión, ni de mezclar peras con manzanas, justificando lo indecente porque algunos exaltados cometen barbaries (además, y no es teoría conspirativa, se sabe de infiltrados, de lumpen, de grupos neonazis que se coluden con parte de los anarquistas).

A tres décadas de sus luchas, los Avilés-Bravo claman respuestas de fondo, las mismas que esperan hace treinta años, más allá de los gestos de buena crianza. El Gobierno y Carabineros deben dar una respuesta contundente y romper temas tabúes, como aquel de la reforma al modus operandi y dispositivos de represión callejera.

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