Estudiantes, barras bravas y políticos - El Mostrador

Martes, 17 de octubre de 2017 Actualizado a las 02:49

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Estudiantes, barras bravas y políticos

por 18 agosto, 2015

"Las peticiones de los estudiantes continúan teniendo un apoyo mayoritario, cerca del 76% que aprobaba las peticiones en agosto del 2011 a junio del 2015 mantienen un sólido 68%. Sin embargo, la aprobación a la forma en que se expresan ha bajado permanentemente (34% en junio) y la aprobación de la reforma laboral ha pasado de un 58% a un 33% en menos de un año. Esta situación ha puesto un manto de duda (y probablemente de frustración) sobre un grupo importante de la población que espera poder dar educación de calidad a sus hijos".

¿Qué tienen en común los estudiantes y sus demandas, los barristas que cada semana nos deslumbran con diversas situaciones y los políticos, que parecen ser una caja de sorpresas inacabable en relación a las actividades y sospechas que recaen sobre su accionar de los últimos años?

Además de tener muchas cosas en común, cuando veo estas situaciones me recuerdo una frase de Bertolt Brecht (dramaturgo y poeta alemán de principios de siglo pasado) que dice “Las revoluciones se producen en los callejones sin salida.” Y lo preocupante es que ante estos escenarios es común ver a comunicadores y líderes de opinión desde una posición de jueces, criticando, estigmatizando, más preocupados de condenar que de solucionar y dejando en manos del gobierno u otra entidad la solución. Estoy seguro que si seguimos así, nos estamos dirigiendo a un callejón sin salida.

Las peticiones de los estudiantes continúan teniendo un apoyo mayoritario, cerca del 76% que aprobaba las peticiones en agosto del 2011 a junio del 2015 mantienen un sólido 68%. Sin embargo, la aprobación a la forma en que se expresan ha bajado permanentemente (34% en junio) y la aprobación de la reforma laboral ha pasado de un 58% a un 33% en menos de un año. Esta situación ha puesto un manto de duda (y probablemente de frustración) sobre un grupo importante de la población que espera poder dar educación de calidad a sus hijos.

Es inevitable preguntarse qué puede pasar, en este contexto, si esos niños no reciben educación de calidad, si siguen en establecimientos educacionales con profesores sobre pasados, mal pagados y mal preparados. Probablemente demostrarán su frustración de alguna manera, expresarán su descontento con el sistema y estarán ansiosos por devolverle al mismo sistema lo que ellos han recibido: exclusión, segregación y cierre de oportunidades, entonces, en el mejor de los casos expresarán sus emociones en algún partido de fútbol. Al mirar las imágenes de las últimas semanas, vemos que ya no se trata de barras enojadas con su equipo, son personas molestas con el sistema, se trata de expresar la frustración de una porción cada vez más grande de la población que se siente enfrentado a un callejón sin salida.

Y, lamentablemente aquellos en los que confiamos nuestro destino y país, ese grupo de personas cuyo rol es ser servidores públicos, tampoco están demostrando estar lo suficientemente conectados con la realidad como para plantear soluciones creíbles. La crisis de credibilidad de la clase política solo va en el crecimiento; los escándalos, investigaciones, declaraciones y acciones desesperadas por no reconocer los errores, faltas o mentiras, han provocado que cada vez sean menos las personas que los siguen y les creen. Qué puede pasar cuando los encargados de dirigir los caminos pierden liderazgo y credibilidad? Solamente una cosa, ir hacia el callejón.

No es mi intención decir que estamos en una crisis terminal, insinuar que no hay políticos que honestamente quieren cumplir su función de servidores públicos, pero por favor aceptemos que estamos en crisis, que lo que hemos venido haciendo ya no sirve, sinceremos los problemas, aceptemos los errores y sus consecuencias (que todos los cometemos), desprendámonos del ansia de poder y actuemos como adultos que se hacen responsables de sus actos, pongamos la generosidad por sobre las ideas personales, busquemos el bien mayor, dejemos de esperar que nos solucionen los problemas, tomemos la vida en nuestras manos y crezcamos como país con eso.

Mi invitación es a cambiar el paradigma, les propongo que empecemos a buscar lo lindo de la vida, olvidémonos de la crítica, mirémonos honestamente y no tengamos miedo a los cambios. Construyamos honestamente una sociedad más justa, en la que haya espacio para todos, valorando las diversidades, pero respetando las opiniones. Estoy seguro que de esa manera podremos cambiar el destino y que nuestro callejón se transforme en una avenida para el mayor bien de todos.

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