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Un cambio en la educación

por 2 enero 2016

Después de leer tanta literatura al respecto y luego de enaltecer y admirar los elocuentes discursos hechos por intelectuales y apasionados por el tema-sin dejar de reconocer la verdad y sensatez en sus palabras- se presenta una inquietante pero muy necesaria interrogante: ¿cuál es la vereda para promover los cambios que nuestra educación necesita? Por un lado, tenemos la más famosa y bien mirada vereda de la intelectualidad académica, donde tenemos una gran cantidad de expositores muy sapientes y críticos que con sus ideas encienden los corazones idealistas de los jóvenes y más apasionados en este tema tan manoseado como la educación de calidad para todos. Es en esta vereda, al parecer que existe una especie de acuerdo ideológico por conservar la bien intencionada semántica crítica teórica, esa que ataca sólo a través de sus mensajes al problema llamado inequidad. Aquí, a mi parecer, se genera una suerte de guerra teórica detrás de cómodos escritorios por generar esa ansiada pero muy necesaria conciencia crítica y reflexiva que escasea en nuestra sociedad marcada por la competitividad individualista y mercantilizadora. Ahora bien, no quiero que se malentiendan mis palabras, generar conciencia, crear espacios de discusión y fomento de las ideas es y será siempre un pilar importante en los procesos dialógicos que fundamenten y sostengan cambios estructurales a nivel nacional y regional.

El problema radica en que la vereda de la discusión académica e intelectual se ha situado en un altar-no sin merecerlo, claro- casi unidireccional. Es decir, las nuevas generaciones de actores sociales están recibiendo un mensaje sesgado de lo que un cambio a nivel estructural presupone al mostrarse como el más importante cuartel en esta guerra de ideas. Pero, se está dejando de lado la importancia que implica la labor de los actores que están directamente relacionados con el quehacer educacional, con esto me refiero a profesores y profesoras, directivos, y a los demás profesionales de la educación que día a día contribuyen-en su mayoría- a crear un país más justo con oportunidades para todos y todas. Esto es, la intención aquí es redireccionar la importancia de la práctica en los establecimientos educacionales en pos de generar conciencia de la existencia de otra vereda en esta constante contienda ideológica donde al parecer el método más eficiente para abarcar más público lector es el de la elocuencia académica.

Es menester reiterar la importancia de la práctica directa que realizan los distintos profesionales en las aulas y comunidades educacionales, los que aunque pocas veces ajenos a las discusiones y problemáticas a nivel macro, siempre están en la primera línea de acción dentro de un gran engranaje llamado sistema educacional.

De la misma forma, este escrito busca plantear la idea de derrocar la, a veces, tiranía del discurso académico y reemplazarla por una democracia y polifonía discursiva frente al gran espectro de voluntades y conciencias que existen en nuestro país.

Cabe mencionar, entonces, que los cambios se hacen en gran medida con la mugre bajo las uñas y no solamente con la verborrea idealista del discurso académico. Claro está, que esta es una de las decisiones más complejas que existen pues se asume una responsabilidad directa en la generación de mejoras estructurales desde la base y no desde la cúspide, como se suele practicar. Esta medida se puede aplicar a muchas esferas de la vida diaria pues en el accionar de los distintos actores sociales está la importancia y poder que tenemos como personas, de lograr que esta sociedad que tanto criticamos comience a ser más agradable, equitativa, pluralista e integradora de lo que es actualmente.

Es menester reiterar la importancia de la práctica directa que realizan los distintos profesionales en las aulas y comunidades educacionales, los que aunque pocas veces ajenos a las discusiones y problemáticas a nivel macro, siempre están en la primera línea de acción dentro de un gran engranaje llamado sistema educacional. También, reconocer la suma importancia de las discusiones y debates que promueven los distintos académicos e intelectuales de las ciencias sociales y humanidades pues éstas ayudan a dar un sustento teórico a la práctica docente. Ambas veredas, en su conjunción ayudan a tener una panorámica más amplia e enriquecedora de las coyunturas y falencias que nuestro sistema educacional presenta.

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