Miércoles, 25 de mayo de 2016Actualizado a las 05:08

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La colusión de la Confech

Durante los últimos años la Confech se ha esmerado en instaurar en el debate nacional y en la agenda política la necesidad de cambiar el sistema educativo. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿se ha puesto el foco en la raíz del problema? Vemos como más de cinco años de lucha estudiantil convocada por la Confech, con banderas que se centraban en el ya bien conocido eslogan “gratuidad en la educación superior”, se traducen finalmente en la improvisada reforma que estamos presenciando en nuestro país.

Además de compartir el amplio consenso nacional de que la ley de gratuidad no está ni cerca de brindar mayores oportunidades a todos los estudiantes de Chile, creemos que los recursos se están utilizando de manera irresponsable y apresurada, situando en un segundo plano la base del problema de nuestro sistema educativo actual: la educación inicial y primaria.

Resulta lógico pensar que por más cobertura que exista en las instituciones de educación superior, si los estudiantes que ingresan a ella no tienen una buena base, con evaluaciones contextualizadas y un sistema de acceso justo, no son más ni mejores las oportunidades que se les van a presentar.

No se puede olvidar trabajar paralela y prioritariamente por mejorar la carrera docente, el sistema de acceso, la infraestructura de jardines y colegios, el currículum nacional y la destinación de recursos, ya que todos estos aspectos inciden directamente en la educación inicial, primaria y secundaria. Este es un tema que ha sido postergado y dejado a un lado, dándose a entender desde el Gobierno y el actuar de la Confech que las formas en que se ha encaminado el debate en torno a educación responden más bien a banderas ideológicas.

Resulta indignante ver que no se están destinando los recursos donde es realmente prioritario, siendo urgente hacerlo en los niveles que proponemos para lograr un país que permita el desarrollo humano integral de las personas.

Ante la colusión de un grupo de supermercados, debemos tener en cuenta que este tipo de prácticas pueden darse tanto en el ámbito económico como en el plano de las ideas y el debate público. Consideramos que desde la Confech se ha incurrido en ello, pues los temas por los que se ha luchado responden más a intereses circunstanciales que a la verdadera raíz de las injusticias de nuestro sistema educativo actual.

Este 2016 va a ser un año clave para guiar un debate justo en torno a la ley de gratuidad, pero como estudiantes no podemos dejar pasar un año más sin preocuparnos y ocuparnos de una reforma educacional a nivel inicial y primaria.

Nos hemos desgastado hablando del régimen de propiedad y financiamiento de las instituciones de educación superior, pero el más profundo problema educacional está en nuestras salas de clases. Son niños y jóvenes que necesitan una educación justa, diversa y de calidad, que se haga cargo de lo que cada uno como persona requiere para desarrollarse de manera integral.

Una educación que no los limite al estudio de las cuatro materias fundamentales, enseñadas de manera mecánica y descontextualizada, sino que considere los múltiples estilos y tipos de aprendizajes, que respete la diversidad de proyectos educativos, fomente la responsabilidad social, desarrolle habilidades blandas y, por sobre todo, entregue herramientas para que cada persona pueda desarrollarse hacia quienes quieran ser.

Dejemos de buscar soluciones parche a los problemas y las realidades que aquejan a nuestro país y comencemos a pensar en los que vienen, teniendo como meta que todos los estudiantes de nuestro país puedan acceder a la educación en todos sus niveles, pero, por sobre todo, para que esta sea de calidad desde sus inicios, dejando a un lado los intereses que han sido defendidos por ciertos grupos.

Ante la colusión de un grupo de supermercados, debemos tener en cuenta que este tipo de prácticas pueden darse tanto en el ámbito económico como en el plano de las ideas y el debate público. Consideramos que desde la Confech se ha incurrido en ello, pues los temas por los que se ha luchado responden más a intereses circunstanciales que a la verdadera raíz de las injusticias de nuestro sistema educativo actual.

Hemos sido testigos de un actuar individualista en vez del esmero en trabajar por quienes realmente lo necesitan, los que vienen. Al ver esta serie de inconsecuencias y desorden de prioridades, cabe la duda acerca de cuáles son los fines perseguidos. La gratuidad es uno de los medios para que los estudiantes más vulnerables puedan acceder a la educación superior, pero no el único: tanto esfuerzo y énfasis por una bandera en particular ha terminado alejándonos de aquello que tiene que ser el horizonte hacia el cual avanzar.

Creemos que hay que alzar la voz e influir en nombre de aquellos que no pueden hacerlo y es en esto en donde la Confech debe cumplir esa labor en pos de los problemas más acuciantes del sistema educacional, teniendo suficiente altura de miras y entendiendo que las soluciones son mucho más profundas y menos ideológicas que las que se están planteando hasta ahora.

Hacemos un llamado a la Confech a no olvidarse de los que vienen, aquellos que hoy en día no pueden luchar por su educación, ya que cuando crezcan será demasiado tarde. Si realmente nos interesa el futuro de nuestro país, si realmente nos interesan nuestros estudiantes y si realmente queremos lograr que impere la justicia social superando las desigualdades, entonces prioricemos recursos, energías y trabajo y levantemos la voz por todos esos niños que merecen y necesitan una mejor educación inicial y primaria.

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