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La derecha estudiantil y las lágrimas de cocodrilo

por 23 enero 2016

Desde 2011, la derecha estudiantil ha intentado construir un relato para confrontar con el discurso dominante que emerge de una diversidad de actores políticos y sociales que critican el modelo educativo desigual, segregador e injusto que impera desde la dictadura militar.

La defensa del status quo, que es su proyecto político, no resulta rentable para conquistar espacio mediático ni votantes en las organizaciones estudiantiles. Ante multitudes de estudiantes endeudados, era difícil que la derecha estudiantil pudiera defender palabras como las de Juan José Ugarte, subsecretario de educación de Piñera que decía: “la carga que pagan los estudiantes es alta, pero no impagable” (La Tercera, 30 de abril de 2011).

Por lo tanto, la derecha estudiantil intentó estrategias teatrales durante todo 2011, entre las que podemos contar las manifestaciones “para no perder el año” con más periodistas que estudiantes y los “Independientes por la Educación” que buscaron boicotear la democracia interna de la FEUC con argumentos falsos y casi nulo apoyo estudiantil.

 Lo central es que a los guardianes del modelo no les importa la educación inicial y primaria. Son lágrimas de cocodrilo. El objetivo de la derecha estudiantil es mantener el sistema tal como existe. Eso permite que los grupos sociales que representan mantengan su posición social privilegiada.

Ante el fracaso de las tácticas teatrales y la imposibilidad de defender el status quo, la derecha estudiantil encuentra hacia fines de 2011 y comienzos de 2012 su nuevo caballo de batalla: la educación inicial y primaria. Resulta que los estudiantes universitarios que querían dejar de ser endeudados crónicos eran egoístas, puesto que sus perversas propuestas llevarían a quitar el dinero de los jardines infantiles y las escuelas más vulnerables.

Por supuesto, la aseveración de la derecha estudiantil es totalmente falsa. Primero, porque las transformaciones necesarias en la educación superior para avanzar hacia un sistema equitativo, inclusivo y justo no se contradicen con las transformaciones necesarias en la educación inicial, primaria, secundaria y de adultos. No hay necesidad de escoger entre los diferentes niveles: uno de los principales problemas del sistema educativo chileno es su segmentación y falta de articulación.

En segundo lugar, la verdadera disyuntiva no es entre invertir educación inicial y primaria y superior. El verdadero dilema es si vamos a dejar de subsidiar a la banca privada y a grandes grupos empresariales que son propietarios de instituciones de educación inicial, primaria, secundaria y superior. En este punto, la derecha estudiantil ha sido unánime y coherente: defienden una libertad de enseñanza entendida como libertad de abrir instituciones que reciben subsidios estatales aunque tengan fines de lucro y no sean democráticas.

En tercer lugar, para terminar de confirmar la falsedad de la derecha estudiantil en su preocupación sobre la educación primaria, quiero recordar un episodio olvidado. Hacia fines de 2010, el gobierno de Piñera ingresa al parlamento la “Ley de Calidad y Equidad en la Educación” que es aprobado rápidamente con el apoyo de un sector importante de la Concertación.

Entre las organizaciones que alzaron la voz contra ese proyecto, que consolidaba un modelo de competencia y segregación en la educación primaria y secundaria, se encontraba la Confech, que asiste al parlamento a través de los líderes de la FEUC y la FECH para rechazarlo. La derecha estudiantil guarda en ese momento un cómplice silencio.

Por otro lado, en varias de las temáticas que José Miguel González y María Paz Villalobos presentan como abandonadas ha existido una profunda reflexión desde el movimiento estudiantil. Con respecto a la carrera docente, en la UC ha existido un trabajo de diferentes centros de estudiantes y representantes de diferentes movimientos que han desarrollado una rica reflexión al respecto. El sistema de acceso, por su parte, ha sido un área prioritaria para la Confech y otras organizaciones de la sociedad civil, logrando que las políticas de acceso alternativas sean incorporadas como una política pública a nivel nacional.

Podría continuar, pero lo central es que a los guardianes del modelo no les importa la educación inicial y primaria. Son lágrimas de cocodrilo. El objetivo de la derecha estudiantil es mantener el sistema tal como existe. Eso permite que los grupos sociales que representan mantengan su posición social privilegiada.

Quisiera terminar recordando que es legítimo que pensemos diferente. Lo que no es legítimo es acusar a la Confech de colusión (un curioso uso del concepto) tras perder discusiones y elecciones en el ámbito de la democracia estudiantil.

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