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La victoria Verde-Autonomista en Taiwán

por 26 enero 2016

Taiwán es desde los 90 una democracia de avanzada en Asia, con diez partidos que compiten libremente, una alta igualdad (empleos de calidad vinculados a lo científico-tecnológico, ciudades integradoras, seguro universal solidario de salud) y en que desde el 2000 se han turnado en el poder la coalición azul del tradicional partido Koumintang del saliente presidente Ma Ying-jeou (derecha nacionalista pro lazos con China) y la coalición verde liderada por el Partido Progresista Democrático de  Tsai Ing-wen (centro izquierda plural, verde y pro independentismo taiwanés), la coalición que arrasó en las elecciones con el 56% de los votos.

Se coincide en cuatro razones al leer los medios locales, conversar con actores de la calle (jóvenes, asesores de la industria cosmética, comerciantes y libreros), dialogar con diplomáticos taiwaneses de distintas sensibilidades, profesores de las universidades Nacional, Taipei y Católica de Fu Jen (Jesuitas, Verbo Divino y Franciscanos), entre ellos el sacerdote rancagüino con dos décadas en Taipei, Miguel Ángel González, así como del diálogo con líderes taoístas y budistas de las ciudades de Taochung y Zhunam:

a.- El bajón económico ligado a la desaceleración de China con altos lazos comerciales con Taiwán desde el proceso llamado “Consenso 1992”, en el cual no se reconocen expresamente, pero comenzaron a comerciar, abrir fronteras y aceptar la idea tácita de “un país, dos sistemas”, que fue la propuesta de China para recuperar soberanía en Macao (ex colonia portuguesa) y Hong Kong (ex enclave económico inglés).

b.- La mala gestión del segundo gobierno del presidente Ma con división en el Koumintang (el tercer partido con un 12% fue un disidente nacionalista), escándalos de corrupción y desaciertos políticos de conducción en variados asuntos

c.- El rechazo de las nuevas generaciones mucho más libertarias y democráticas a la idea de acercamiento a China Continental, exacerbado por el presidente Ma en las postrimerías de la campaña al reunirse con el Presidente de China en un caso inédito desde 1949, en que tras el triunfo maoísta se refugia el gobierno nacionalista en Taiwan, la que en 1945 se había liberado del dominio del militarismo japonés de medio siglo (Taiwán es la antigua isla Formosa, la hermosa en portugués). Las trabas a la libertad de expresión en Hong Kong generaron lazos entre movimientos sociales, ONGs, grupos verdes y estudiantiles entre ambos lados del estrecho de Taiwán, teniendo como común denominador la crítica a los incumplimientos de China de la idea de “dos sistemas”, respetando la democracia, los sindicatos libres, el pluripartidismo y la creciente preocupación ambiental ante las externalidades negativas del crecimiento sin contrapesos (la reciente crisis ambiental de Beijing fue trending topic entre los jóvenes taiwaneses que no quieren “capitalismo salvaje con control supuestamente comunista”). La protesta juvenil se llamó Revolución de los Girasoles (la de Hong Kong, de “los paraguas”) y el máximo líder universitario, Lin Fei-Fan, llamó a respaldar a la candidata verde y a defender a Taiwán con entidad autónoma.

 La credibilidad, integridad e inteligencia de la presidenta electa Tsai Ing-wen , quien combina una larga trayectoria académica (con doctorado en Londres), roles públicos en asuntos de probidad y relaciones exteriores, la claridad de su mensaje sin dobleces con China (mantener estatus sin fusionarse), señales de austeridad y apertura de su Partido Democrático Progresista a incluir fuerzas emergentes y movimientos sociales.

d.- La credibilidad, integridad e inteligencia de la presidenta electa Tsai Ing-wen, quien combina una larga trayectoria académica (con doctorado en Londres), roles públicos en asuntos de probidad y relaciones exteriores, la claridad de su mensaje sin dobleces con China (mantener estatus sin fusionarse), señales de austeridad y apertura de su Partido Democrático Progresista a incluir fuerzas emergentes y movimientos sociales.

La nueva administración de Taiwán puede ser un dolor de cabeza para China y una epidemia de “resistencia democrática”, pero también una posibilidad de aprendizaje mutuo donde Taiwán lleva pasos adelante en construir cohesión, contrapesos, poder social y una economía de mayor diversificación basada no solo en industrialismo neotaylorista y feble en leyes laborales y ambientales. Mientras China como Chile tienen una alta desigualdad con GINI en torno al 0.48 en las últimas mediciones, Taiwán se ubica entre los más igualitarios del mundo con 0.33, en los niveles desarrollados avanzados de Japón, Korea y Escandinavia.

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