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Diego Portales, SQM y los nuevos “estanqueros”

por 2 febrero 2016

Diego Portales, SQM y los nuevos “estanqueros”
La historia de Chile está repleta de empresarios, como Portales y Ponce Lerou, que se hicieron en torno a la ventaja económica que el Estado les dio. Un nicho monopólico, protegido, conseguido a punta de relaciones, influencias y cohecho.

Julio Ponce Lerou ya existió muchas veces en la historia de Chile. Los tentáculos políticos del poder económico de SQM han sucedido muchas veces en el pasado. Esto no es nuevo.

Hay una de esas historias que vale la pena recordar: el frustrado episodio empresarial de Diego Portales y el rentable negocio del estanco. Una historia de privilegios estatales, monopolios e influencias políticas.

Antes que político, Diego Portales siempre prefirió ser un comerciante. Pero con poco éxito. Fracasó en Perú y también en Chile. No le fue bien ni siquiera con un monopolio entregado y protegido por el Estado.

Todo partió con O'Higgins. Durante su gobierno, Chile se endeudó con un millonario préstamo en una caja comercial inglesa, con el objeto de financiar la expedición libertadora al Perú. Esa era la única forma de asegurar la independencia definitiva de Chile, teniendo fronteras con países libres. El préstamo ascendió a un millón de libras esterlinas. Muchísimo para un Estado en formación como el chileno.

Fue así como en 1825, luego de un intenso lobby, el Estado les entrega a Portales y a su socio Cea la concesión del negocio del estanco, bajo el compromiso de que una parte de las utilidades de esta lucrativa actividad irían a pagar la deuda externa que Chile había contraído bajo la expedición libertadora al Perú.

El negocio del estanco consistía en un monopolio para la venta de tabaco, ron y otros productos. “Introducir y vender por mayor y menor los vinos y aguardientes estranjeros y los naipes de toda clase” (sic), lo mismo que “los tabacos en rama y polvo estranjero” (sic), se lee en la resolución del Congreso. En pocas palabras: un negocio protegido, sin competencia, un privilegio estatal producto de las influencias políticas.

Ponce Lerou, reclamaba para sí un nuevo “estanco del siglo XXI”: el litio. El ex yerno de Pinochet quería obtener de manera ilegítima la ventaja estatal en la explotación del mineral del futuro. Lo mismo intentó hacer, vía Pablo Longueira, para influir en el royalty a la minería que discutía el gobierno de Piñera.

Eso no es lo peor de todo. El negocio no dio los frutos esperados, pues –según Portales y su socio– el contrabando habría mermado sus ventas. Ciertas o no sus razones, lo claro es que Portales y Cea no cumplieron los pagos prometidos al gobierno, y Chile dejó de pagar su deuda externa. Fue así como, en septiembre de 1826, el Estado decido quitarle el monopolio estanquero a Portales, volviendo a manos estatales. Portales enfurecido hace una pataleta mayúscula al ministro de Hacienda de ese entonces y, después de un lobby desatado ante el gobierno y el Congreso, logra que el Estado lo indemnice por haberle quitado el estanco. Es decir, el moroso que hizo que Chile dejara de pagar su deuda externa, ahora sería indemnizado por el propio Estado.

Cansado del “gobierno débil” y frustrado como empresario, Portales habría decidido incursionar en política. Luego vino su apoyo al ejército mercenario del pelucón José Joaquín Prieto y la victoria del bando conservador en la Batalla de Lircay en 1829. Pero esa es otra historia.

Siglo y medio después, Julio Ponce Lerou, un nuevo estanquero, aprovecha el proceso de privatizaciones de la dictadura de Pinochet y su cercanía con el general, para obtener un pedacito de la torta. Obtuvo Soquimich a bajo precio, y pagó al Estado con un crédito otorgado por la propia Corfo. El crédito lo cubrió en dos años. Imagine usted la rentabilidad del negocio que el Estado le “vendió”.

Pero no contento con eso, Ponce Lerou, reclamaba para sí un nuevo “estanco del siglo XXI”: el litio. El ex yerno de Pinochet quería obtener de manera ilegítima la ventaja estatal en la explotación del mineral del futuro. Lo mismo intentó hacer, vía Pablo Longueira, para influir en el royalty a la minería que discutía el gobierno de Piñera.

El transversal financiamiento ilegal que prestaba Ponce Lerou, le aseguraba una red de protección a su negocio y su apuesta estaba en recibir la concesión estatal para la explotación de litio, tal como intentó hacer fallidamente con Pablo Wagner.

La historia de Chile está repleta de empresarios, como Portales y Ponce Lerou, que se hicieron en torno a la ventaja económica que el Estado les dio. Un nicho monopólico, protegido, conseguido a punta de relaciones, influencias y cohecho. Probablemente esa es la razón por la que en Chile un grupo importante de empresarios no está acostumbrado a competir bajo las reglas del libre mercado y opta por la colusión en carteles para fijar precios y cuotas de mercado.

La historia parece remontarse a Portales y el estanco.

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