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Aborto: la fabricación del sinsentido común

por 16 febrero 2016

Hace un par de domingos se realizó el Super Bowl en Estados Unidos, evento que concita la atención mundial, tanto por la popularidad del deporte como por el espectáculo musical del entretiempo, pero también por los comerciales que se emiten en este programa de televisión, que debido al enorme rating, son lanzados en exclusiva durante la emisión del programa y muestran un gran nivel de creatividad.

Este año no fue la excepción, y entre los comerciales exhibidos hubo uno que dio que hablar. El spot de Doritos, que mostraba a una pareja viendo la ecografía de su hijo, quien se movía cada vez que el papá comía un Dorito, haciendo gestos de querer alcanzarlos, hasta que la mamá botaba el paquete, y en ese momento la guagua decidía nacer de manera repentina. Al margen de la creatividad o del humor del spot, la polémica surgió cuando Naral, organización dedicada al activismo a favor del aborto, se quejó vía Twitter porque el comercial estaba “humanizando al feto”, acusando a la marca de promover una táctica contraria al aborto.

Lo cierto es que llamar “baby” a una guagua que está siendo monitoreada en un hospital de USA, o que sus papás se refieran a esa guagua como “hijo”, está lejos de ser una artimaña antiaborto, sino que tiene que ver con puro sentido común.

Este tipo de comentarios son muy útiles para ejemplificar de manera muy clara cómo los grupos a favor del aborto como derecho deben apelar a polémicas ficticias para poder defender su punto. Porque lo cierto es que llamar “baby” a una guagua que está siendo monitoreada en un hospital de USA, o que sus papás se refieran a esa guagua como “hijo”, está lejos de ser una artimaña antiaborto, sino que tiene que ver con puro sentido común.

El comercial de Doritos no es pro vida, simplemente apela a un insight, como se llama en jerga publicitaria, que conecta con el entendimiento profundo de las personas sobre una verdad humana. Por el contrario, ir contra todo ese sentido común y gastar miles de millones de dólares en presionar para cambiar el lenguaje y así modificar el ideario colectivo para que vaya contra su capacidad natural de entender las cosas, es una táctica artificiosa, y es la que han usado por años los lobbistas y organizaciones internacionales que promueven el aborto. Así, poco a poco han ido fabricando un “sinsentido común” que termina por esconder, en lo más profundo, lo que nuestra propia naturaleza nos indica como cierto.

En la historia hemos conocido grandes errores masivos, siendo quizás el ejemplo más emblemático el nazismo de Hitler. A estas alturas la gran mayoría de la gente rechaza estos pensamientos y acciones y se pregunta cómo tantas personas pudieron cometer o tolerar semejante aberración. Probablemente en este caso también ocurrió que la propaganda le ganó al sentido común y logró cambiar un paradigma. La buena noticia es que en este y en tantos otros casos terminó por prevalecer el sentido común. En el caso del aborto, tarde o temprano el sentido común volverá a instalarse, y el sentido de humanidad se impondrá por sobre cualquier intento de verdades fabricadas.

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