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La geografía social y política del Papa Francisco en México: Claves para entender su trascendencia

por 21 febrero 2016

La visita reciente del Papa a México ponen en evidencia que el nuevo Pontífice no tiene reparos en enfrentar temas sinuosos y en predicar con su propio ejemplo aquella doctrina eclesial que invita a salir al encuentro de Cristo encarnado en el rostro de los más necesitados. Lejos de las comodidades papales del Vaticano y de las reuniones bilaterales y de salón que pueden presidir encuentro de esta naturaleza, Francisco exigió un viaje marcado por una fuerte agenda social y valórica donde palpó y se confrontó con los temas más duros del país como son la migración, la pobreza, la desigualdad, el crimen organizado y en especial las vinculación de las distintas elites de poder con los privilegios, abusos y violencias de todo tipo.

 Sus mensajes profundos y certeros hicieron de inmediato eco en un pueblo profundamente creyente pero cada vez más desencantado y enfadado con una iglesia increíblemente pasiva ante los graves escándalos de pederastia, asociación con el crimen organizado, enriquecimiento que la envuelven. Sólo los aludidos prefirieron desentenderse de la clara reprimenda que sin señalamientos particulares Bergoglio dejó sentir en cada una de sus intervenciones. Su mensaje, como era de esperar, se expandió fuerte y claro por todas las redes sociales y medios del país, como bien sintetizaba el analista mexicano Emilio Lezama: “La historia del viaje del Papa, es la de la crítica a través de la diferenciación, la denuncia sutil y la contraposición simbólica. El hecho de que la élite política no se haya dado cuenta de la crítica papal, demuestra su desconexión de la realidad que gobierna”.

 Dichas palabras y “cuñas” que luego de cada intervención fueron aplaudidas y atesoradas en el corazón de miles de Mexicanos caen en un buen momento como fuente y aliento para una sociedad que, cansada y enlutada, no olvida y no cede en su lucha por la restitución de la verdad, la paz y la justicia. Aun cuando Francisco haya desistido de complacer las exigencias de algunos grupos como las familias de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa o no se haya encontrado directamente con las víctimas de pederastia de la iglesia, nadie puede acusarle de “medias tintas” y de falta de empatía y coraje para denunciar los abusos y dolores más grandes del país.

Aun cuando Francisco haya desistido de complacer las exigencias de algunos grupos como las familias de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa o no se haya encontrado directamente con las víctimas de pederastia de la iglesia, nadie puede acusarle de “medias tintas” y de falta de empatía y coraje para denunciar los abusos y dolores más grandes del país.

 México con 32 Entidades Federativas, con casi 120 millones de habitantes, 56 etnias reconocidas y 3.185 kilómetros de frontera con E.E.U.U. es un territorio inmenso, sumamente complejo, diverso y problemático, por lo que no ha podido ser más notable la forma en que Francisco decidió recorrer la geografía del dolor y esperanza del pueblo Mexicano para llegar así a lugares tan lejanos y olvidados con las oscuras murallas de los recintos penitenciarios de Ciudad Juárez o la acallada tumba en Samuel Ruiz en Chiapas, obispo indigenista, teólogo de la liberación y figura de una iglesia progresista y valiente. No sin antes hablarle de cara al narcotráfico, al capitalismo desenfrenado y al privilegio de unos pocos, que en palabras del propio Francisco -“Se vuelve terreno fácil para la corrupción y el narcotráfico”.

 La clave para analizar la implicancia de su visita está en la capacidad de Francisco para conjugar presencia, palabra y símbolo en un mismo lugar. Reprender a la élite eclesial mexicana profundamente conservadora, recelosa y abusiva, en su propia casa, la catedral de Ciudad de México con palabras tan claras y directas como -“Si tienen que pelearse, peleen ¡pero como hombres! Como hombres de Dios.

Si tienen que decir algo, díganlo a la cara”, es casi tan osado y sabio como ofrecer una eucaristía en el corazón del Estado de Chiapas y utilizar algunas citas del Popol Vuh, una recopilación de narraciones míticas, legendarias e históricas del pueblo k’iche’, el pueblo maya, para luego pedir perdón a los pueblos originarios por su exclusión y negación y hacer un llamado a su valoración y aporte -“Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad…. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón hermanos! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita”.

Tras cinco días sin descanso y un trazo claro sobre el rol que deben empezar a jugar la iglesia y los grupos de poder en México, el miércoles por la tarde, Francisco fue despedido por el Presidente Peña Nieto y más de 5.000 fieles que se dieron cita en el aeropuerto de Ciudad Juárez para despedirse por última vez del hombre que de alguna forma ha permitido a México reencontrase con parte de su propia historia.

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