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Ejercicio de amnesia general

por 23 febrero 2016

"¿Cómo no va a estar agradecido Insulza, a la sazón Ministro del Interior? Pero ahora está pagando en el asador el precio de la vuelta de mano".

Insulza fue al sacrificio en un acto de hombría de bien al devolverle la mano a Longueira. Es que hace muchos años el gobierno del cual era ministro fue sorprendido “con las manos en la masa” y entonces apareció Longueira al rescate, en un acto magnánimo (que yo, oportunamente, califiqué de incomprensible, por no haber pedido nada a cambio para su sector). Salvó al gobierno de Lagos, patrocinando un amplio perdón para las irregularidades reveladas. En el caso de los sobres con billetes clandestinos de gastos reservados que, “de capitán a paje”, los altos funcionarios se llevaban para la casa, costumbre que venía desde la administración Aylwin, como éste confesó cándidamente a “El Mercurio” (“fue una corruptela”), el salvavidas además los premió aumentándoles los sueldos en lo mismo que sustraían. ¿Cómo no va a estar agradecido Insulza, a la sazón Ministro del Interior? Pero ahora está pagando en el asador el precio de la vuelta de mano.

Claro que al dar el espaldarazo ha incurrido en un lapsus de la memoria abismante, una verdadera crisis de amnesia, porque ha puesto como ejemplo del grado de rudeza del quehacer político –que sólo se vio antes, ha dicho ominosamente, en el tiempo inmediatamente anterior al 11 de septiembre de 1973--  el caso Spiniak, de 2003, urdido para acusar falsamente de pedofilia a dos senadores de la UDI, lo que constituyó un torpedo bajo la línea de flotación contra el partido al cual en esos tiempos las encuestas señalaban como inmensamente favorito para ganar las elecciones de 2005.

Quienes conservamos la memoria recordamos el papel preponderante que cupo en esa falsa acusación a un semanario llamado “Plan B”, al cual todas las sospechas sindicaban como financiado por el ministerio de Insulza, aunque en la comisión investigadora de la Cámara nunca pudo reunirse el quórum para exigir una investigación de la manera en que se financiaba. El “Plan A”, obviamente, era que el diario de gobierno “La Nación” publicara los infundios, pero como era una maniobra muy sucia y no se podía mezclar al gobierno en ella, la tarea fue encomendada a un nuevo órgano, “Plan B”, de periodistas cercanos al oficialismo.

En realidad, el complot contra la UDI estalló a raíz de las denuncias de la diputada RN Pía Guzmán, que respaldó las revelaciones de una niña llamada Gemita Bueno, en el sentido de haber sido abusada por un senador de aquel partido y conocer otros abusos cometidos por el mismo político y que habrían costado la vida a otra menor.

El caso adquirió carácter explosivo adicional cuando la hermana de la secretaria del entonces diputado Andrés Allamand (RN), hermana que era partidaria de la UDI, acudió a la oficina de Patricio Cordero, jefe de gabinete del alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, y le dio a conocer que su hermana había referido, en la casa donde vivían ambas junto a su madre, que el presidente de RN, senador Sebastián Piñera, había llamado por teléfono desde el sur a Allamand, dejándole el recado de que “Pía Guzmán tiene una bomba contra la UDI” y pidiéndole se pusiera en contacto con ella.

Todo esto se publicó en los medios y provocó el efecto de otra bomba. Pero entonces la hermana de la secretaria de Allamand apareció de nuevo en la prensa retractándose de su versión y dando a entender que, a raíz de ésta, había sido amenazada de tener que dejar el hogar en que vivía con su madre y su hermana.

Entonces Pablo Longueira, que era presidente de la UDI, declaró que presentaría una querella y ante la Justicia se aclararía, entre otras cosas, si era verdad o no que Piñera había llamado anticipando la bomba contra los senadores, de cuyos efectos se aprovecharían después ampliamente el gobierno de Lagos y el propio Piñera, que recorría el país precisamente para tomar el control de RN y ser proclamado candidato presidencial, pese a que oficialmente la colectividad se disponía a apoyar a Lavín.

Piñera retornó a Santiago y amenazó con poner término a la alianza de RN con la UDI si Longueira persistía en llevar a la Justicia el tema del llamado. Entonces intervino Lavín y, para aplacar la tempestad, pidió tanto a Piñera como a Longueira dejar las presidencias de sus respectivos partidos y olvidarse del diferendo. Y se olvidó todo y por eso hoy los protagonistas actúan como si siempre hubieran sido los mejores amigos.

Entonces, con mayor razón lo ha olvidado Insulza, que a mi juicio tuvo participación protagónica en el episodio que él ahora, junto con otros, repudia como constitutivo de conducta política inaceptable.

A guisa de “aide-memoire” reproduzco lo que escribí en mi columna de “El Mercurio” al efecto, el 29.10.03: “Un proceso por drogas derivó en otro por pedofilia contra el procesado. La ocasión la pintaban calva. Había que meter a la UDI en eso. Se publicó en el nuevo pasquín (“Plan B”) que había un parlamentario comprometido, pero nadie hizo caso. … Para que la noticia prendiera se resolvió ‘soplársela’ a diputados que trabajaban contra la pedofilia, para que salieran al aire con ella. … Uno de los diputados elegidos (Patricio Walker, DC) no pisó el palito, pero la otra (Pía Guzmán, RN) sí. Lo mejor fue que, precisamente, (la diputada) era de oposición, y de la línea de Sebastián Piñera, que no quiere a la UDI… Es un escándalo exclusivamente UDI. Ésta y Lavín están por las cuerdas. Ya se verá en las próximas encuestas. Éxito total”.

Éstos son los métodos políticos deleznables que hoy repudia Insulza. Dignísima actitud. Lo malo es que eran los que entonces todos creíamos que usaba él.

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