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Y Mariana quiere ser Catón

por 23 febrero 2016

Leo la columna de Mariana Aylwin y se me viene a la cabeza la idea de que la opinión, nuevamente, proviene de un personaje vinculado a la política y totalmente desvinculado del sentir ciudadano. No quiere catones, pero se erige en uno para cuestionar el sentir de la ciudadanía.

En efecto, la afirmación que ella hace respecto al eventual abuso de poder es cierta: puede que el que lo tiene, abuse de él. Pero omite decir que existen normas jurídicas para evitar que tal cosa ocurra, y que tales normas han sido elaboradas y aprobadas por los que han abusado del poder que ostentan. Ejemplo: las boletas por servicios no prestados; la norma tributaria lo prohíbe, pero eso no fue obstáculo. En suma, el que hace la norma no la respeta y si el que lo hace es un ciudadano de a pie, los catones surgen desde el poder.

Agrega con mucha soltura que las situaciones de corrupción no son propias de nuestro país, sino que ocurren en varios otros; imagínense, si hasta en Alemania ocurre... Parece decir que esto pasa en todas partes, así que no nos escandalicemos y guardemos al Catón que todos llevamos dentro ante este consuelo de muchos.

Nadie quiere ver correr sangre, nadie quiere que los justos paguen por los pecadores; lo que se quiere es que exista un estándar mínimo de honestidad. Hace unos días un reportaje de un canal de televisión se refería a la toma de Puerto Viejo, donde una dirigente señalaba que el marido de una Seremi de la región también habría tenido su pequeña mejora en la toma en cuestión, y se preguntaba: si la autoridad o su cónyuge lo hace, ¿por qué nosotros no? Lo que no se ha entendido por Mariana y por otros dirigentes es que la conducta corrupta de la autoridad, a la larga, corroe el tejido social, puesto que si, como dice la dirigente, unos pueden hacer caso omiso de la norma legal, entonces los demás ciudadanos también tendríamos derecho a hacerlo.

Agrega con mucha soltura que las situaciones de corrupción no son propias de nuestro país, sino que ocurren en varios otros; imagínense, si hasta en Alemania ocurre... Parece decir que esto pasa en todas partes, así que no nos escandalicemos y guardemos al Catón que todos llevamos dentro ante este consuelo de muchos.

Por último, es necesario tener presente que hasta acá existe una apariencia de funcionamiento de las instituciones democráticas. Recordemos que Jovino no está preso, está en su casa tranquilo no obstante haber reconocido sus delitos y no obstante el tremendo daño causado a nuestra raquítica democracia. Las sanciones deben ser proporcionales al daño causado; como se sabe, robar una gallina puede llevar al autor a cumplir una pena de cárcel efectiva…; eso no es democrático. La democracia debe ser trabajada, profundizada para que llegue a todos, a justos y pecadores.

Como dice Silvio, “la libertad solo es visible para quien la labra, y en lo prohibido brilla astuta la tentación”, y claro, parece que la elite política ya no la labra y el brillo fue cegador; y Mariana, y Mariana, quiere ser Catón.

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