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Añoro los veranos cuando la política “salía de vacaciones”

por 24 febrero 2016

Añoro los veranos cuando la política “salía de vacaciones”
Desde el año pasado Chile cambió. Los veranos dejaron de ser lo mismo, y los astutos de Penta-SQM y la dupla estrella Sebastián-Natalia nos condenaron a salir del paraíso. Caburga dejó de ser una pequeña y tranquila localidad en el sur y se convirtió en un lugar de alto interés periodístico.

El verano de 2016 será recordado, por mucho tiempo, como uno de los más cargados en materia política. Esas antiguas notas de parlamentarios vestidos de short y camisa (¡qué horror!) opinando de cualquier tema en una amplia terraza en Cachagua o Panguipulli, han ido quedando en el olvido, porque varios prefieren no mostrar sus casas de veraneo –no vaya a ser cosa que a alguien se le ocurra preguntar, insidiosamente en Twitter, cuánto pagó el diputado por la propiedad– o simplemente para evitar tener que explicar el rol de su partido en el último escándalo de platas irregulares.

Extraño esas tediosas conferencias de prensa de Moreira, quien evitaba salir de Santiago durante el verano para adueñarse de la vocería de la UDI. ¡Dos largos meses en que el partido era solo para él! Echo de menos a ese ministro bronceado que disfrutaba en primera fila al menos dos de los 25 festivales de verano que inundan el país por estos días. Añoro ver en TV a Piñera jugando fútbol, chueca, golf, tenis o rugby con sus inquilinos en uno de sus varios fundos y no pronunciar ni una palabra de política, pese a haber sido Presidente de la República. Qué nostalgia da pensar en esa especie de estado de hibernación, de “cierre temporal” en que el Senado y La Moneda entraban por casi 60 días; mientras los noticieros distribuían su tiempo en tres bloques: los torneos de fútbol de pretemporada, el Festival de Viña del Mar y los lugares turísticos que los chilenos debíamos conocer. De política… ni hablar. El descanso en esa época era real. Nada en que pensar, nada de que preocuparse.

Pero desde el año pasado Chile cambió. Los veranos dejaron de ser lo mismo, y los astutos de Penta-SQM y la dupla estrella Sebastián-Natalia nos condenaron a salir del paraíso.

Caburga dejó de ser una pequeña y tranquila localidad en el sur y se convirtió en un lugar de alto interés periodístico. No tanto por ser una especie de búnker, de refugio sin señal, ni acceso a los diarios, sino por el extraño efecto hipnótico que parece provocar en la Mandataria como para repetir dos años seguidos el mismo error: no pedir a tiempo las renuncias a quienes le están causando un grave daño a su imagen.

Por su parte, el presidente de la falange, Jorge Pizarro, se quedó en Santiago (parece que no había ningún torneo internacional de Rugby en carpeta) y aprovechó el tiempo libre para proclamar –junto a Andrés Zaldívar– al ex Presidente Ricardo Lagos.

El gobierno, fiel a su eslogan de igualdad, optó por un curioso y equitativo sistema de vocería, y les dio a varios subsecretarios y ministros la oportunidad de “meter la pata” y ganarse la primera plana de los medios (privándonos de leer los sabrosos episodios de la farándula festivalera).

Debo reconocer que con el que estoy más molesto es con Pablo Longueira. No hay derecho. Justo cuando todos queríamos ver las fotos de alguna de sus propiedades en el lago Villarrica, se le ocurre aburrirnos con un largo intercambio de correos y cartas con el ex gerente de SQM, Patricio Contesse. Una verdadera lata. ¿Qué nos importa a los chilenos que Pablo le pidiera a su amigo plata para él y su numerosa familia? Hay que reconocer que al menos José Miguel Insulza nos recordó esos cándidos veranos al calificar al líder de la UDI como un “estadista”.

Camilo Escalona, en vez de mostrarnos su nuevo traje de baño en El Quisco, nos deleitó con sendas declaraciones cargadas de machismo contra la propia presidenta de su partido, además de salir en la portada de Reportajes de El Mercurio (por enésima vez en los últimos meses) y asustarnos con su eventual postulación al Parlamento en 2017.

A pesar de lo anterior, debo reconocer que con el que estoy más molesto es con Pablo Longueira. No hay derecho. Justo cuando todos queríamos ver las fotos de alguna de sus propiedades en el lago Villarrica, se le ocurre aburrirnos con un largo intercambio de correos y cartas con el ex gerente de SQM, Patricio Contesse. Una verdadera lata. ¿Qué nos importa a los chilenos que Pablo le pidiera a su amigo plata para él y su numerosa familia? Hay que reconocer que al menos José Miguel Insulza nos recordó esos cándidos veranos al calificar al líder de la UDI como un “estadista”.

La verdad prefiero las noticias de Sebastián Piñera aterrizando en su helicóptero en medio de la carretera para cargar combustible o sus fotografías cabalgando en el parque Tantauco, que escucharlo defender a Longueira por su “calidad humana” o jactarse de que su familia es más prudente que la de la Presidenta. O sea, menos mal que la huida del “Negro” luego de chocar su Hammer fue durante la campaña y no cuando ejercía como Presidente.

No cabe duda, este verano 2016 ha tenido de todo y quedará marcado por el episodio del ex administrador de La Moneda. Por suerte primó la cordura (más vale tarde que nunca) y la G-90 tuvo que resignarse a ver partir a uno de sus emblemáticos desde La Moneda, en lo que el ministro Burgos –ganador de este episodio– denominó como “parto inducido”.

Definitivamente añoro los veranos de antes.

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