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La ciencia económica y el viejo y nuevo liberalismo

por 27 febrero 2016

Desde Adam Smith, Milton Friedman y los nuevos economistas liberales ha predominado la visión de que los mercados podrían estar constantemente buscando o encaminándose al equilibrio y las expectativas racionales de los agentes económicos serían, teóricamente, un factor que contribuye a explicar esa tendencia, lo que garantiza finalmente la creación de riqueza, asumiendo como condición una mínima intervención del Estado.

Sin embargo, ha resultado limitado e infructuoso el enfoque teórico-metodológico de los liberales antiguos y contemporáneos, especialmente, al tratar de aplicarlo a un país subdesarrollado o emergente, en general, caracterizado por problemas severos de productividad, desempleo, inflación, distribución del ingreso, mercados oligopólicos, desigualdad en el acceso a los bienes y servicios y déficit de bienes públicos.

Siendo políticamente insostenible la tardanza para enfrentar tales problemas, el Estado, entonces, ha pasado a ser un actor activo para establecer nuevos equilibrios, modificando tasas de impuestos, tasas de interés, tipo de cambio, cantidad de dinero, u otros, que no necesariamente ha conducido a resolverlos al aplicar las reglas del modelo en las experiencias recientes de muchos países. Algunos, atribuyen a la intervención del Estado el fracaso de las políticas liberales, no obstante, han sido los Bancos Centrales, o sea el Estado, que se ha tenido que hacer cargo de las malogradas carteras de pasivos de la banca comercial para evitar su quiebra. Asimismo, al Estado no le ha quedado más alternativa que intervenir, en especial, cuando los ciclos económicos muestran señales inequívocas de recesión o depresión, aplicando políticas fiscales de activación propias del modelo keynesiano o, a través de los bancos centrales usando la política monetaria y aplicando las recetas ofrecidas por Friedman.

El tema central, sin embargo, sigue siendo cómo enfrentar las crisis de los ciclos económicos recurrentes, cada vez con efectos sistémicos de mayor complejidad, profundidad y amplitud y, a la vez, qué hacer para que las economías de los países subdesarrollados resuelvan el tema de la pobreza y rompan ese círculo para crecer y desarrollarse

Los mercados financieros y bursátiles han desarrollado una nueva industria, donde el capitalismo puede rentar rápidamente su patrimonio y excedentes, precisamente, en los mercados especulativos de la bolsa, produciendo un nuevo talón de Aquiles que ha sido generar distorsiones en el valor real de los activos en la forma de bonos, acciones y commodities, lo que ha afectado directamente el patrimonio y rentabilidad de la banca al tener como clientes a muchas empresas emisoras o tenedoras de tales títulos que no tienen un precio real, poniendo en riesgo sistémico a todo el mundo capitalista, ahora globalizado, en donde los bancos centrales, según muchos economistas, han ido agotando los mecanismos compensadores y de ayuda para evitar el colapso del sistema.

El tema central, sin embargo, sigue siendo cómo enfrentar las crisis de los ciclos económicos recurrentes, cada vez con efectos sistémicos de mayor complejidad, profundidad y amplitud y, a la vez, qué hacer para que las economías de los países subdesarrollados resuelvan el tema de la pobreza y rompan ese círculo para crecer y desarrollarse.

El dilema de la teoría económica contemporánea es - en mi opinión - si el pragmatismo puede ignorar los valores o, bien, los derechos y bienes públicos a los que puede tener acceso cualquier ciudadano. En la base teórico-metodológica de los nuevos economistas liberales se conmina a prescindir de toda “ideología” y a asumir el predominio de la “racionalidad” de los individuos en la toma de sus decisiones, al momento de consumir o de invertir, teniendo en cuenta en primer lugar la satisfacción de sus propias necesidades, sin importar lo que ocurra con el resto de la sociedad.

¿Lo que motiva finalmente a los seres humanos, a los individuos, a los ciudadanos - en tanto consumidor de bienes y servicios, emprendedor de negocios o inversionista, proveedor de conocimiento y experiencia en su condición de trabajador manual, intelectual, artista o servidor público - podría aportar algún parámetro, relación o atributo susceptible de ser incorporado a un modelo que intente explicar el equilibrio de los mercados y las condiciones que se deben dar para lograrlo?. A nivel microeconómico efectivamente es posible obtener nueva información del comportamiento de los agentes económicos en sus conductas y decisiones, al disponerse de grandes bases de datos con apoyo computacional de sistemas provistos de inteligencia artificial y del conocimiento aportado por la neurociencia.

Por la fuerza de la realidad y ante la dificultad crónica de predecir el futuro la economía ha sido penetrada por otras disciplinas y es difícil volver a mirarla solo con el prisma de la política fiscal y monetaria y de mercados en los que se intenta visualizar como logran el equilibrio la oferta y demanda de bienes, servicios, bonos, acciones y dinero. La búsqueda de la capacidad predictiva de la ciencia económica se hace cada vez más difusa y solo los modelos probabilísticos en el ámbito de la microeconomía logran algunos pocos resultados aceptables. La macroeconomía, por su parte, en compensación, ha ido fijando reglas y sistemas de ecuaciones contables con una lógica que requiere de supuestos cada vez más difíciles de aplicar al momento de implementar políticas fiscales y monetarias concretas.

En cierto modo, a falta de modelos formales cuantitativos y auto-regulables, la OMC aparece como la formulación de un mecanismo alternativo que crea un marco para ordenar y normar las transacciones comerciales a nivel mundial, debiéndose recurrir finalmente a tratados de libre comercio bilaterales o multilaterales (TLC, TPP) para establecer protocolos y exigencias que permitan viabilizar y facilitar el comercio internacional: la oferta y demanda de bienes transables y de los servicios asociados, están hoy regulados por tratados que abarcan impuestos, tarifas, salarios, subsidios, financiamiento, propiedad intelectual, medio ambiente y muchas otras materias. En este nuevo modelo de comercio, sin embargo, ya vemos ganadores y perdedores, pero no necesariamente crecimiento y desarrollo en condiciones comparables para todos los países que participan en estos acuerdos de libre comercio.

En los escritos de Smith encontramos más contenido sociológico, moral y filosófico que en las propuestas de las nuevos economistas liberales, cuyo foco - últimamente - es construir modelos matemáticos que incorporen variables del comportamiento individual, encasillando todo en un modelo que continúa intentando centralizar en la economía de la oferta y la demanda operando en mercados perfectos la explicación de cómo funcionan éstos, si se dan tales o cuales supuestos o condiciones; dejando fuera la explicación de porqué se producen asimetrías, desigualdades, ciclos de alza y baja de la actividad productiva y del empleo, concentración y tendencia al monopolio u oligopolio, entre otros fenómenos.

Más allá del ámbito de la economía, se ha ido logrando explicar lo que es la sociedad y cómo funciona, desde el ángulo o mirada de cada una de las ciencias sociales. Lo que no ha sido posible predecir es cómo será en el futuro próximo, cómo se modificará y con qué consecuencias, salvo que cada sociedad construya su propia “utopía”; es decir, el modelo de sociedad que quiere darse y cómo debería funcionar. Ello, ciertamente, sin prescindir de lo que ha sido la historia y de tener en consideración lo que acontece en otras sociedades, impulsando la colaboración con otras experiencias para ampliar la base conceptual e instrumental del desarrollo de los países que están es su búsqueda. Quizá, más que predecir el futuro pareciera que el desafío que tenemos por delante sea como cómo construirlo.

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