Martes, 31 de mayo de 2016Actualizado a las 04:40

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8 de Marzo: el feminismo ante el vacío político

Estamos viviendo, sorpresiva y gratamente, un escenario en el cual el debate sobre la explotación, la opresión y la violencia hacia las mujeres está copando el espacio público y es cuestionada la "normalidad" en la cual eso ocurre. El debate respecto el acoso callejero, la ley de aborto, la cada vez mayor resistencia e indignación ante los femicidios, nos llama a pensar en el día de las mujeres como un hito en el que debemos tomar las riendas para la construcción de un proyecto que dé una respuesta política a este malestar.

Este malestar, sin embargo, se encuentra desarticulado. La desarticulación no es una característica solo del movimiento feminista, sino que es parte de la descomposición del tejido social que se inició bajo la dictadura militar y se agudizó durante los gobiernos de la transición.

Sin embargo, esto no fue siempre así. El movimiento feminista en Chile ha logrado aunarse cada vez que asume una orientación política común. Durante la dictadura militar, por ejemplo, la consigna "democracia en el país y en la casa" recorrió Latinoamérica y el mundo, ya que profundizaba el ideario de la izquierda del siglo XX incorporando políticamente a una parte −hasta ahora invisibilizada− de los sujetos que en esos momentos vivían en carne propia la instalación de uno de los sistemas económicos y sociales más aberrantes que ha conocido nuestra historia: las mujeres.

Si el feminismo perdió su orientación política al lograr el objetivo que la articulaba (la caída del gran patriarca), hoy urge ante el contexto de desarticulación unirnos nuevamente bajo un objetivo común: hacer retroceder el neoliberalismo en Chile, el que ha sido sostenido y profundizado por los partidos del pacto de la transición.

Esta capacidad del movimiento feminista de los ochentas debe ser retomada. Ante la incipiente constitución de nuevos actores sociales nacidos a partir de la acumulación de un malestar cada vez más ajeno al clivaje democracia-dictadura y, por tanto, de las identidades políticas que marcaron el periodo de la transición en nuestro país, es necesario politizar al movimiento feminista.

Hoy la política y lo político se han complejizado y diversificado, ampliando los espacios de acción, diluyendo la barrera liberal entre lo público y lo privado y desarrollándose en ámbitos diversos. Las luchas por la participación e incidencia de los territorios en el modo en que este se desarrolla, el debate por la educación pública, una nueva forma de entender la salud, la diversidad sexual y de género en su más amplio sentido, etc., deben ser pensadas desde el feminismo.

Si el feminismo perdió su orientación política al lograr el objetivo que la articulaba (la caída del gran patriarca), hoy urge ante el contexto de desarticulación unirnos nuevamente bajo un objetivo común: hacer retroceder el neoliberalismo en Chile, el que ha sido sostenido y profundizado por los partidos del pacto de la transición. Un sistema neoliberal que nos ha mercantilizado y que ha agudizado la doble explotación de la mujer bajo la premisa de maximizar utilidades a través de nuestra fuerza laboral precarizada y la mantención del rol de las mujeres en el trabajo reproductivo. El hecho de que hoy las mujeres trabajadoras perciban salarios desiguales, retornen a los hogares a asumir las labores de cuidado (niños, niñas y ancianos) y que las organizaciones de izquierda no hayan dado una respuesta, ni se hayan detenido en este último punto, proponiendo por ejemplo que es la sociedad, el Estado y no el mercado el que debe hacerse cargo, hace más evidente nuestro objetivo hoy.

En un contexto de deslegitimación de la política tradicional e inserta en instituciones neoliberales, se abre una grieta que desde el mundo de la izquierda y desde los subalternos debemos aprovechar. En esta oportunidad el feminismo debe situarse políticamente en todas aquellas organizaciones que buscan emerger con una propuesta emancipadora para la sociedad. Creemos que debemos ser parte de la construcción de un nuevo referente político que con un fuerte anclaje social exprese el malestar de los y las excluidas. Y así no será más "junto al trabajador" como versaba El Pueblo Unido, sino como sujetas que luchan situadas en un contexto de explotación para recuperar la soberanía sobre sus vidas, cuestionando su rol subordinado en la sociedad, la forma en que se reproduce la vida, y así comenzar a construir un nuevo proyecto de país.

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