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La segunda mitad de gobierno: ¿Mejor o peor?

por 12 marzo 2016

Difícil respuesta. Se trataría más bien de un pronóstico abierto cuya resolución estará sujeta a una serie de considerandos.

Vamos por parte.

Lo primero es establecer qué ha sido lo bueno y lo malo en este período de gobierno.

Lo bueno es haber identificado e impulsado un conjunto de reformas necesarias que apuntaban a corregir algunos de los aspectos estructurales que frenaban la posibilidad de saltar la trampa de los ingresos medios en que nos encontramos y que exigían darle sustentabilidad a nuestro crecimiento económico acompañándolo con niveles decrecientes de desigualdad.

A menudo se nos olvida que esta demanda por mayor igualdad se venía incubando en los gobiernos anteriores de la Concertación y que se acentuó en el período de gobierno del Presidente Piñera. Tanto fue así, que la propia candidata de la derecha se hizo, discursivamente, cargo del problema aun cuando no tuviera ella y sus partidos ninguna convicción de avanzar en esa dirección. Olvidamos también que toda la centro-izquierda estaba de acuerdo en la necesidad de las reformas tributaria, educacional y laboral, además de dotarnos de un nuevo marco constitucional.

Desgraciadamente detrás de esta correcta inspiración se encerraban dos fallas que terminaron debilitando el sentido y la adhesión a este proyecto de cambio. Una de ellas fue la falta de prolijidad y rigor en el diseño de reformas de mayor complejidad. Esta realidad se hizo más patente y grave en el caso de educación, sin desmerecer el ruido y desgaste que generó la corrección de la propuesta tributaria.

La segunda se refiere al excesivo entusiasmo reformador de algunos actores políticos de la Nueva Mayoría que usando una retórica algo estridente y pasada de revoluciones tradujeron los cambios necesarios en amenazas innecesarias, arrastrando de paso –en su afán refundacional- los logros evidentes y el mérito de los gobiernos de la Concertación de haber cambiado Chile de un país autoritario y subdesarrollado a otro democrático y en condiciones de alcanzar al desarrollo.

Los costos de estos errores deberán resarcirse en los próximos dos años y de aquello dependerá, en parte, tener una mejor o peor segunda mitad de gobierno.

Este esfuerzo se debería encaminar en la siguiente dirección. Por un lado, reestablecer la confianza y sintonía fina al interior de la coalición gobernante sobre la base de precisar los compromisos programáticos para lo que resta del período de gobierno, eliminándose el conflicto y la confrontación entre quienes pretenden -inspirados en el maximalismo- desoír las restricciones políticas y económicas actuales y entre quienes -inspirados en un supuesto preciosismo técnico- buscan minimizar el alcance de las reformas ya acordadas. Por otro lado, será necesario reponer y comunicar el relato que inspiró un nuevo tiempo programático y que buscaba hacerse cargo de los desafíos de un país que había agotado un ciclo político y que requería revertir la tendencia de rendimientos decrecientes en lo económico (crecimiento del PIB) y social (persistencia de una alta desigualdad). Reinstalar este relato será esencial para darle continuidad al esfuerzo realizado y dotar a la nueva coalición de centro-izquierda, cualquiera sea su nombre y forma, de un proyecto que de cara a la próxima elección presidencial se diferencie claramente de la derecha que de seguro apostara a una versión repetida del gobierno del Presidente Piñera, sin la certeza de verse favorecido por el súper ciclo del cobre y con la certeza de una sociedad igual de desigual y con poca densidad democrática, en el mejor de los casos, o atajar el riesgo del populismo, en el peor de los casos. Esta tarea corresponde principalmente al ejecutivo y cuyo déficit es hasta ahora notorio.

A pesar de lo convulsionado en que ha estado el escenario político en los últimos años, como consecuencia de los casos que develaron una relación viciosa entre la política y el dinero, lo cierto es que durante este período se han verificado logros que van dibujando una nueva realidad.

 A pesar de lo convulsionado en que ha estado el escenario político en los últimos años, como consecuencia de los casos que develaron una relación viciosa entre la política y el dinero, lo cierto es que durante este período se han verificado logros que van dibujando una nueva realidad.

A pesar de lo convulsionado en que ha estado el escenario político en los últimos años, como consecuencia de los casos que develaron una relación viciosa entre la política y el dinero, lo cierto es que durante este período se han verificado logros que van dibujando una nueva realidad.

Entre ellos se pueden mencionar la eliminación del binominal, la puesta en marcha de la gratuidad en educación, el acuerdo de unión civil, la ley de inclusión en educación, el paquete de reformas sobre el sistema político generado a partir del Informe Engel, las buenas cifras de desempleo, etc.

En consecuencia, se puede concluir que la tarea para los próximos dos años en lo político y social, son básicamente ordenar, concentrar y priorizar.

Pero existe otra tarea que será ineludible para cambiar el estado de ánimo y las condiciones de sustentabilidad en el largo plazo del esfuerzo y los costos asumidos hasta ahora y ésta es cambiar la trayectoria de bajo crecimiento económico observado y proyectado. Nuestra economía experimenta desde hace varios años una caída significativa de su PIB tendencial y ni el gobierno anterior ni el actual han hecho nada sustantivo para cambiar esta condición. Se necesita empujar una agenda pro crecimiento que no sólo potencie la alianza pública-privada para levantar la inversión, sino que también sume un mayor esfuerzo público para empujar el desarrollo de los clusters, garantizar el acceso al financiamiento de las pymes, apoyarlas en su fortalecimiento de capital humano y acompañarlas en sus mejoramientos de productividad y en la apertura de nuevos mercados en el exterior. El Ministerio de Economía y la CORFO debería jugar un rol relevante en este desafío de manera de acompañar el tremendo esfuerzo que hace el Ministro de Hacienda por ordenar las finanzas públicas.

Los chilenos deben volver a creer que los gobiernos de centro-izquierda son capaces de lograr simultáneamente el crecimiento económico con mayor igualdad y el perfeccionamiento de nuestro sistema político democrático.

Así, la respuesta de si las cosas mejoraron o empeoraron la conoceremos con el resultado de la próxima elección presidencial

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