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UDI: el autoengaño del cambio de imagen

por 28 marzo 2016

La crisis de credibilidad que sigue golpeando a la política chilena, ha generado una curiosa creencia: que el mercado de los productos y el marketing funciona con la misma lógica que la política. De lo contrario, cuesta entender por qué los conglomerados chilenos están cambiando su imagen gráfica e incluso su nombres más allá de lo aconsejable, y lo que es peor, con resultados que tienden a ser más bien negativos.

Partamos por la coalición de gobierno. El intento de dar una señal de cambio quedó reducido a comunicar el ingreso del Partido Comunista y punto. Hoy cuesta encontrar alguna diferencia de fondo –al menos programática– entre la Nueva Mayoría y la Concertación, salvo para identificar a grupos muy personalizados de dirigentes que antes conocíamos como autocomplacientes y autoflagelantes. Sin ir más lejos, en agosto de 2012, en la encuesta CEP tenía 22% de aprobación, contra el pobre 13% en la misma encuesta de diciembre de 2015.

En la oposición el tema es aún más confuso. Primero fue Coalición por el Cambio, después Alianza por Chile y luego rebautizada como Chile Vamos. Incluso, los candidatos a alcaldes de la UDI y RN lanzaron una especie de marca asociada: Alcaldes por Chile, para enfrentar las elecciones de este año. Los resultados, desde que cambió de nombre el conglomerado, son estrepitosos. Andrés Velasco, por su parte, nos aportó con la transformación de Fuerza Pública a Ciudadanos, copia fiel del partido español.

Vamos al caso de la UDI. En su reciente Consejo General, un eufórico Hernán Larraín presentó a los asistentes lo que denominó la nueva UDI. Más parecida a la presentación de un publicista con labia de una nueva marca de teléfonos móviles que a un grupo político. La imagen que quedó, de la puesta en escena de esta especie de relanzamiento, fue un nuevo logotipo corporativo. Y nada más. Esa fue la noticia principal que destacaron todos los medios. Tengo sospechas respecto a que el diseño del evento tenía esa finalidad, ¿pensarán en la Unión Demócrata Independiente que este aggiornamento basta para salir del pozo negro en que se encuentra hoy? Definitivamente, no. Hace algunas semanas planteé en otra columna que el peor error que podría cometer ese partido es caer en la tentación de poner la carreta delante de los bueyes.

Un cambio de imagen –cuando se está viviendo una crisis tan grave– sin dotarlo de contenidos reales es una inversión y esfuerzo inútil. La UDI hoy está en riesgo de desaparecer. El discurso de Larraín no pasó de ser eso: una declaración de intenciones sin anuncios concretos.

Por supuesto que decir “nunca más” es importante, ¿pero en qué se traduce eso?, ¿qué significa en términos concretos?, ¿el tribunal supremo va a sancionar al condenado Novoa esta semana? Seguramente pasarán meses antes que el partido opositor les informe a sus militantes, electores y al país cuáles son los cambios que ameritan que se pueda hablar de la nueva UDI. Es un hecho que el debate interno doctrinario no será fácil. Borrar su asociación directa a la dictadura, elecciones una persona un voto, reorientación a la clase media abandonando a los sectores populares –el concepto “popular” fue borrado de la imagen gráfica– o cambiar las facultades del Tribunal Supremo, le significará un desgarro y choque entre el grupo fundador y las nuevas generaciones, encabezadas por Jaime Bellolio. Ya surgieron las primeras voces que señalaron su total rechazo a la posibilidad de excluir de la declaración de principios la alusión al régimen militar. Incluso, el diputado Ignacio Urrutia amenazó con renunciar a la colectividad de hacerse efectivo.

Un cambio de imagen –cuando se está viviendo una crisis tan grave– sin dotarlo de contenidos reales es una inversión y esfuerzo inútil. La UDI hoy está en riesgo de desaparecer. El discurso de Larraín no pasó de ser eso: una declaración de intenciones sin anuncios concretos. Por supuesto que decir “nunca más” es importante, ¿pero en qué se traduce eso?, ¿qué significa en términos concretos?, ¿el tribunal supremo va a sancionar al condenado Novoa esta semana?

En el próximo período podremos observar si la UDI es capaz de hacer un giro tan radical que le haga perder su identidad. No es descartable que el peso de los coroneles y personajes como Urrutia termine imponiéndose y los cambios sean más bien decorativos. En ese caso, la probabilidad de que diputados como de Mussy y Bellolio terminen emigrando a Evópoli, Amplitud, que incluso creen un nuevo referente, es alta. Si se da esta situación, la nueva marca lanzada terminará siendo un búmeran que agudizará más los problemas del alicaído partido, hoy el peor evaluado, con apenas un 13% de valoración positiva.

Un apunte final. Paralelo al debate de principios, por tribunales estarán desfilando sus principales figuras. Es probable que Moreira y Orpis pierdan sus fueros parlamentarios y reciban condenas. Longueira, por su parte, la tiene muy difícil en los casos Corpesca y SQM. La querella interpuesta por Ciudadano Inteligente por cohecho abre un flanco que puede ramificarse.

Si pudiera darle un consejo a la UDI, le sugeriría avanzar rápido y dar a conocer pronto el contenido del cambio anunciado, antes que los tribunales fallen en estos casos. Y obviamente, deberían partir por una señal clara: que el Tribunal Supremo vuelva a revisar el caso Novoa y lo sancione. De lo contrario, el fundador del partido debería seguir los pasos de Longueira y renunciar. Un cambio de marca requiere al menos mostrar un cambio del producto.

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