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Ley Mordaza o el poder de los fiscales

por 9 abril, 2016

Sonará exagerado, pero creo que lo que distingue a una sociedad moderna de una premoderna, es, precisamente, el respeto por las “no-filtraciones” y el intento de los fiscales por pautear a la opinión pública a través de los medios de comunicación y sus hiperventilados periodistas.

Pasaba que antes” las sociedades premodernas, para solucionar sus problemas de alteración al orden (“delitos”), utilizaban lo que se conoce en jerga como “el mecanismo sacrificial”. Que consiste básicamente en achacar a una víctima inocente, y ojalá, a la más débil de todas -para que nadie tuviera que vengarla- todos los males habidos y por haber de esa sociedad, para luego, a través de su asesinato sacrificial, expiar los pecados de la sociedad entera. Así nacieron religiones, culturas e instituciones políticas, como las monarquías, por ejemplo... pero esa es sangre de otra prieta.

Lo importante es que las sociedades modernas, en cambio, para solucionar sus problemas de “alteración al orden”, utilizan un mecanismo totalmente opuesto: si el sacrificial busca encontrar a un inocente y ocultar al culpable, el sistema judicial quiere encontrar al culpable y defender al inocente. Este el leitmotiv de la modernidad, y sin ir más lejos, de los primeros artículos de los derechos humanos.

Y es por esto mismo que nos emocionamos cuando los detectives de la tele encuentran un pelo con raíz en el lugar del delito, o el trozo de una huella digital en el arma homicida. Porque ahora no es lo ritual o lo mítico, sino que lo científico lo que determina el éxito o fracaso de esta búsqueda por el culpable. Pero no solamente, porque también es fundamental el respeto de los procedimientos. Porque solo la equidad en el acceso a las reglas permite también asegurar que los implicados, sean sospechosos, inocentes o culpables, puedan ser juzgados como iguales, y no por su capacidad de defensa, poder económico, o de venganza. Nuevamente, este mecanismo se funda y pone en acción el fundamento del primer articulado de la Carta de Derechos Humanos.

Por eso creo que es un asunto fundamental para la sociedad, más allá de la contingencia, el salvaguardar con rigor la posibilidad que existan filtraciones previas a las sentencias. Porque claro, es súper choro y entretenido ver como los fiscales persiguen a “los poderosos” o a los que uno supone son poderosos. Pero va a dejar de ser gracioso cuando las filtraciones sean para construir un caso contra unos comuneros por aquí, contra unos migrantes por robo por acá, contra el “loquito de la esquina” por abuso sexual más allá, o contra Ud. que iba pasando por la calle.

Si los fiscales sienten como legitimo usar la herramienta de “filtrar” antecedentes a la prensa porque los jueces actúan bajo presiones políticas, lo lógico sería controlar esas presiones y no sumar la opinión pública -que finalmente es “la masa”- como un otro grupo de presión, comandado por ellos mismos (los fiscales) y por periodistas

Al final del día los fiscales son también un grupo de poder, y su actuar debe ser ecualizado por el factor humano. Porque, dónde están las motivaciones de los fiscales, ¿en hacer justicia y conocer la verdad, o en ganar un juicio y ascender en su carrera profesional? Porque si de conocer la verdad se trata, antes de la sentencia, basta con que ambas partes conozcan las causas y los antecedentes. Pero si es por ganar juicios, ascender y volverse famoso, es lógico que los fiscales quieran hacer de las filtraciones jurisprudencia, y ganar antes que en la corte, en la opinión pública los juicios. Y que por tanto corrompan los procedimientos judiciales que buscan nivelar la cancha. Descontextualizando de este modo, y según su propia conveniencia, aquellos antecedentes que permitan, a la nueva camada de periodistas -superhéroes de la moral- transformar detalles anodinos en sustanciosas fuentes de sospecha. Sospechas que luego amplificarán en sus editoriales para hacer, finalmente, lo que los fiscales tanto necesitan: instalar (satanizar) en la memoria de la opinión pública la culpabilidad del imputado.

Por eso creo que las filtraciones amenazan la piedra angular de lo moderno que tiene el sistema judicial. De muestra sirvan los notables documentales (disponibles en Netflix) sobre Steven Avery (Making a murderer), Paco Larrañaga (Give up tomorrow), Damien Wayne y los Chicos de Memphis, o los niños sentenciados de “Kids for Cash”, donde precisamente, se puede ver como, el acuerdo justicia-prensa, termina condenando, precisamente, al loquito del pueblo, al freak del colegio, al nerd desadaptado, al migrante, o al que justo iba pasando por afuera. Experiencias que finalmente terminan cuestionando por completo al propio sistema judicial. Una verdadera crisis institucional.

Si los fiscales sienten como legitimo usar la herramienta de “filtrar” antecedentes a la prensa porque los jueces actúan bajo presiones políticas, lo lógico sería controlar esas presiones y no sumar la opinión pública -que finalmente es “la masa”- como un otro grupo de presión, comandado por ellos mismos (los fiscales) y por periodistas. Porque el riesgo es que terminemos transformando en absurdo aquello que debiera ser lo más cierto: la ceguera imparcial de nuestro sistema judicial.

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