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Las Coimas y el deporte chileno

por 30 agosto, 2016

Las Coimas  y el deporte chileno
Lo que pasó en Río no es diferente a lo que puede pasar en cualquier competencia deportiva cuando falla la coincidencia histórica de una buena generación de deportistas, que es siempre a lo que apuesta Chile. Por eso los éxitos deportivos del país son el triunfo del esfuerzo personal de los deportistas y no el resultado de una política pública.

Entiéndanme bien. No quiero escribir de coimas sino hablar desde Las Coimas, lugar en el cual pretendo descansar y escribir. Aunque tratándose de una columna sobre deporte en el país, bien podría surgir una confusión. Así están las cosas en fútbol, tenis, gimnasia y deportes en general.

Yo pretendo reflexionar en Las Coimas, comuna de Putaendo (nada que ver con la antigua profesión de la señora Warren), Provincia de San Felipe Apóstol, llamada así por el realista que le dijo a Jesús que no había pan para tanta gente y éste le contestó con tremendo milagro: la multiplicación de los panes. Reflexionar sobre qué, se preguntarán ustedes. Les respondo, sobre cosas de la vida deportiva nacional, que tanto me angustia, y que no tienen cabida en la estrecha mente de banqueros y gobernantes.

Yo a Brasil me fui con ansia de medallas y llenos los bolsillos de medallitas de mi congregación. No volví con ninguna, ni de las unas ni de las otras. Para desgracia de todos, en especial de La Moneda que está tan necesitada de efectos de auditorio, y que esta vez no tuvo oportunidad de balcón.

¿Qué nos falta? Naturalmente financiamiento y apoyo real del Estado y no unas cuantas monedas. Apoyo real es una cosa con dinero e ideas, y en esto, lamentablemente tenemos mala suerte hasta con el nombre: Palacio de La Moneda. Es decir, puras chauchas y balconazos. El resto va por cuenta de los deportistas.

En deportes como el tenis hemos tenido número uno del mundo y oro olímpico, y hoy no pasa nada. En otros deportes, Bárbara Riveros es una barbarita de Australia, y Tomás González ¿Qué más se le puede exigir? No es malo el material humano deportivo. Es malo el político y dirigencial, gente simplemente mentirosa y abusiva, incapaz de entender que el deporte es parte del bienestar social de un país, y el deporte de competición es, además, parte trascendente de la imagen corporativa de Chile.

En un país con ganas de vivir, el deporte es la endorfina de la vida cívica, y se lo debe respetar, fomentar, practicar y desarrollar. En Chile, los partidos políticos usan los fondos para pagar elecciones. Ahí está el escándalo de años pasados del PPD y la abuela de 80 años que practicaba pesas.

De la gente que fue en la delegación chilena a Río casi la mitad eran dirigentes. Proporcionalmente los deportistas, entrenadores, preparadores físicos y apoyo sicológico eran un microcosmos.

Lo que pasó en Río no es diferente a lo que puede pasar en cualquier competencia deportiva cuando falla la coincidencia histórica de una buena generación de deportistas, que es siempre a lo que apuesta Chile. Por eso los éxitos deportivos del país son el triunfo del esfuerzo personal de los deportistas y no el resultado de una política pública.

Pero la cosa todavía puede ser peor, como ocurre actualmente con el fútbol. En este, el organismo federativo que es la ANFP, fuera de ser un negocio oscuro que nadie controla, se permite actuar en contra de sus propios afiliados o, simplemente, constituirse en barrera de acceso a la práctica del deporte como lo está haciendo con el Club de Deportes Valdivia y el pago obligatorio de dos millones de dólares de cuota de ingreso.

Mientras descanso en Las Coimas, no puedo entender que mientras la justicia norteamericana investiga a Jadue -y de paso a la ANFP- por delitos económico serios, ¿por qué a ninguna autoridad chilena se le ocurre hacer lo mismo en su ámbito de competencias, incluso administrativas, respecto de la ANFP y de los clubes? Qué hacen la Superintendencia de Valores y Seguros, la Fiscalía Nacional Económica, el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia acerca de las practicas regulatorias dudosas de la ANFP, o el ministerio de Justicia sobre los estatutos mismos de ella, una asociación sin fines de lucro que administra intereses de clubes con fines de lucro, y todo a nombre del país? Raro me parece, sobre todo sabiendo que prácticamente no han cambiado muchos dirigentes desde la época de Jadue y hay dinero que no aparece.

Pensando en Las Coimas, estoy clara que no se trata de falta de aptitudes físicas y de cultura del deporte en el país, sino de fatiga moral y mental de políticos y dirigentes.

Algo que de niños nos parecía heroico pero raro, y nunca los profesores de historia nos explicaron, se da en el caso de Caupolicán, elegido toqui después de andar tres días y tres noches con un tronco al hombro, que al final lanza lejos como una pluma. Esa gesta se explica por el kollellaullin (cintura de hormiga), el arte marcial mapuche ignorado y discriminado y en cuya práctica encontramos muchos deportes, algunos tremendamente actuales.

Los guerreros mapuche se sometían a un riguroso entrenamiento de destrezas físicas, endurecimiento de su musculatura y adaptación a su medio ambiente, como formación general y de ahí pasaban a la especialización de arma.

En esa práctica general, todo con fin de destreza y potencia física, se encontraban el palin, juego parecido al hockey; el pillman o pelota de viento; el linao, parecido al rugby (para esquivar armas arrojadizas e incluso proyectiles de artillería); el choiquepin o correr en una pierna; el curantun o lanzamiento de piedras; el waikitun o pelea con lanza; el lekaitun o boleadoras; el llighkan o esgrima de cañas de colihues; el lonkoquilquil, el pulkitun, el raillun, el reñitun, el metrantun y muchos otros que eran ejercicios con macana, con arco y flecha, nado o lucha. Cuando dominaron el caballo, agregaron el lefkawellun con uso de lanzas, boleadoras, arco y macana sobre el caballo. A tal punto llegaba su búsqueda de perfección que practicaban el lawenkura, consistente en inyectarse bajo la piel de hombros, espaldas, piernas, brazos y cuello, polvo fino de roca o de huesos de puma para la dureza del cuerpo. Así se formaba el weichafe.

¿Alguna vez, esa base cultural de nuestra tierra ha sido considerada en la práctica de los deportes? ¿A alguien se le ha ocurrido alguna vez que ahí hay una cantera cultural para el desarrollo del deporte nacional? ¿Por qué no podría ser parte de nuestro ser deportivo naciona? Eso pasa en muchas otras partes y en variadas ocasiones.

Y es porque no tenemos deporte nacional. Porque deseamos ser lo que no somos en nuestra esencia y nuestro deporte es esencialmente imitativo. Carece de base autóctona porque somos discriminadores y sometemos lo mapuche o lo ancestral al rincón de las cosas ignoradas. Además de toqui y jefe de guerra, Caupolicán era un atleta como lo eran los weichafes que por 400 años se opusieron a los españoles.

Vaya alguna vez, un día domingo, a ver palin en el Parque de La Pintana o en Cerro Navia e imagine por un instante lo que sería un equipo de weichafes para competir en hockey de césped por Chile. Eso, por nombrar uno solo de los deportes que se podrían reinventar, para quienes gustan de medallitas de oro y balconazos.

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