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El camaleón político

por 11 octubre, 2016

Con la aprobación de la elección directa de intendentes en la Cámara Alta, el senador y candidato presidencial Alejandro Guillier ganó su primera gran batalla luego de que los dos ex Presidentes –y también candidatos presidenciales Ricardo Lagos y Sebastián Piñera– se opusieran públicamente al proyecto. El mensaje presidencial se aprobó contra todo pronóstico. Guillier no solo triunfó porque votó a favor del proyecto, también ganó por el riesgo que conllevaba perder. De haber perdido en la votación, los ganadores hubiesen sido Lagos y Piñera, sus rivales directos. Guillier hizo una apuesta arriesgada que pagaba mucho y ganó.

La aproximación de Guillier a esta votación revela bastante sobre su estrategia electoral. Para empezar, el periodista sabe que –para ser candidato presidencial– se necesitan luces y qué mejor que rivalizar con los peces gordos. Breves cuñas pueden llegar lejos en un escenario político presidencializado. El mejor ejemplo fue cuando Guillier capciosamente comparó a Lagos con O’Higgins, sugiriendo que el liderazgo del ex Presidente era arcaico y redundante. Algo similar ocurrió cuando comenzó su intervención en la votación del proyecto de intendentes mencionando lo catastrófico que resultó el Transantiago de Lagos.

Pero hay un lado político más profundo en la táctica de Guillier y tiene que ver con nunca quitar sin dar. Es así como se ha vuelto usual que el senador haya emparejado cada crítica con un elogio, incluso si ha significado tener que declararse un laguista. Esta ambigüedad se explica netamente por el instinto de supervivencia del candidato. Guillier sabe que es el segundo en la fila y solo va a ser candidato si logra desbancar a Lagos. Por ende, debe ser cuidadoso con no alienar a la base de votantes, que en gran medida es la misma que la del ex Mandatario. Si Guillier conduce una campaña negativa, terminará saboteando su propia popularidad.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Muchos han argumentado que la candidatura de Guillier es una nave vacía, un vehículo político popular pero sin ideas de fondo. Es comprensible, pues comparado con la larga lista de manuscritos de Lagos sobre ideas para un Chile del futuro, cualquiera queda chico. Y, en general, creo que la lectura es correcta y, salvo algunas exageraciones que buscan explicar la falta de ideas con la falta de experiencia del candidato, estoy de acuerdo. Mi contribución, en esta línea, sería solo agregar que es una estrategia compleja, ideada por el propio Guillier, con múltiples aristas que puede pagar mucho si la mantiene.

La estrategia de Guillier es ocupar todos los espacios que no ocupan sus rivales directos. Esto lo vuelve un camaleón político. Algunos lo pueden llamar oportunista o incluso populista, pero es una estrategia inteligente si es que quiere ganar la elección. Cuando Lagos se plantea como gradualista, Guillier responde con progresismo. Cuando se le acusa de ser demasiado progresista, Guillier responde con críticas a las reformas estructurales del Gobierno. En cierto sentido es un candidato residual, tomando todos los temas que los otros no quieren o no se atreven a abordar.

Esta táctica es particularmente eficiente para convencer a los desafectados y moderados, precisamente el nicho que Guillier debe explotar. Moverse fácilmente entre una idea y otra le permite distinguirse de la clase política. Guillier busca dar la impresión de que no está atado a cánones políticos tradicionales ni a dogmas ideológicos trasnochados. Es un candidato perfecto para los potenciales votantes que buscan a una persona que no es parte de la elite partidaria y para los que no están convencidos con los candidatos que han demostrado moverse solo por intereses económicos y políticos.

Guillier debe seguir en esta ruta por un tiempo. Su actitud pasiva-agresiva sirve para aserrucharle el piso a Lagos mientras asegura un cupo en las primarias de la coalición. Puede celebrar todas las victorias. Puede celebrar ser parte de la Concertación y de la Nueva Mayoría simultáneamente. Puede celebrar ser independiente y político a la vez. Puede celebrar los logros del Gobierno y los de la oposición al mismo tiempo. Puede hacer todo esto mientras sus índices de popularidad aumentan y mientras convence a los que no han pensado votar porque los otros candidatos están todos atrincherados.

Lo mejor que le puede pasar a Guillier es que Lagos se caiga por su propio peso. Si sigue con su estrategia ambigua, será el candidato mejor posicionado para hacer el reemplazo. Lagos difícilmente lo podrá detener, simplemente porque cualquier otra alternativa probablemente favorezca a Piñera. A la vez, Guillier podrá marcar diferencias con la clase política y el legado de la centroizquierda en la medida de lo necesario. Para los que privilegian el debate de ideas, este un escenario alarmante. Pero para los que les gusta ganar elecciones, es una estrategia perfecta. No hay nada mejor que un camaleón político para ganar una elección.

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