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La primera prueba de fuego de Guillier

por 20 diciembre, 2016

La primera prueba de fuego de Guillier
Ya debería saber, a estas alturas, que la batalla será feroz. Seguramente le sacarán en cara otros muchos momentos en que pudo tener opiniones o conductas que molestan o incomodan a otros. Pero son las reglas del juego. Son los códigos de la política. “Esto es sin llorar”, sentenció una vez Allamand. El senador no puede seguir reclamando por los golpes en “las canillas” y menos decir que no puede dar ideas cuando es atacado.

Para nadie es un misterio que la irrupción de Alejandro Guillier provocó una suerte de terremoto al interior de la Nueva Mayoría. Lo que inicialmente parecía una buena noticia, se fue transformando en una amenaza para la elite de la ex Concertación. Un hombre que se distanciaba mucho del estereotipo esperado: periodista respetado y con una larga trayectoria, sin militancia en un partido –pese a su cercanía con el Partido Radical–, que opinaba con toda libertad, con un amplio manejo de la puesta en escena mediática, además de no cargar con el peso de la política tradicional. Un bicho raro que seguramente trajo de vuelta a los fantasmas en la dirigencia, al recordar la debacle causada por el niño terrible, Marco Enríquez-Ominami. Qué duda cabe, Guillier es un personaje que no gusta a las cúpulas, aunque sea el precandidato más competitivo del sector.

Hasta ahora, Guillier había logrado sortear el “fuego amigo” sin grandes dificultades. Es cierto, fueron representantes de su propia coalición los que instalaron el peligro que representaba el senador. Incluso su colega Ignacio Walker –quien en su momento desarrolló una verdadera obsesión con el ex rostro televisivo– llegó a confesar su temor de que se convirtiera en un “demagogo y populista”. Luego vendrían las acusaciones concretas.

Primero, alguien le recordó que en su momento participó en el comercial de una isapre, como si el periodista se hubiera imaginado una década atrás en la posición que estaría hoy. A continuación se le refrescó el lamentable caso del juez Calvo, esa investigación en el límite de lo ético para la época, formato más que explotado en la actualidad y con el cual Emilio Sutherland ha logrado coronarse como “el rostro” del género investigativo.

Pero los embates parecieron fortalecer más a Guillier. Golpe recibido, un punto más en las encuestas. Y a los ataques provenientes de su coalición se sumaron las investigaciones por parte de algunos medios. Algo lógico y esperable en un contexto en que la transparencia se ha convertido en un valor. El otrora “intocable” Sebastián Piñera lo está viviendo en carne propia con sus poco claras inversiones a través de Bancard.

El parlamentario tiene el desafío de utilizar su experiencia y habilidades de comunicador y ponerlas al servicio de su rol político. La estrategia actual no solo no logrará parar los ataques, sino que lo posicionará en el terreno del conflicto. Si eso ocurre, Guillier habrá perdido parte del capital ganado este año. Si deja de victimizarse y la “sale jugando” en la cancha de las propuestas, es probable que logre capitalizar los canillazos.

Hace poco, Emol publicó que el senador había omitido su participación previa en el directorio de la Fundación Minera Escondida cuando ocupó la presidencia de la Comisión de Minería y Energía del Senado. Guillier se encontraba fuera del país –paradójicamente, en un seminario de transparencia– y guardó silencio durante cinco largos días, mientras se levantaban críticas de sus pares y algunos sectores. Y ahí apareció el hombre de las comunicaciones. Eligió el noticiero de mayor audiencia para enfrentar los cuestionamientos. Manejó la entrevista a su antojo –Repenning y Onetto parecieron sucumbir ante “el maestro”–, se le vio suelto, relajado. Defendió su participación en esa entidad, señalando que estaba orgulloso de su rol –algo que se valora en estos tiempos–, utilizó ejemplos simples para que lo entendiera el ciudadano común, ironizó sobre sus rivales. Una actuación perfecta. El periodista Guillier.

Pero dos días después, el ex panelista de “Tolerancia Cero” se propinó un duro autogol, a raíz de una publicación que informaba de los servicios que prestó a terceros a través de la consultora de Enrique Correa. Es como si Guillier hubiera explotado sin control. El mismo había logrado cerrar con éxito el capítulo FME y, repentinamente, disparó contra Ricardo Lagos, acusándolo de ser el autor intelectual de los últimos ataques recibidos. Curioso, toda, información pública. Fue un acto  completamente innecesario. Lagos, con toda su habilidad política, salió a contraatacar, exigiendo mantener el nivel de la campaña y lo desafió: “Demuéstrelo, señor”.  Una actuación torpe. El político Guillier.

Alejandro Guillier ya debería saber, a estas alturas, que la batalla será feroz. Seguramente le sacarán en cara otros muchos momentos en que pudo tener opiniones o conductas que molestan o incomodan a otros. Pero son las reglas del juego. Son los códigos de la política. “Esto es sin llorar”, sentenció una vez Allamand. El senador no puede seguir reclamando por los golpes en “las canillas” y menos decir que no puede dar ideas cuando es atacado. El parlamentario tiene el desafío de utilizar su experiencia y habilidades de comunicador y ponerlas al servicio de su rol político. La estrategia actual no solo no logrará parar los ataques, sino que lo posicionará en el terreno del conflicto. Si eso ocurre, Guillier habrá perdido parte del capital ganado este año. Si deja de victimizarse y la “sale jugando” en la cancha de las propuestas, es probable que logre capitalizar los canillazos.

Lo que es un hecho, Alejandro, es que los golpes bajos seguirán hasta el último día de campaña.

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