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Trump y la tentación de derrocar a Assad

por 10 abril, 2017

Estados Unidos decidió atacar el jueves a Siria, disparando alrededor de 50 misiles Tomahawks desde sus portaviones en el Mediterráneo, sin ninguna autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El ataque destruyó una base militar en la localidad de Shayrat, cerca de Homs, supuestamente donde se dispararon las armas químicas que impactaron a la ciudad de Khan Sheikhoun en Idlib el martes pasado.

Se llevó a cabo sin ninguna evidencia del uso efectivo de armas químicas por parte del Ejército Árabe Sirio. Las declaraciones del secretario de estado estadounidense Rex Tillerson contenían información vaga. Hablaba de cierta confianza respecto a la información de que se usó gas sarín. Aunque no entregó una respuesta convincente cuando las personas afectadas por el ataque no mostraban evidencia del uso de gas sarín

Entre una y otra acción, hubo dos días muy intensos de aparentes negociaciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y al final Estados Unidos optó por la vía unilateral, lo que abre una serie de interrogantes. Fuentes contactadas en Damasco y Homs señalan que los únicos beneficiados con el ataque fueron las fuerzas terroristas, que estaban cercadas por el Ejército Árabe Sirio, causando además decenas de muertes y heridos civiles.

Estados Unidos cruzó la línea y se empantanó, porque a pesar del apoyo de sus socios de la OTAN, violó el derecho internacional, la Carta de Naciones Unidas, y abrió un punto de inflexión o de quiebre respecto al orden mundial.

Naciones Unidas, como recurso de última esperanza para negociar o dialogar la tiene difícil. Los países que apoyaron la intervención militar como el Reino Unido, Japón, Francia, Alemania, Australia, y Canadá arrastran problemas internos graves, al igual que Estados Unidos. Como que la globalización entrara en un descalabro político. El apoyo a la intervención militar de este tipo en Siria, abrupta, sin investigación seria sobre el uso de armas químicas, exige un escrutinio más profundo.

El ataque se llevó a cabo durante la visita a Estados Unidos del presidente de China Xi Jinpin. Para China, que con Rusia, han vetado permanentemente las resoluciones en Naciones Unidas orientadas contra el gobierno de Assad, la orden ejecutiva de atacar a Siria en medio de esta visita, es complicado. El ministerio de relaciones exteriores no condenó el ataque y se remitió a decir que en Siria se debería disminuir la violencia.

El presidente Vladimir Putin por su parte remarcó que se había acabado la cooperación con Estados Unidos para luchar contra el terrorismo.


 Con este ataque, al sirio le quedó claro que Estados Unidos apoya al ISIS, que lo del combate al terrorismo es retórica efectista, y de que el plan de derrocar al presidente Assad está más vigente que nunca.

La información proveniente de Washington es confusa. No hubo aprobación del congreso estadounidense aunque una veintena de miembros fueron notificados del ataque. El secretario de estado, Rex Tillerson declaró que no hubo contactos con el gobierno ruso antes del ataque, resaltando que fue una decisión unilateral, por otra parte, las agencias cablegráficas señalan que sí hubo aviso a los militares rusos y sirios.

El ataque químico fue deliberado y coincide con el ataque en San Petersburgo”, señala una fuente en Damasco. “Se trata de presionar a Moscú para que suspenda su apoyo al gobierno de Assad”. Nos dice Fady Alawi: “El ISIS y sus jefes en Arabia Sudita, Turquía e Israel, son capaces de montar estas operaciones, y Homs es un lugar estratégico”.

Otra fuente nos dice que el gobierno de Trump tenía planificado atacar Damasco desde que asumieron y de que los rusos nunca confiaron en la cooperación con Estados Unidos para luchar contra el ISIS. Para Trump, el logro definitivo sería derribar al gobierno de Assad; lo que no pudo hacer Obama. Se le instituiría como el presidente que derribó a Assad.

Con el ataque, Trump transmite la decisión de confrontar a Rusia y así amortiguar sus problemas con las investigaciones acerca de que Rusia lo ayudó a ganar la elección. Es un acto demagógico cruel y torpe porque no ayuda a construir paz en Siria. Tampoco es militarmente eficaz, porque se usó demasiado misil para poca base militar. Fallecieron alrededor de siete militares sirios y una decena de civiles y políticamente enardeció a la población siria.

El senador republicano Marco Rubio, anterior opositor de Trump, declaró a los medios de que el ataque “era más que simbólico”. Dejó entrever que el presidente consideraba derrocar al gobierno de Assad. El propio Trump en el comunicado desde la Casa Blanca el día del ataque manifiesta esa posibilidad: “Los previos intentos por años de cambiar la conducta de Assad han fallado, han fallado muy dramáticamente. Como resultado se ha agudizado la crisis de refugiados y en la región continua la desestabilización amenazando a Estados Unidos y sus aliados”. Deslizó el mensaje de ponerle fin al régimen que ha permitido el actual estado de situación.

En su discurso, por primera vez, habla del dictador Assad, en un lenguaje más fuerte y directo que el de Obama, cuando se refería a que “Assad y su régimen había perdido legitimidad”. “Assad lanzó este horrible ataque con armas químicas a civiles inocentes”, fue el encabezado del discurso de Trump para justificar el ataque.

El ataque a Siria, cambia un tanto el panorama de la histeria anti Trump. Ahora, los que odian a Trump y participan en el plan para derribar al gobierno sirio, lo alaban. El ataque disipa las dudas de que Trump haría una sociedad con Rusia para liquidar a los terroristas y entablar la esperada transición con la presencia de Assad.

Con este ataque, al sirio le quedó claro que Estados Unidos apoya al ISIS, que lo del combate al terrorismo es retórica efectista, y de que el plan de derrocar al presidente Assad está más vigente que nunca.

Con el ataque, las relaciones de Estados Unidos con Rusia se han deteriorado al peor nivel de los últimos 20 años. Al interior de Siria se ha homogeneizado aún más la visión de que la integridad territorial pasa por la mantención del gobierno de Assad.

Rusia ha respondido con alta diplomacia. No ha respondido con vehemencia, aunque la tensión internacional es indesmentible. Se puede pensar que en seguridad nacional, a Trump le hayan dado su pequeño golpe interno y que ésta sea la primera acción operacional seria en el cambio de rumbo.

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