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Lunes, 23 de octubre de 2017 Actualizado a las 10:41

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El retorno del “coronel” Longueira llorando la caída de Lagos

por 18 abril, 2017

El retorno del “coronel” Longueira llorando la caída de Lagos
Son dos caras de la misma moneda, dos apuestas de un partido transversal. Ambos representan la consumación duopólica entre el PS y la UDI durante el Gobierno del ex Mandatario. La caída de Lagos es sentida en lo más profundo por el partido del orden, así como también por Longueira. Es el indicio de que el escenario que había sustentado –según ellos– las tres décadas más gloriosas en los 200 años de vida republicana, se ha modificado por completo. Justo cuando estábamos rozando el desarrollo, nos tropezamos, perdimos el rumbo. Es necesario recomponernos, recuperar la senda extraviada y, para ello, tenemos como única opción la de Sebastián Piñera.

Las alusiones a Pablo Longueira revoloteaban tímidamente en los medios a principios de este año. Había desaparecido del escenario político tras su renuncia a la UDI, acaecida en marzo de 2016, producto de la presión que cayó sobre su persona y la tienda gremialista tras conocerse una serie de correos que lo vinculaban con el icónico gerente general de SQM, Patricio Contesse.

Mientras ocupaba el cargo de senador, el ex ministro de Sebastián Piñera había recibido en el año 2010 una propuesta explícita de Contesse, en el marco del proyecto de ley que proponía realizar cambios al impuesto a la minería durante el primer año de Gobierno de la derecha.

El documento word enviado por Contesse, titulado “Royalty a la Minería I”, se terminaría transformando en el Artículo Cuarto Transitorio de una ley aprobada casi unánimemente por los senadores de la Alianza y la Concertación, hoy Chile Vamos y Nueva Mayoría, respectivamente.

Longueira, quien ya había desaparecido del escenario político en junio de 2013, producto de un misterioso “cuadro depresivo” que lo obligaría a bajarse de la carrera presidencial tras imponerse en una reñida disputa ante Andrés Allamand en las primarias del sector, partiría a su segundo exilio, esta vez, forzado por el accionar del periodismo investigativo y los fiscales, quienes se anotaban otra importante victoria en pos del develamiento del incestuoso maridaje entre el dinero y la política conocido durante las últimos años.

Acorralado, Pablo Longueira salió a la ofensiva. En un encendido discurso –escrito con la ayuda de Andrés Chadwick y sin contestar preguntas de la prensa–, el emblemático “coronel” de la UDI renunciaba al partido, no sin antes anunciar que su reincorporación a la tienda gremialista se llevaría a cabo “cuando los tribunales de mi país acrediten que no he cometido ningún delito. Tengo fe profunda en que siempre se impone a verdad”.

El 24 de enero del 2017, las aspiraciones de Longueira expresadas en su discurso de renuncia tendrían un serio revés.

La PDI allanaba la oficina y el domicilio del histórico “coronel” por orden de la Fiscalía, en el contexto de las investigaciones por cargos de fraude al fisco y cohecho reiterados. Un día después, el 8° Juzgado de Garantía de Santiago decidía ampliar en nueve meses el plazo de la investigación, luego de recibir una solicitud en tal sentido del Fiscal Regional de Valparaíso, Pablo Gómez.

El 25 de marzo 2017, Longueira rompería su promesa.

A través de una carta que prontamente se difundiría en los medios, hacía un llamado a toda la militancia UDI a sumarse activamente al proceso de refichaje del partido, asumiendo de este modo un rol específico dentro de la colectividad.

Hace exactamente una semana, Pablo Longueira volvería al ruedo de la opinión pública con el mismo objetivo; sin embargo, en esta oportunidad, lo haría de un modo insólito y poco convencional.

En un video que se viralizó rápidamente en redes sociales, el ex ministro aparecería en las afueras de un concurrido mall del sector oriente de la capital, invitando jocosamente al candidato presidencial ungido por la UDI, RN y el PRI, Sebastián Piñera, a inscribirse por la tienda gremialista cuando quedaba solo una semana para alcanzar la meta de refichaje exigida por el Servel.

Las definiciones de Longueira son las del núcleo más duro del partido del orden. Aquel segmento transversal unido por la defensa del legado concertacionista, donde, por cierto, existen personas como este ex senador que ven en el Gobierno de derecha, asumido en el 2010, mucha más continuidad que cambio respecto a dicho legado. Evidentemente, el principal criterio de unidad del partido del orden es recomponer el consenso perdido, cuestión que se les ha ido de las manos y que, por lo pronto, tiene escasas posibilidades de volver a suturar la “herida abierta” en la espiritualidad del modelo.

La UDI y el ex Mandatario afianzaban por esos días su condición de “uña y mugre”. La primera, elevando vítores por Pinochet en las ceremonias públicas celebradas por el candidato Sebastián Piñera. Este último, desplegando un discurso “duro” para “reencantar” el electorado de derecha con vistas a las primarias del sector. Evidentemente, RN y Evópoli harían sus respectivos descargos en la interna de Chile Vamos. Quizás por esto la UDI optó por bajar el jocoso video ‘Longueira-Piñera’ de las redes.

Cuando todo este impasse parecía superado, el histórico coronel de la UDI reapareció súbitamente este domingo 16 de abril, a través de una entrevista concedida a El Mercurio, además de una columna publicada en La Tercera. El titular de la primera destaca la siguiente frase: “Guillier será el Dj Méndez de la presidencial, y Beatriz Sánchez, el Jorge Sharp”. La segunda tiene por nombre: “Sánchez, el voto útil de la izquierda”.

La pregunta que hay que hacerse ante esta osada y desconcertante apuesta es, por supuesto, la más obvia de todas: ¿qué significa el retorno de Pablo Longueira dentro del contexto sociopolítico en que nos encontramos?

Del repudio al significado político

Sin desconocer mi absoluto repudio ante este tipo de performances desarrolladas por figuras políticas como Longueira, estimo que estas demuestran, con sus acciones, que están incapacitados para percibir que “caminan sobre el filo de una navaja”, ya que dejan a la vista la asimetría de poder existente entre un formalizado del mundo político tradicional y un ciudadano común formalizado por un delito cualquiera.

El primero, no tiene inconvenientes en alcanzar las principales secciones de los medios de prensa tradicionales para profesar su ética y, por supuesto, entregar su lectura política del país. El segundo, si es que alguna vez llega a salir en la crónica roja del periódico, de seguro no podría pronunciarse sobre lo que estime conveniente, sino exclusivamente sobre las acusaciones que se esgrimen en su contra. Difícilmente los medios le preguntarán a este formalizado “de a pie” por cuál es su percepción que tiene sobre el Chile actual. Esta implacable asimetría de poder es la que repulsa.

Reconociendo este repudio personal –hoy, más que nunca, también colectivo– en contra de quienes degradan y sepultan la política día a día, lo cierto es que la crítica no puede quedarse solamente en este nivel. Debe transitar hacia la pregunta crucial: ¿qué significa, en concreto, el retorno del histórico “coronel” de la UDI? ¿Cuál es la “marraqueta” que trae bajo el brazo?

Las definiciones de Longueira son las del núcleo más duro del partido del orden. Aquel segmento transversal unido por la defensa del legado concertacionista, donde, por cierto, existen personas como este ex senador que ven en el Gobierno de derecha, asumido en el 2010, mucha más continuidad que cambio respecto a dicho legado.

Evidentemente, el principal criterio de unidad del partido del orden es recomponer el consenso perdido, cuestión que se les ha ido de las manos y que, por lo pronto, tiene escasas posibilidades de volver a suturar la “herida abierta” en la espiritualidad del modelo.

Por todo ello, la figura de Ricardo Lagos es tan próxima a la de Pablo Longueira. Son dos caras de la misma moneda, dos apuestas de un partido transversal. Ambos representan la consumación duopólica entre el PS y la UDI durante el Gobierno del ex Mandatario. La caída de Lagos es sentida en lo más profundo por el partido del orden, así como también por Longueira. Es el indicio de que el escenario que había sustentado –según ellos– las tres décadas más gloriosas en los 200 años de vida republicana, se ha modificado por completo. Justo cuando estábamos rozando el desarrollo, nos tropezamos, perdimos el rumbo. Es necesario recomponernos, recuperar la senda extraviada y, para ello, tenemos como única opción la de Sebastián Piñera.

Evidentemente, en la lectura de Longueira no entra una pizca de autocrítica. Los exclusivos responsables de degradar el escenario han sido los vociferantes y, por supuesto, la Nueva Mayoría, presa de su errado “diagnóstico” y su emblemática “retroexcavadora”. Probablemente, su ‘exilio’ forzado le impidió ver la reemergencia inusitada que tuvieron los movimientos sociales desde mediados de 2016, mucho más amplia que un grupo de vociferantes y mucho más profunda, en su impugnación y propuesta de superación, que las movilizaciones previas, ya que ataca directamente la viga maestra del modelo monetarista: el sistema de las AFP. Más allá de este punto, para Longueira el agotamiento histórico de la Nueva Mayoría, evidenciado en la caída de Lagos, abre el escenario y permite la irrupción de la candidata del “Podemos criollo”. Es en este contexto donde surgen frases como “Guillier será el Dj Méndez de la presidencial, y Beatriz Sánchez, el Jorge Sharp” o “Sánchez, el voto útil de la izquierda”.

El fantasma que queda rondando y que Longueira no se atreve siquiera a pronunciar es este: ¿y si Sebastián Piñera se termina convirtiendo el ex alcalde de la UDI Jorge Castro?

La nueva avanzada del partido del orden, liderada esta vez por el retorno del “coronel” Longueira, tiene varias sorpresas por entregar, dentro de un escenario cada vez más abierto, dinámico y desconcertante. Habrá que estar atentos a sus desenvolvimientos.

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