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El suicidio electoral de la Nueva Mayoría

por 8 mayo, 2017

El suicidio electoral de la Nueva Mayoría
Sin primarias y con la definición de llegar Goic y Guillier a la papeleta de noviembre, la ex Nueva Mayoría no solo transparenta sus fracturas internas –que, dicho sea de paso, es lo de menos–, sino que también acorrala aún más al Gobierno que pretendía suceder y, lo más incomprensible, deja todos los espacios abiertos a Chile Vamos y al Frente Amplio por los próximos meses. Los espacios de la credibilidad y la participación ciudadana; los espacios para el financiamiento; los espacios de la comunicación política y el marketing electoral; los espacios del debate de ideas y propuestas al país.

La Democracia Cristiana y el eje PS-PPD, la centroizquierda, estuvieron juntos durante años haciéndonos creer que eran una pareja perfecta y que, como tales, encarnaban la mejor fórmula de gobernabilidad para el país.

Sin embargo, a partir de la junta DC del 29 de abril, nos enteramos que la realidad era muy distinta. De acuerdo a los discursos falangistas, el eje PS-PPD resultó ser una pareja brutal y maltratadora que, en palabras de su presidenta y candidata, les exigía arrodillarse si aspiraban a conseguir algo.

El estado de la relación habría llegado a ser tan insostenible, que Goic y su partido se restaron de las primarias en la expectativa de desligarse de dicha relación, para así resurgir con nueva identidad: el “ave fénix”. Por su parte, del otro lado respondieron indignados sentenciando el término de la unión de casi 30 años y amenazando con terminar en dos listas parlamentarias antes que buscando un acomodo para no privar a Guillier de la primaria. O sea, divorcio completo.

En fin, si la relación era irreconciliable y su desgaste se había agudizado con la falta de apoyo del PS a Lagos y luego con la decisión DC, no cabía otra que terminarla. Nunca las rupturas son fáciles, sin embargo, pasados los discursos épicos y declaraciones de un antes y un después, pareciera que lo que presenciamos fue más bien un quiebre ingenuo y adolescente antes que uno maduro y meditado, en que se tienen claros los costos de la decisión y, por un bien mayor, se está dispuesto a pagarlos.

Y, en este caso, el costo a pagar –y que pagarán– no es otro que la Presidencia de la República.

Cuando al poco andar parezcan más espectadores que protagonistas del escenario electoral, imputarán a las encuestas no estar reflejando bien las expectativas de la ciudadanía, mediciones electorales que no estarán haciendo otra cosa que, amplificadas por los medios interesados, ir reflejando cómo la presidencial se va polarizando entre Chile Vamos y el Frente Amplio.

¿Habrán estado, esos partidos, conscientes de que ese era el costo de bajar su primaria? Difícil saberlo, pero, más que una decisión consciente, parece un intento impulsivo hacia el suicidio político.

Sí, pues es tan obvio el juego suicida que, antes que juzgarlo en sí mismo, me lleva a pensar en la conciencia que habrán tenido respecto de él y sus consecuencias. ¿Habrá sido un acto consciente o una traición emotiva? Creo más bien lo segundo.

Veamos. Sin primarias y con la definición de llegar Goic y Guillier a la papeleta de noviembre, la ex Nueva Mayoría no solo transparenta sus fracturas internas, que –dicho, sea de paso, es lo de menos–, sino que también acorrala aún más al Gobierno que pretendía suceder y, lo más incomprensible, deja todos los espacios abiertos a Chile Vamos y al Frente Amplio por los próximos meses. Los espacios de la credibilidad y la participación ciudadana; los espacios para el financiamiento; los espacios de la comunicación política y el marketing electoral; los espacios del debate de ideas y propuestas al país. En fin, al abortar las primarias, la Nueva Mayoría decidió dejar toda la escena a las otras dos coaliciones y salir de ella apagándose voluntariamente por los próximos meses.

Cuando al poco andar parezcan más espectadores que protagonistas del escenario electoral, imputarán a las encuestas no estar reflejando bien las expectativas de la ciudadanía, mediciones electorales que no estarán haciendo otra cosa que, amplificadas por los medios interesados, ir reflejando cómo la presidencial se va polarizando entre Chile Vamos y el Frente Amplio.

Pero ahí no termina la ingenuidad de su quiebre adolescente. Esta continua bajo el supuesto de que, transcurrida la primera vuelta, volverán a unirse y terminarán triunfando. Cual oxímoron, quieren creer que la unión está en la separación, desatendiendo al duro y más probable escenario de un enfrentamiento directo y sin contemplaciones entre sus propios candidatos por ocupar el segundo lugar tras Piñera. Enfrentamiento que, a esas alturas, además estará espoleado por Beatriz Sánchez y que nos les dejará espacio alguno para una reconciliación que no sea vista por los votantes como amalgama espuria para mantenerse en el poder.

Por mucho que vuelvan a apuntar a Piñera como adversario común e intenten hacer ver su ruptura como una estratagema para defender a su electorado por los extremos de derecha e izquierda, lo que en la práctica estamos presenciando es el preludio del suicidio presidencial de la coalición gobernante.

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