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Sábado, 18 de noviembre de 2017 Actualizado a las 05:16

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Ossandón: el rottweiler de Piñera

por 8 mayo, 2017

Ossandón: el rottweiler de Piñera
Es un hecho que Manuel José Ossandón se está convirtiendo, para  la derecha, en lo equivalente a MEO para la ex Concertación. Un zancudo que parte apenas molestando, luego logra desconcentrar a su víctima y, finalmente, termina picando sin piedad en el momento menos pensado. Todas las advertencias hechas a Marco Enríquez-Ominami, los llamados a moderar su lenguaje –con quienes habían sido sus compañeros de ruta– y a “cuidar” lo ganado, evitando que un hombre de oposición llegara al poder, no solo eran inútiles, sino que estimulaban al ex diputado. Con Ossandón pasa lo mismo.    

Manuel José Ossandón parece estar obsesionado con aguarle la fiesta a Sebastián Piñera. Basta con que el ex Mandatario haga un anuncio, dé una entrevista o intervenga en un acto público, para que el senador salga rápidamente a provocarlo y, para mayor irritación de Piñera, usando una de sus mejores habilidades: el humor sarcástico y la ironía. Ese es un terreno en que nuestra clase política tiene poca capacidad de respuesta. Quedan descolocados, se abruman y luego suelen reaccionar de manera predecible.

De hecho, ya a nivel de los partidos de Chile Vamos, han expresado que es mejor prescindir de los debates, como una forma de evitar los exabruptos del ex alcalde. Este sería el mejor favor que le pueden hacer a Ossandón, lo que él necesita es contar con las pruebas que le permitan tener argumentos que confirmen el complot y discriminación en su contra. Me atrevería a apostar que su estrategia de ataque tiene como objetivo salirse de las primarias para correr en solitario, al estilo Carolina Goic. Mal que mal, la apuesta de Ossandón no está en las elecciones de noviembre, sino en cuatro años más.

Pero sí es un hecho que Manuel José Ossandón se está convirtiendo, para  la derecha, en lo equivalente a MEO para la ex Concertación. Un zancudo que parte apenas molestando, luego logra desconcentrar a su víctima y, finalmente, termina picando sin piedad en el momento menos pensado. Todas las advertencias hechas a Marco Enríquez-Ominami, los llamados a moderar su lenguaje –con quienes habían sido sus compañeros de ruta– y a “cuidar” lo ganado, evitando que un hombre de oposición llegara al poder, no solo eran inútiles, sino que estimulaban al ex diputado.  Con Ossandón pasa lo mismo. Y, claro, la derecha está un callejón sin salida. En los dos escenarios, es decir, confrontándolo  o simplemente al excluirlo, la ganancia es para el histriónico candidato independiente.

Lo cierto es que Sebastián Piñera tuvo una semana vertiginosa. Una puesta en escena cuidadosamente planificada. Debut de su nueva imagen corporativa, incluido el eslogan “Tiempos mejores”, que reemplazó al curioso “Buena Onda” que utilizó por apenas un mes y que, la verdad, era bastante disonante con el tono agresivo y oscuro que implicaba el relato de un Chile catastrófico. Anunció además su programa, el que recordó mucho a la retroexcavadora del senador Quintana.

Fin del Transantiago, modificación a las reformas educacional y tributaria,  vuelta a 120 diputados, pese a que aún ni siquiera debuta el nuevo sistema electoral que instalará a 155 parlamentarios en marzo de 2018. También estrenó su elegante sede de campaña en pleno barrio El Golf. ¿La derecha alguna vez se atreverá a salir del sector alto de la ciudad e instalarse en una comuna más popular? Al día siguiente, Piñera lanzó su fideicomiso ciego 2.0. Sin duda, una versión mejorada de la anterior, pero lejos de despejar las dudas que provoca la gestión de su fortuna familiar en Chile y el extranjero.

Manuel José Ossandón, salió a criticar con dureza –a los pocos minutos– el discurso del ex Presidente. Dijo que no entendía cómo anunciaba el cambio del servicio de transporte público de Santiago, si durante sus cuatro años de Gobierno no había hecho ni dicho nada. También se burló del estilo refundacional de su contendor, al señalar que él sí estaba “a favor de las retroexcavadoras”, pero de aquellas que permitieran eliminar la ley Longueira o la relación entre política y negocios. Y sus críticas a Piñera no pararon. Llegó incluso a decir que, respecto del fideicomiso ciego, el ex Jefe de Estado tenía “piso de vidrio”, denunciando que esto solo era parte de una estrategia comunicacional.

Hasta ahí la semana pintaba perfecta. Logró imponer, por lejos, la agenda política. Nadie quedó indiferente a sus propuestas, partiendo por La Moneda. Pero vendría luego la citación a declarar  por las denuncias de Hugo Gutiérrez. Y si el  fiscal mostró su falta de prudencia al hacer  declaraciones finalizando la sesión, el ex Mandatario  fue más temerario al señalar,  al día siguiente, que “el fiscal Guerra ha confirmado que no existe delito”. Privilegio de pocos, que el encargado de una investigación le confiese al imputado los resultados de su indagatoria en privado. Cosas de la justicia chilena.

Pero el golpe más duro no lo recibió Piñera de parte del oficialismo. Manuel José Ossandón, salió a criticar con dureza –a los pocos minutos– el discurso del ex Presidente. Dijo que no entendía cómo anunciaba el cambio del servicio de transporte público de Santiago, si durante sus cuatro años de Gobierno no había hecho ni dicho nada. También se burló del estilo refundacional de su contendor, al señalar que él sí estaba “a favor de las retroexcavadoras”, pero de aquellas que permitieran eliminar la ley Longueira o la relación entre política y negocios. Y sus críticas a Piñera no pararon. Llegó incluso a decir que, respecto del fideicomiso ciego, el ex Jefe de Estado tenía “piso de vidrio”,  denunciando que esto solo era parte de una estrategia comunicacional. “Se muestra como un acto de generosidad el tema de sus hijos, cuando todo el mundo sabe que es su plata”, señaló. La verdad, nadie en la Nueva Mayoría fue tan duro con Piñera como el senador.

Y Ossandón tendría guardada la guinda para el final. Con bombos y platillos –aunque con muy baja cobertura en comparación con su competidor– lanzó su campaña a última hora del viernes, lo que hace sospechar que adelantó el evento.

Es extraña la mezcla de este senador. Su discurso es ultraconservador en lo valórico, la UDI queda como un partido liberar al lado de él. Pero al mismo tiempo es despiadado para criticar el abuso de los poderosos y la colusión, así como las falencias del sistema económico. También es partidario de aumentar el Estado; de hecho, entre sus propuestas incluyó la creación de nuevos organismos fiscalizadores. Aunque su relato tiene bastantes contradicciones para ser un hombre derecha, lo que sí está claro es que Sebastián Piñera es el símbolo de sus críticas al sistema político-económico. No puede evitar mencionarlo como ejemplo. Sin ir más lejos, le dedicó varios minutos a los cuestionamientos y querellas que enfrenta por las inversiones realizadas por Bancard, llegando a concluir: “El Palacio de Gobierno es para gobernar, no para especular”.

Definitivamente, Ossandón será la pesadilla de Piñera. Al igual que un Rottwelier, no lo va a soltar, le va a seguir las sombras, lo provocará. Ossandón necesita de Piñera para posicionarse.

Insisto, es probable que la estrategia diseñada por el senador sea abandonar las primarias y el piñerismo puede pisar el palito. Total, él no pierde nada en esta vuelta. Igual que MEO en su momento.

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