El crecimiento de la ultraderecha y la emergencia de la izquierda - El Mostrador

Jueves, 19 de octubre de 2017 Actualizado a las 00:04

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El crecimiento de la ultraderecha y la emergencia de la izquierda

La derrota del Front National y el despertar de la ‘Francia Insumisa’

Las elecciones en Francia tuvieron un sabor especial en un contexto internacional dominado por la política espectáculo de Donald Trump (sobre quien volveremos en los próximos días) y el Brexit. La segunda vuelta francesa trajo el esperable triunfo del socio-liberal independiente Emmanuel Macron (del movimiento En Marche) sobre la candidata ultraderechista del Front National, Marine Le Pen. El que Macron alcanzara más del 60% de votos, sin duda respondió en buena medida a una opción por el ‘mal menor’. No obstante, el Front National logró su mayor porcentaje de apoyo presidencial, un histórico 33,9% con el cual Marine Le Pen dobla la media histórica que tuvo su padre Jean-Marie durante su liderazgo.

El pasado domingo 14 de mayo Macron asume la presidencia francesa y da a conocer su gabinete. Si bien su nuevo gobierno reúne figuras socialistas y republicanas, destacan la designación de los conservadores Édouard Philippe, Primer Ministro, y de Bruno Le Maire, Ministro de Economía e Finanzas. Con esto Macron da un claro guiño al ala de centro-derecha de cara a las próximas elecciones legislativas francesas (11 y 18 de junio). Es importante destacar que de estas elecciones dependerá el real margen de acción del nuevo presidente, ya que necesita una importante mayoría en el Parlamento para llevar a cabo su agenda de reformas. Ante este escenario, es posible destacar algunas reflexiones.

En primera instancia, la elección de Macron produjo un alivio evidente en los mercados europeos, especialmente en Alemania (el socio fuerte de la Comunidad Europea). De no mediar una fuerte oposición interna, el nuevo gobierno conducirá un programa de profundización de la neoliberalización de la economía francesa. La postura pro-europeísta del presidente electo asegura otros cinco años de hegemonía de las instituciones financieras europeas y de la Troika (Banco Central de Europa, el FMI y la Comisión Europea). Como se sabe, la Troika promueve la profundización de la desregulación económica y recortes a los beneficios sociales como recetario anti-crisis, cosa que ha quedado clara en los últimos años en los países del sur europeo.

Como gran parte de Europa, Francia atraviesa por una crisis económica relativa pero sostenida desde hace casi una década, con altos niveles de cesantía. Por ejemplo, en Alemania el índice de cesantía es de 3,9%, mientras que en Francia éste alcanza un 10,1%. Este índice entre los jóvenes llega a un 6,9% en Alemania, en tanto en Francia asciende a 23,7%. Macron ha señalado reiteradamente la intención de potenciar la alianza franco-germana, lo que también ha sido leído como una sumisión de parte del presidente francés a la canciller alemana. No es de extrañar que, al día siguiente de su investidura, Macron haya visitado Berlín como primera reunión en su agenda política. Esto ha dado pie a que, desde medios del establishment liberal, se proyecte una nueva era política en Europa: la del Merkron (alianza entre Merkel y Macron). No obstante, y si bien el diálogo futuro entre estos dos países se encuentra determinado también por las próximas elecciones federales en Alemania, la hegemonía económica del país germano resulta, finalmente, el principal elemento de la negociación entre ambos países, lo que ha llamado a otros analistas a destacar el desbalance de base en la ‘alianza Merkron’.

A un nivel que parece cada vez más global, el desafío actual de la izquierda parece no ser otro que el de ofrecer una alternativa real al callejón sin salida expresado por la continuación del proyecto de globalización neoliberal o bien su regresión autoritaria y xeno-racista. La experiencia internacional ha mostrado demasiadas veces que combatir sólo la versión de extrema derecha del proyecto capitalista termina (demasiado fácilmente) deviniendo en un neoliberalismo soft.

Macron ha propuesto como principal camino para solventar la crisis económica en Francia un ahorro fiscal de 60 mil millones de euros durante su mandato. El mecanismo para conseguirlo se basa en una importante reestructuración del Estado y su relación con el mundo social. A modo de ejemplo, Macron propone una drástica reducción de 120 mil empleados del sector público, así como estimular la ya creciente flexibilización laboral. Se propone también una reforma sindical, en la cual la actual negociación sectorial (predominantemente por rama) pasaría al nivel de empresa. Si bien no se trata de un traspaso completo, aspectos cruciales como la jornada laboral dejarían de estar en la agenda negociadora de los grandes sindicatos.

Es importante recalcar que en la primera vuelta ningún candidato resultó realmente vencedor: en tanto el 80% de los votos se repartió entre cuatro postulantes, el gobierno de Macron no cuenta con un 60% real de apoyo. Considerando el casi 25% de abstención en la segunda vuelta y el 9% de votos blancos, podemos decir que sólo un 44% de los franceses lo eligieron su presidente, y más de dos tercios de ellos por ser ‘el mal menor’.

Esto vuelve nuestra atención hacia Jean-Luc Mélenchon y el avance de La France Insoumise, una fuerza de izquierda emergente, más consistente y con mejores capacidades de disputar el poder y proponer programas anti-neoliberales. Como no podía ser de otro modo, los medios de comunicación y el mainstream liberal han corrido a caricaturizar todo lo posible este proyecto, ubicando a Mélenchon al mismo nivel que Le Pen, ambos supuestamente ‘anti-europeos’ (como si anti-neoliberalismo de izquierda y nacionalismo de ultraderecha fueran lo mismo).

Por cierto, la propuesta electoral de La France Insoumise no fue la de retirarse de la comunidad europea, pero sí la de dialogar de manera horizontal en ella, contestando, en particular, a las reglas de austeridad y de reducción de gastos nacionales propuesta como recetario universal. Otras propuestas fueron la realización de una Asamblea Constituyente, un compromiso mayor con el medio ambiente expresado en medidas concretas, y una orientación decididamente pro-trabajadores. En palabras de Mélenchon, se trata de implementar un proyecto de ‘proteccionismo solidario’, que promueva el diálogo tanto entre los franceses como entre los países europeos.

En un escenario de crecimiento sostenido del Front National en los últimos 20 años, la consolidación de La France Insoumise se perspectiva como la única alternativa real al callejón sin salida que plantea el establishment neoliberal y el proto-fascismo ultranacionalista. Esto también nos permite llamar la atención sobre proyectos de izquierda en países como el nuestro y el rol de los medios de comunicación en la transmisión de las ideologías. En efecto, el Frente Amplio, tal como le ocurrió a La France Insoumise, viene siendo el blanco de ataques que simplifican su proyecto hasta el ridículo, caracterizándolo como un extremismo vacío de propuestas –o utopismo.

Elecciones anticipadas en medio del Brexit –y el atentado en Manchester

Luego de solicitar a la Unión Europea la aplicación del Artículo 50, oficializando la separación de Reino Unido de esta comunidad -el mentado Brexit-, la primera ministra de este país, Theresa May (del Partido Conservador o Tory)  realizó un llamado a elecciones anticipadas para el próximo 8 de junio. Este llamado, que resultó sorpresivo para muchos, se hace en un contexto en el cual, por un lado, las divisiones internas del Partido Laborista (Labour) lo tenían bastante abajo en las encuestas en relación con sus rivales Tory; por otro lado, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) había comenzado a presionar por la realización de una nueva consulta sobre su pertenencia al ‘reino’, argumentando que el 55% de los escoceses votaron en 2014 por permanecer en un país dentro de la Unión Europea.

El llamado a elecciones anticipadas encuentra al Labour cruzado por múltiples intentos de parte de su sector neoliberal (con Tony Blair a la cabeza) por desplazar al socialista Jeremy Corbyn y a la plataforma Momentum de la conducción del partido. La abierta campaña sucia de los ‘blaireistas’ ha ido hasta el absurdo de acusar a Corbyn de intentar un golpe interno al partido de la mano de… ¡las centrales sindicales! Por cierto, las disputas internas del Labour eran las que se venían reflejando en las encuestas. Si las elecciones hubiesen sido hace dos semanas, las encuestas pronosticaban un triunfo aplastante de los Tories, subiendo del 35% que han mantenido en los últimos 20 años a cerca de un 50% de los votos.

Sin embargo, las últimas semanas registraron eventos que ciertamente alterarán esta tendencia. En primer lugar, el pasado 11 de mayo algunos aspectos centrales del ‘Manifiesto’ programático de la campana de Corbyn fueron filtrados a la prensa. El lanzamiento oficial del documento, llamado For the Many, Not the Few (‘Para las mayorías, no para unos pocos’) se hizo el miércoles 16. El manifiesto incluye entre otros puntos: la eliminación de los aranceles universitarios, el estímulo a la inversión en infraestructura y al desarrollo de nuevas fuentes de energía, la re-nacionalización del sistema de trenes, de correos, las compañías de energía y la industria del agua (privatizados por Thatcher). Se propone también la gratuidad de las guarderías infantiles (las que hoy cuestan no menos de de 10 mil libras al año), y el freno a la política de recortes en beneficios sociales que viene siendo implementada por los Tories desde el 2010, con Cameron a la cabeza.

En términos salariales, el Manifiesto propone un incremento en el sueldo mínimo a 10 libras esterlinas la hora. Actualmente es de 6.7 libras, poco menos de seis mil pesos chilenos, pero el valor de la moneda ha caído dramáticamente en los últimos meses como efecto del Brexit. Todas estas medidas serán financiadas con el aumento de los impuestos a la ganancia de las empresas así como al 5% de la población con mejores salarios (sobre las 80 mil libras por año).

Se trata de manifiesto explícitamente pro-trabajadores, destinado al votante y no a la oposición interna neoliberal. Con esto, Momentum ha tomado la iniciativa en un escenario complejo, enfatizando un programa anti-neoliberal de izquierda y pro-trabajadores. Esto tuvo un leve efecto en la tendencia de las encuestas hacia fines de la semana pasada, pero sobre todo vino a estimular la ya activa inscripción de cientos de jóvenes y trabajadores tanto en el Labour Party como en sus actividades de campaña y agitación.

Por su parte, Theresa May venía rehuyendo convenientemente un debate abierto con Corbyn, prefiriendo en cambio mostrarse en reuniones pequeñas, controladas, donde no es confrontada. En consecuencia, podía metamorfosear su discurso de manera conveniente. Su estrategia pendular (mostrándose en algunos lugares como la heredera de Thatcher, la ‘dama de hierro’, y levantando las banderas de un Brexit duro; en otros, en tanto, como la política pragmática y de discurso moderado y centrista que siempre ha sido).

En este sentido, el atentado atribuido a ISIS en Manchester el pasado martes 25 ha obligado a May a tomar una posición más firme al lado del creciente nacionalismo xeno-racista despertado hace algunos anos por UKIP y recogido por el ala Brexit de los Tories. Los efectos políticos del atentado (insistimos, ocurrido en el medio de un giro en la campaña de Corbyn) no se hicieron esperar, y así tanto el decaído UKIP como la propia candidata May han establecido posturas por un Brexit racista y enfocado en el extremismo islámico.    

Conclusiones abiertas: junio, noviembre y más allá

Se ha instalado en la opinión pública internacional que el clímax de este 2017 se vivirá en las elecciones generales del 24 de septiembre en Alemania, en un escenario en que el partido gobernante (el centroderechista CDU liderado por Angela Merkel) ha sido cuestionado por sus políticas moderadamente pro migratorias, lo que ha permitido el ascenso del ultranacionalista Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa por Alemania).

Si bien las elecciones federales del domingo 14 de mayo en Renania-Westfalia del Norte vieron el cómodo triunfo de la CDU sobre el Partido Social Demócrata (siendo estos últimos los que históricamente han gobernado en la región), y que el AfD logró menos votos de los esperados (alrededor de un 6,5%), la derechización del voto de esta región da cuenta del vacío político dejado por los partidos tradicionales de la centro-izquierda en Europa en general.

En un escenario en que el reciente atentado en Manchester parece compartir inspiración y métodos con aquellos de París y Bruselas, es de esperar que tanto la próxima elección en el Reino Unido el 8 de junio como las de Alemania el 14 de septiembre se concentren en temas de inmigración, extremismo y seguridad.

Todo esto puede ser combatido y contrarrestado por la emergente izquierda europea; pero para esto, resulta ciertamente necesaria una articulación europea e internacional mayor entre estos movimientos emergentes. En este sentido, las fuerzas de izquierda en Chile, y en particular el Frente Amplio, debiesen establecer canales de comunicación y articulación con estas fuerzas, así como tomar nota atenta de los principales desafíos y dificultades que ellas han encontrado en su despliegue.

Aunque con distinta intensidad en el presente, en Chile también existe esta tensión, y la parálisis política del proyecto neoliberal abre posibilidades tanto hacia la extrema derecha como hacia una izquierda re-densificada, empapada de movimientos sociales, pero también internacionalista y profundamente pluricultural.

A un nivel que parece cada vez más global, el desafío actual de la izquierda parece no ser otro que el de ofrecer una alternativa real al callejón sin salida expresado por la continuación del proyecto de globalización neoliberal o bien su regresión autoritaria y xeno-racista. La experiencia internacional ha mostrado demasiadas veces que combatir sólo la versión de extrema derecha del proyecto capitalista termina (demasiado fácilmente) deviniendo en un neoliberalismo soft. Por otro lado, la rearticulación actual de la geopolítica internacional indica que la racialización de los conflictos sociales seguirá jugando un rol central, ante lo cual la izquierda requiere proponer alternativas viables y concretas, basadas en la integración, la solidaridad entre pueblos, y la defensa de los derechos humanos en su sentido más amplio.

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