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Los discursos políticos que se proyectan a partir de las primarias

por 5 julio, 2017

Los discursos políticos que se proyectan a partir de las primarias
Es interesante (y peligroso) lo que hace Piñera en el sentido de intentar construir un ethos de clase media indisolublemente ligada a una visión política de derecha. “Si tú quieres salir adelante”, parece decir Piñera, “si no estás contento con lo que tienes, si aspiras a más, entonces vota por la derecha (y por mí), porque la izquierda te va a dejar abandonado, te va a poner cortapisas y te va a quitar los patines”.

Tras la sorpresiva participación de primarias, a pesar de la final de la Copa Confederaciones, es posible identificar con meridiana claridad los discursos políticos que levantaron los candidatos, y la recepción que estos tuvieron en el electorado.

Sebastián Piñera, eficiencia de derecha. El candidato de Chile Vamos, que sin duda sale fortalecido de la gesta, levantó un discurso político pragmático en torno a la eficiencia. Sus grandes caballos de batalla fueron el crecimiento y la creación de empleo, y se enfocó en ellos con su ya conocido pragmatismo, por no decir simplismo. Su sujeto de interpelación es ese constructo vago, pero persuasivo, de la “clase media”. Es interesante (y peligroso) lo que hace Piñera en el sentido de intentar construir un ethos de clase media indisolublemente ligada a una visión política de derecha. “Si tú quieres salir adelante”, parece decir Piñera, “si no estás contento con lo que tienes, si aspiras a más, entonces vota por la derecha (y por mí), porque la izquierda te va a dejar abandonado, te va a poner cortapisas y te va a quitar los patines” (frase, esta última, que repitió hasta el hartazgo).

La estrategia de Piñera tuvo éxito en polarizar sin ambages la elección, tanto con la centroizquierda como con el Gobierno, atacando las reformas, y diciendo que estamos yendo hacia el despeñadero. En esta disyuntiva maniquea, la promesa de Piñera se fundamenta en su eficiencia para obtener resultados, soslayando los aspectos relacionados con la integridad moral del candidato, y el caudal de cuestionamientos éticos que ha recibido a lo largo de su carrera. Pero se engaña quien piensa que no hay valores detrás de su campaña, claro que los hay. Estos se basan en el “esfuerzo”, transmutado en el Chile actual en la famosa meritocracia, con su curiosa mezcla de movilidad social y arribismo.

El gran desafío de la izquierda para contrarrestar este discurso será volver a ganar la confianza de la clase media, demostrar que también desde la otra vereda es posible conectarse con los nuevos valores que ha empollado el neoliberalismo. Si eso no se logra, Piñera será el próximo Presidente.

Ossandón, populismo de derecha. El senador Ossandón apostó por quitarle votos a Sebastián Piñera a través de las acusaciones de conflictos de interés, pero su verdadero discurso es otro. A diferencia de Piñera, que apostó por la clase media, Ossandón se enfocó en la clase baja, esto es, lo que él percibe como clase baja: sujetos completamente acríticos, satisfechos en su marginalidad y precariedad, pero esperando un salvador que les “eche una manito” (por no decir que les “tire una limosna”). Me parece sorprendente (y un poco vergonzante) la cantidad de veces que, en su franja, aparecían personas “agradeciéndole” a “don Manuel José” por preocuparse de “gente como ellos”. En este sentido, la figura que mejor retrata a Ossandón es la de un patrón de fundo, como apuntó Pablo Ortúzar en una columna. Su supuesta cercanía a los sectores populares refleja, en verdad, el intento de restablecer una relación patronal, que recuerda las novelas de Donoso, magistral retratista de esta dependencia enfermiza entre patrón y peón o empleado, tan característica de nuestra sociedad.

El discurso de Ossandón se configura así como un populismo de derecha, que se plantea como salvador-protector del bajo pueblo, sobre la base de supuestos atributos de preocupación y caridad. Su votación no es despreciable (26% en su bloque, con 360 mil votos), pero en un claro segundo lugar, lo que refleja que este discurso (esperemos) va a la baja en el Chile actual.

Felipe Kast, tecnocracia vacía. Kast podría haber enarbolado un discurso de derecha moderada, tipo Andrés Velasco, que obtuvo la no tan despreciable suma de 280 mil votos el 2013 (y en las primarias equivocadas, de la Nueva Mayoría), pero, si no lo hizo, es probablemente porque no cree en él. De hecho, la reciente polémica al interior de la derecha, a propósito del manifiesto lanzado por los senadores Allamand y Larraín, el ex contralor Ramito Mendoza y los académicos Pablo Ortúzar y Hugo Herrera, pone de manifiesto que Evópoli constituye en verdad una derecha aún más dura que la tradicional. Tienen una postura más abierta en ciertos temas así llamados “valóricos”, pero en lo socioeconómico creen a pie juntillas en el mercado, y desconfían completamente de cualquier rasgo de “comunitarismo” estatal.

La franja de Kast fue, por lejos, la peor de las cinco. Bajo el lema “la fuerza de las ideas” no presentó en verdad ninguna idea política realmente recordable, solo microideas, técnicamente ingeniosas, pero que claramente no quedaron en la retina de las electores. Por otro lado, sus grandes eslóganes, tipo “los niños primero”, “ser la voz de los invisibles”, “devolvámosle el Estado a la gente”, para no hablar de “justicia social”, no dicen nada por sí mismos, si no van acompañados de un discurso técnico que les dé sustento.

En añadidura, la franja de Kast fue, por lejos, la peor de las cinco. Bajo el lema “la fuerza de las ideas” no presentó en verdad ninguna idea política realmente recordable, solo microideas, técnicamente ingeniosas, pero que claramente no quedaron en la retina de las electores. Por otro lado, sus grandes eslóganes, tipo “los niños primero”, “ser la voz de los invisibles”, “devolvámosle el Estado a la gente”, para no hablar de “justicia social”, no dicen nada por sí mismos, si no van acompañados de un discurso técnico que les dé sustento.

A esto se une el ya conocido elitismo radical de Evópoli, que la franja no hizo nada por disipar, sino, por el contrario, profundizó. Más que un movimiento político, parecía un grupo de amigos que se junta en un café del barrio alto, a hacer brainstorming para pensar soluciones “entretenidas” a problemas ajenos, que no conocen porque no los afectan.

Por esto, no es de sorprender que Kast haya sido el último de su primaria, lo que pone en duda el verdadero potencial de su partido.

Alberto Mayol, la izquierda dura. Alberto Mayol levantó de forma clara un discurso más radical de izquierda, bien sustentado en ciertas ideas concretas y osadas a la vez, por lo cual me resultaron bastante sorprendentes los escasos 90.000 votos que obtuvo. Es cierto que algunas de sus propuestas, por decirlo de forma suave, son difíciles de implementar. Pero, más allá de esto, no cabe duda de que muchas de ellas tienen un trasfondo de gran sensatez, desde un punto de vista valórico, incluso ideológico.

Tomemos, por ejemplo, una de las más sonadas: la nacionalización de SQM. Puede que resulte inviable, y a la larga contraproducente, que el Estado nacionalice discrecionalmente una empresa en particular, pero más allá de esta dificultad, desde un punto de vista puramente moral, sin duda no tiene nada de disparatado nacionalizar una compañía conformada arbitrariamente en dictadura, todavía en manos del dueño que la obtuvo en virtud de su parentesco con el dictador, y que además está imputado por la justicia por múltiples casos de financiamiento ilegal de la política.

En la misma línea, tampoco parecería descabellado, por ejemplo, tomar medidas similares con empresas como Odebrecht, que han corrompido sistemáticamente a los gobiernos de todo un continente, en lo que responde obviamente a una estrategia sistemática, y ante la cual debemos hacer la “vista gorda”, pretendiendo que se trata simplemente de errores individuales o aislados, mientras se permite que la compañía siga operando en relativa normalidad.

El poder omnímodo que alcanzan las grandes empresas, así como los abusos que inevitablemente se asocian a este, es unos de los puntos críticos del capitalismo actual, que el discurso de Mayol abordó con fuerza, pero que por alguna razón tuvo un muy escaso eco en la ciudadanía. Su baja votación enciende, a mi juicio, una señal de alerta para la izquierda. O bien Chile se ha derechizado o se ha “pragmatizado” (si se me excusa el neologismo) o, bien, se hace imprescindible una renovación del ideario clásico de izquierda para que haga sentido a segmentos más amplios de la población.

Beatriz Sánchez, un nuevo discurso para la izquierda. Beatriz Sánchez (mi candidata, como militante activo de RD), levantó una crítica clara a aspectos cruciales del “modelo”, al tiempo que proponía un discurso de izquierda más inclusivo, que haga sentido a los tiempos que corren. En este marco, me parece que la franja fue efectiva en levantar ideas de fondo, que apuntan a aspectos cruciales que han sido propulsados por los movimientos sociales en los últimos años. Por supuesto, como toda franja política, se reforzó también una dimensión emocional, pero no me parece que se pueda acusar una campaña exclusivamente basada en el carisma.

Las ideas de fondo fueron transmitidas con total claridad, y bastante fundamento: Asamblea Constituyente, educación como derecho, sistemas solidarios de salud y pensiones, que garanticen dignidad para todos, y la limitación de la injerencia excesiva de las grandes empresas en un conjunto de temas relacionados con los derechos sociales. Asimismo, se plantearon valores claros, relacionados con la solidaridad, la colaboración, la inclusión y un cierto espíritu comunitario, en contraposición al espíritu de competencia e individualismo que parece primar hoy.

En este contexto, me parece que el Frente Amplio, y en particular la candidatura ganadora de  Sánchez, han permitido oxigenar el panorama político nacional, con un discurso claro y directo, libre de trabas y conflictos de interés, en particular con los grandes poderes económicos.

Sin embargo, es indudable que todavía quedan desafíos. El primero, y más importante de ellos, es acceder a un electorado más amplio. La votación obtenida por Sánchez, si bien claramente superior a la de Mayol, es todavía reducida, anclada en un nicho muy específico del electorado. Esto enciende una señal de alerta y, sobre todo, abre interrogantes de fondo.

Si el discurso de Beatriz Sánchez estaba articulado con claridad, recogiendo de manera directa varias de las consignas más relevantes que han planteado en los últimos años los movimientos sociales, entonces, ¿por qué no concita todavía una movilización más mayoritaria? ¿Qué falta para encantar de verdad a un segmento más amplio de la ciudadanía?

Las respuestas, a mi juicio, se relacionan con dos desafíos fundamentales que debe abordar el Frente Amplio.

El primero es la necesidad de un mayor esfuerzo por tender puentes con otras propuestas ideológicas afines, con otras tradiciones históricas, con otras corrientes de pensamiento. Para ser efectivamente amplios, es necesario realizar un trabajo de diálogo y construcción ideológica de verdad, no solo sumar un conjunto numeroso de movimientos diversos. Ese es el ejemplo que nos deja Uruguay, donde el modelo de Frente Amplio ha sido más exitoso.

En segundo lugar, nos queda todavía mucho que avanzar en la construcción de nuevas síntesis ideológicas, que sean capaces de dar lugar a discursos políticos que hagan sentido a la ciudadanía del Chile de hoy. En particular, es necesario encontrar el discurso que interpele a la clase media, a la población que cree en la meritocracia, que tiene sueños de movilidad social (aunque en algunos casos parezca arribismo), para hacerle ver que las propuestas de la derecha no son el único camino para concretar sus sueños.

En suma, es necesario todavía avanzar mucho en construir una izquierda que sea creíble para la ciudadanía despolitizada, pragmática e individualista, que hemos construido en los últimos 30 años.

Si algo queda claro de las primarias del domingo, es que la elección de diciembre se jugará, como casi todas las elecciones por lo demás, en el centro, y que el FA tiene todavía mucho que trabajar en construir un discurso lo suficientemente amplio para conquistarlo y ser mayoría.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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