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Ñuble y la ilusión de la descentralización

por 19 julio, 2017

En estos días abundan las sonrisas y abrazos en Chillán. Después de tanto trabajo y esfuerzo, lograron un anhelo largamente esperado: crear la Región de Ñuble. De ello se desprende un sinnúmero de expectativas asociadas al bienestar socioeconómico y progreso de la región.

Pero, más allá de los meritorios argumentos que dieron vida a esta proeza, caben algunos cuestionamientos. ¿Se podrán cumplir las expectativas ciudadanas? Y, más aún, ¿es este un paso en favor de la esperada –y dilatada- descentralización del país?

Sobre lo primero, es claro que la inversión pública per cápita aumentará, tanto en la nueva Región de Ñuble, como en la residual del Biobío. Así quedó demostrado con los casos de Arica y Parinacota y Los Ríos, regiones creadas en 2007. No obstante, a 10 años de su creación, aún no hay indicios claros que permitan evidenciar si el aumento de los recursos se ha plasmado en una mejora en las condiciones de vida de los habitantes. Además, la estructura de funciones y atribuciones de los Gobiernos Regionales limita en demasía que desarrollen políticas públicas que promuevan la educación, salud, empleo y economía territorial, entre otros. La Región de Ñuble era, quizás, la oportunidad de innovar con un diseño y estructura más autónoma, para probar el Chile descentralizado del mañana. Ello no pasó y Ñuble se enfrentará a la misma camisa de fuerza del centralismo que experimentan las otras 15 regiones del país.

Por otro lado, la creación de nuevas regiones, en términos estructurales, debilita al proceso de descentralización: hoy contamos con más regiones, pero con menos poder, al menos en el caso del Biobío, bastión histórico de contraposición a Santiago. De hecho, si el gobierno central no quisiera descentralizar, lo que más le convendría es tener a un gran número de regiones. Todas pequeñas, con baja densidad, capacidades productivas limitadas, con dificultades enormes para ponerse de acuerdo e ir a Santiago a exigir sus demandas. Básicamente, atomizar su poder.

Existe un común denominador en todos los territorios que se quieren constituir en una comuna o región distinta a la que pertenecen: el sentimiento de olvido de su respectiva capital comunal o regional, según sea el caso, lo que se manifiesta principalmente en menor inversión y gasto público. El caso de Chillán, con Concepción, no fue la excepción.

Existe un común denominador en todos los territorios que se quieren constituir en una comuna o región distinta a la que pertenecen: el sentimiento de olvido de su respectiva capital comunal o regional, según sea el caso, lo que se manifiesta principalmente en menor inversión y gasto público. El caso de Chillán, con Concepción, no fue la excepción.

Si ese es el diagnóstico generalizado, antes de crear más comunas y regiones, convendría explorar una solución más eficiente dado que involucra menos recursos fiscales y no necesita cambios legales: aumentar los recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional y establecer criterios de distribución equitativos al interior de cada una de las regiones, para que ningún territorio se sienta rezagado. Ello, sumado a la elección democrática del futuro Gobernador Regional y a las nuevas atribuciones que se discuten en el Congreso, iría en línea con la efectiva descentralización del país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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