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Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 04:10

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El oxímoron de Chadwick y el “nuevo relato” de la derecha chilena

por 2 noviembre, 2017

El oxímoron de Chadwick y el “nuevo relato” de la derecha chilena
En conversación con Fernando Paulsen, el jefe de campaña Andrés Chadwick dio un ejemplo formidable de cómo opera un oxímoron, en momentos en que defendía la utilización del concepto de ‘universalidad’ en el programa de Sebastián Piñera. Tanto para Chadwick como para la derecha político-económica en general, la universalidad es exactamente lo opuesto de sí misma, esto es, una “universalidad parcial”, una “universalidad... para quienes la necesitan”. No es posible unificar derechos universales con principios focalizadores –por cierto, tan propios del gremialismo–, ya que ambas directrices provienen de troncos y derivaciones filosóficas, políticas y culturales completamente diferentes.

El tema de los programas de Gobierno se instaló en el centro de la discusión política. Y  probablemente seguirá estando presente por algunos días más.

La discusión difícilmente alcanzará las mismas repercusiones mediáticas provocadas por el programa bacheletista de la Nueva Mayoría, sepultado en su viabilidad a las pocas semanas por los sectores restauradores que formaban parte del pacto –liderados por la Democracia Cristiana y comandados por la vieja guardia concertacionista–, los cuales habían aprovechado astutamente la popularidad de Michelle Bachelet y del otrora “acuerdo político-programático” para conquistar sendas victorias electorales a niveles presidencial y parlamentario. A poco andar de la nueva administración, los sectores restauradores consolidaron su hegemonía en el terreno reformista y en campos tan emblemáticos como las reformas tributaria, laboral, constitucional, por no mencionar la última reforma al sistema de pensiones propuesta por el Gobierno.

Muy poco de este contexto queda, debido a la implosión del actual pacto gobernante.

Con todo, y a pesar de que las repercusiones del debate programático actual se prevén menos atronadoras que en las presidenciales del 2013, la elevación del tema en la agenda pública a casi un mes de las elecciones mantiene elementos dignos de consideración, en particular, si nos detenemos en uno de los principales acontecimientos mediáticos en el inicio de esta semana, vale decir: el lanzamiento del esperado programa de Gobierno de Sebastián Piñera.

Quien lidera cómodamente en las encuestas, presentó con “bombos y platillos” su programa a inicios de esta semana. El documento titulado “Construyamos tiempos mejores para Chile” fue anunciado días después de haberse consolidado en el ambiente las lecturas de los resultados de la última encuesta CEP, la cual ratificaba el predominio de Sebastián Piñera y Chile Vamos a tres semanas de las elecciones.

Esta situación no solo alentó el pronóstico de una eventual victoria de Piñera en primera vuelta, sobre todo, si es que se concreta un escenario de baja participación electoral. Una parte de la intelectualidad orgánica del establishment incluso fue más arriesgada, instalando dos lecturas adicionales en vista de los últimos resultados de la encuesta CEP, estableciendo: 1) que los proyectos “refundacionalistas” habían fracasado y 2) que la derecha lograba conectarse con el ethos de una sociedad meritocrática.

Como establecía al inicio de esta columna, es poco probable que las inconsistencias y fisuras programáticas del documento “Construyamos tiempos mejores para Chile” alcancen el nivel de resonancia que logró el programa bacheletista de la Nueva Mayoría, sin embargo, a menos de tres semanas de las elecciones, la situación de seguro abrirá el apetito de sus críticos y competidores, dejando en una posición quizás más favorable al Frente Amplio en vista del modo en que construyó y elaboró su programa de Gobierno, más aún tras las declaraciones de Alejandro Guillier, quien mencionó el lunes pasado que el programa de la Fuerza de la Mayoría lo daría a conocer después de la primera vuelta presidencial, sin duda, un acontecimiento inédito en nuestra historia política.

La condensación ideológica de este “nuevo relato” se estrenaba envuelta en los laureles de la encuesta CEP, divulgándose en las más variadas formas y colores. Desde el editorial de La Tercera del pasado domingo, hasta las tradicionales columnas de Carlos Peña y Héctor Soto en las secciones de Reportajes de El Mercurio y La Tercera, respectivamente. Sin embargo, la síntesis del momento político que vive el país y sus fuerzas políticas desde la perspectiva de la derecha, proviene de la pluma del principal asesor comunicacional del comando de Sebastián Piñera: Gonzalo Cordero. La tesis central del “nuevo relato” es que cualquier proyecto político que pretenda transformar el statu quo construido durante las últimas décadas se estrellará contra el muro de valores de una sociedad eminentemente de clase media, que es el Chile de hoy.

Hasta el lunes, este era el telón de fondo. La táctica desplegada por el comando a tres semanas de las elecciones marchaba a la perfección. Sin embargo, a pocas horas de lanzado el documento “Construyamos tiempos mejores para Chile”, surgió la noticia de que este incluye 21 obras licitadas y/o implementadas en el actual Gobierno sin señalarlo, y que incluso incluye una ruta que ya está operando. Quien incendiaría la pradera sería el actual ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga, que manifestó a través de su cuenta de Twitter lo siguiente: "Insólito programa de Sebastián Piñera –21 obras empezadas y/o licitadas en nuestro Gobierno– lo invito a no esconder origen y decir la verdad".

La imagen de un Gobierno de excelencia que encauzará nuestro ethos mesocrático a la vía del nuevo espíritu del capitalismo, quedaba empañada por un error garrafal que de seguro ha minado las aspiraciones de una que otra carta ministerial con pretensión de instalarse a la cabeza del MOP ante un eventual Gobierno de Piñera.

Seguramente esta notica desaparecerá prontamente de los medios. No obstante, hay una dimensión discursiva en el programa del candidato de Chile Vamos y tiene que ver con la incorporación del concepto de universalidad, un concepto que claramente no está incorporado en el vocabulario ideológico-conceptual de la derecha.

En conversación con Fernando Paulsen, el jefe de campaña Andrés Chadwick dio un ejemplo formidable de cómo opera un oxímoron, en momentos en que defendía la utilización del concepto de ‘universalidad’ en el programa de Sebastián Piñera. Según la RAE, un oxímoron es una “combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido”.

Ciertamente, no hablamos simple y llanamente de una formal “contradicción semántica” que ocurre desinteresadamente en el terreno del lenguaje. Tampoco es un mero acierto (o desatino) comunicacional, que de seguro traerá consigo la crítica de ciertos miembros ortodoxos del sector, empezando por José Antonio Kast.

Tanto para Chadwick como para la derecha político-económica en general, la universalidad es exactamente lo opuesto de sí misma, esto es, una “universalidad parcial”, una “universalidad... para quienes la necesitan”. No es posible unificar derechos universales con principios focalizadores –por cierto, tan propios del gremialismo–, ya que ambas directrices provienen de troncos y derivaciones filosóficas, políticas y culturales completamente diferentes.

Como establecía al inicio de esta columna, es poco probable que las inconsistencias y fisuras programáticas del documento “Construyamos tiempos mejores para Chile” alcancen el nivel de resonancia que logró el programa bacheletista de la Nueva Mayoría, sin embargo, a menos de tres semanas de las elecciones, la situación de seguro abrirá el apetito de sus críticos y competidores, dejando en una posición quizás más favorable al Frente Amplio en vista del modo en que construyó y elaboró su programa de Gobierno, más aún tras las declaraciones de Alejandro Guillier, quien mencionó el lunes pasado que el programa de la Fuerza de la Mayoría lo daría a conocer después de la primera vuelta presidencial, sin duda, un acontecimiento inédito en nuestra historia política.

A menos de tres semanas de las elecciones, el modo en que lleguen los competidores a la meta del 19-N todavía puede sufrir variaciones significativas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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