La fractura irreparable de la centroizquierda - El Mostrador

Sábado, 18 de noviembre de 2017 Actualizado a las 13:07

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La fractura irreparable de la centroizquierda

por 10 noviembre, 2017

La fractura irreparable de la centroizquierda
La Concertación no va a volver y la Nueva Mayoría, hoy en fase terminal, no va a evolucionar a ser más que el débil acuerdo político que es hoy, ya que apenas acierta a entender lo que ha pasado. Sebastián Piñera ganará la primera vuelta gracias a nosotros. El Frente Amplio va a sumar algunos parlamentarios gracias a nosotros. La derecha va a reforzar su influencia en la Cámara gracias a nosotros. Y lo peor es que las consecuencias las va a pagar la ciudadanía, que está enojada con nosotros y que no va a ir a votar, como un acto de protesta, y que se aleja cada vez más de la política porque nosotros mismos nos alejamos de la política en pos de cálculos electorales mezquinos.

Los depredadores se dan cuenta cuando una eventual presa está vulnerable. Lo aprovechan.

Sebastián Piñera no va a ganar la primera vuelta por ser un líder carismático y querido, ni por sus propuestas o por su relato. Su liderazgo no puede estar más lejos del afecto extendido y la fuerza del relato con que la Presidenta Bachelet enfrentó la elección en 2013. Su éxito, por ahora, está dado porque olfateó, mejor que nadie, la profundidad de la herida de lo que alguna vez fue la coalición más importante de este país.

Lo ha demostrado, sin pudor, al apelar a los viudos de la Concertación, a la reivindicación de la figura de Patricio Aylwin, a la clase media. Y lo ha reafirmado con un programa reactivo, que se sustenta casi en su totalidad en “enmendar los errores” de la actual administración, en desandar lo avanzado en estos cuatro años y en “rescatar” la economía. No le importa zigzaguear entre anuncios de cobertura gratuita y universal de salas cunas, que luego en realidad no son para todos, y anuncios de recortes de gastos ineficientes, sobre los cuales luego reconoce no tener idea de cuáles son. Lo suyo es capitalizar sobre la verdadera fractura expuesta que atraviesa a los partidos que dimos sustento a este Gobierno.

Lo mismo hace el Frente Amplio, que –como hizo antes MEO– percibe los complejos que se arrastran hace décadas en la DC, el PS y el PPD, y también saca su tajada. Percibe la vergüenza que experimentan tantos por haber tenido el pragmatismo, más allá de prejuicios añejos, de combinar mercado y Estado para ampliar el bienestar y las oportunidades de la mayoría de los chilenos como nunca antes en nuestra historia. Percibe el infantilismo psicológico de pensar que “los modelos” son más importantes que la capacidad material de lograr aquello que uno se propone.

Y la Nueva Mayoría, hoy en fase terminal, apenas acierta a entender lo que ha pasado.

En vez de dialogar, validar los acuerdos y enfrentar los desacuerdos –en vez de hacer política, ni más ni menos–, la Nueva Mayoría prefirió aferrarse a una figura salvadora que, pese a desconfiar profundamente de los partidos y la política, exhibía una fuerza electoral que creyeron suficiente para alcanzar el poder.

Sebastián Piñera ganará la primera vuelta gracias a nosotros. El Frente Amplio va a sumar algunos parlamentarios gracias a nosotros. La derecha va a reforzar su influencia en la Cámara gracias a nosotros. Gracias al trabajo que no hicimos, a las lecciones que no aprendimos, y a la herida que no curamos a tiempo, cuando todavía no había riesgo de gangrena.

Las consecuencias las vamos a pagar como centroizquierda y las va a pagar cada partido en particular. Pero peor aún: las va a pagar la gente a la que dejamos de representar. La ciudadanía que está enojada con nosotros y que no va a ir a votar, como un acto de protesta, y que se aleja cada vez más de la política porque nosotros mismos nos alejamos de la política en pos de cálculos electorales mezquinos.

La Concertación no va a volver y la Nueva Mayoría no va a evolucionar a ser más que el débil acuerdo político que es hoy. Y será tarea nuestra, de los que todavía creemos en la necesidad de una fuerza reformadora, en el valor de la justicia y la libertad, en la urgencia de mirar al futuro en vez de vivir anclados en un pasado que ya no retornará, iniciar el largo camino de la reconstrucción de la centroizquierda.

Mientras tanto, las fuerzas de la naturaleza se seguirán ocupando de llenar el vacío que dejamos abierto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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