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Lunes, 22 de enero de 2018 Actualizado a las 00:25

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Errores en el padrón del Servel: ¿qué pasa con los 14 mil fallecidos habilitados para votar?

por 16 noviembre, 2017

Errores en el padrón del Servel: ¿qué pasa con los 14 mil fallecidos habilitados para votar?
Esa insólita situación obedecería a que el Servicio Electoral no ha recibido los certificados de defunción correspondientes de parte del Registro Civil. Ahora bien, sería recomendable que el Servel haga una auditoría luego de estas elecciones, para saber si hubo difuntos que votaron, y que como país implementemos de una vez por todas el voto electrónico, ya que el mecanismo actual -basado en papeles- está obsoleto, se presta para errores y fraudes, y genera trabajos innecesarios a los vocales de mesa, a los funcionarios de Servel y a los propios electores.

La Real Academia Española señala que "cagada" es una palabra castiza pero malsonante, que se refiere a evacuar el vientre y también a un error difícil de solucionar.

A comienzos de octubre, la prensa informó que el padrón del Servicio Electoral (Servel) contiene los nombres de muchas personas fallecidas, pero que legalmente siguen habilitadas para votar.  De hecho, en ese padrón figuran 45 mil personas habilitadas con más de 100 años de edad, y dos mil con más de 130 años, lo que de por sí parece absurdo.

Esa insólita situación obedecería a que el Servel no ha recibido los certificados de defunción correspondientes, que –según entendemos– debió haber expedido el Servicio de Registro Civil.

En todo caso, la prensa también señaló que el Registro Civil instruyó al Servicio Electoral para que elimine del padrón a alrededor de 14 mil fallecidos, lo que habría sido rechazado por el Servel, debido a que no se acompañaron los respectivos certificados de defunción.

Pero la magnitud de este error –que podría acarrear efectos adversos al país y que por lo mismo huele mal– parece ser muy superior a 14 mil personas.

En efecto, según señaló el Servicio Nacional del Adulto Mayor, en 2014 había en el país solo unos 6 mil chilenos con 100 años o más (La Tercera, 20 de abril de 2014), pero este dato colisiona frontalmente con lo informado por el Registro Civil en 2012, que puntualizó que en Chile había solo 752 personas con 100 años o más, y que en ese entonces la persona más longeva del país era don Celino Villanueva, con 116 años de edad (La Tercera, 23 de septiembre de 2012).  ¡Es imposible entender cómo tres organismos públicos pueden manejar cifras tan dispares!

No quiero ser mal pensado, pero una falta de prolijidad como la señalada podría dar lugar, por ejemplo, a que gente fallecida sea revivida computacionalmente o, al menos, no dada de baja del padrón del Servel, para que algunas personas vivas –bien vivas– voten dos o tres veces. No sería fácil hacer un fraude así, pero tampoco es imposible, menos en un país con tanto pillo, como lamentablemente es el nuestro.

Pero intentemos estimar la magnitud del problema con un método muy simple. Según el Servicio Electoral, en el padrón electoral hay 14,3 millones de electores (todos mayores de 18 años). Si a esos 14,3 millones de personas les agregamos 3 millones que están en enseñanza básica o media, alrededor de 1,5 millones que tienen menos de 6 años y más o menos 1 millón de extranjeros residentes en Chile (legales e ilegales) no inscritos en el padrón, llegaríamos a una población total de 19,8 millones de personas.

Sin embargo, luego del último censo, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) –un cuarto organismo público– dice que solo somos 17,4 millones de personas. En otras palabras, o sobran 2,4 millones de personas en el padrón del Servicio Electoral, o falta una cantidad similar en el Registro Civil.

¿Será entonces que hay una cagada en la base de datos del Registro Civil o la cagada está en el padrón electoral?  ¿Y cuáles podrán ser los efectos adversos de una cagada así?  Pues, hay varios posibles efectos.

No quiero ser mal pensado, pero una falta de prolijidad como la señalada podría dar lugar, por ejemplo, a que gente fallecida sea revivida computacionalmente o, al menos, no dada de baja del padrón del Servel, para que algunas personas vivas –bien vivas– voten dos o tres veces. No sería fácil hacer un fraude así, pero tampoco es imposible, menos en un país con tanto pillo, como lamentablemente es el nuestro.

Asimismo, ese error podría dar lugar a que personas vivas –sinvergüenzas, mejor dicho– sigan cobrando pensiones de personas fallecidas, u obteniendo otros beneficios del Estado, que ciertamente no les corresponden.  También sería gravísimo, pero no imposible.

¿Y qué pasaría si efectivamente somos 19,8 millones de personas, y no 17,4? Eso tampoco es descartable a priori, pero en tal caso significaría que nuestro PIB per cápita, y otros indicadores similares, serían inferiores a los que conocemos y que algunas políticas públicas –como las de vivienda, por ejemplo– podrían estar siendo mal diseñadas.

En todo caso, el incidente entre el Servel y el Registro Civil también revela que la burocracia se ha enseñoreado en nuestro país, dificultando en este caso la transparencia con la que debe actuar el Estado. ¿Es que no le basta al Servel con hacer un simple cruce entre su base de datos y la del Registro Civil, para saber quiénes tienen derecho a voto en la actualidad?  ¿O requiere el Servel que el Registro Civil le imprima y mande 2,4 millones de certificados de defunción, para digitar –a mano– la información correspondiente? Esto también huele mal.

Se requiere, por lo tanto, la más pronta actuación de las actuales y de las próximas autoridades, para que sepamos cuántos somos realmente y para poner término inmediato a cualquier irregularidad que pudiera existir a causa de esos errores, sin perjuicio de sancionar a los responsables, por su negligencia, y eventualmente también a los sinvergüenzas que se hubiesen aprovechado de esta situación.

Por de pronto, también sería recomendable que el Servicio Electoral haga una auditoría luego de estas elecciones, para saber si hubo difuntos que votaron, y que como país implementemos de una vez por todas el voto electrónico, ya que el mecanismo actual –basado en papeles– está obsoleto, se presta para errores y fraudes, y genera trabajos innecesarios a los vocales de mesa, a los funcionarios de Servel y a los propios electores.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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