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Vamos perdiendo frente al cambio climático

por 21 noviembre, 2017

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Con ocasión de la Conferencia 23 de las Partes de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, que termina este fin de semana después de sesionar dos semanas en Bonn, Alemania, la ONU Medio Ambiente (ONUMA) presentó un informe que nos obliga a revisar los objetivos del Acuerdo de Paris. En el se destaca que los compromisos de los gobiernos solo alcanzarían un tercio de la reducción de emisiones requerida en 2030 para cumplir los objetivos climáticos. El Acuerdo de París tiene como objetivo limitar el calentamiento global a menos de 2 °C y tiene sobre la mesa un objetivo más ambicioso, de 1.5 °C. El cumplimiento de estas metas reduciría la probabilidad de impactos climáticos severos que podrían dañar la salud humana, los medios de subsistencia y las economías de todo el mundo.

La Conferencia de Bonn ha recibido también otros Informes los que han encendido las alarmas del Cambio Climático. Los últimos datos entregados por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) muestran que ha ocurrido un peligroso aumento de CO2 en las últimas décadas, alcanzándose un nuevo record en 2016. En la actualidad las concentraciones de CO2 en la atmósfera son superiores a las que el planeta ha experimentado en los últimos 800.000 años.

Por su parte el último Informe de Evaluación Nacional Climática de EEUU recién publicado, muestra que “las temperaturas son las más elevadas de la historia de la civilización moderna” y concluye que es “extremadamente probable que las actividades humanas sean las causa principal”. Lo que viene a sepultar lo sostenido por los negacionaistas y asesores del Presidente Trump que se resisten a aceptar esta evidencia. El mensaje de la documentación preparada para la Conferencia de Bonn y todos los informes presentados es concluyente: “Necesitamos acelerar nuestras acciones y tenemos que hacer más ambiciosos nuestros objetivos”.

Pero así como van las cosas a Noviembre de 2017, incluso aunque se consiga una plena ejecución de las actuales contribuciones comprometidas a nivel nacional -condicionales e incondicionales- hace muy probable que a pesar de todos los esfuerzos no logremos nuestro objetivo y que la temperatura siga aumentando en por lo menos 3°C para el año 2100. Esto significa que todos los actores incluyendo gobiernos, empresas, ciudadanos en todos los ámbitos ya sea global, regional, nacional o local, vamos a tener que hacer promesas mucho más fuertes y cumplirlas en la revisión del Acuerdo de Paris programada para 2020 en Cancún, México.

La situación es muy complicada. Se estima que hay 6.683 centrales eléctricas de carbón funcionando en el mundo, con una capacidad combinada de 1.964 GW. Si estas plantas se operan hasta el final de su vida útil y no se adaptan con la captura y el almacenamiento de carbono, emitirían un acumulado de 190 Gt de CO2. A principios de 2017, se estaban construyendo 273 GW de capacidad adicionales en base a carbón y 570 GW estaban en planificación.

Si Estados Unidos cumple con su intención declarada de abandonar el Acuerdo de París en 2020, la situación podría ser aún más sombría. En este escenario, el informe de ONUMA presenta formas prácticas de recortar las emisiones a través de una rápida acción de mitigación basada en opciones existentes en los sectores de la agricultura, la construcción, la energía, la silvicultura, la industria y el transporte. Las medidas enérgicas contra gases causantes del cambio climático como los hidrofluorocarbonos, a través de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, y otros contaminantes climáticos de vida corta (como el carbono negro), también podrían ser una contribución real.

En otras palabras, un año después de la entrada en vigor del Acuerdo de París, aún nos encontramos en un escenario en el que no estamos haciendo lo suficiente para salvar a cientos de millones de personas de un futuro doloroso. Esto es inaceptable. Si invertimos en las tecnologías correctas, asegurando que el sector privado participe, aún podemos cumplir la promesa de proteger el futuro de nuestros hijos. Pero tenemos que abordar el problema ahora. Las emisiones de CO2 se han mantenido estables desde 2014, en parte gracias a las energías renovables, especialmente en China e India. Esto ha aumentado las esperanzas de que las emisiones hayan llegado a su punto máximo, un máximo que solo puede alcanzarse antes de 2020 para que el mundo permanezca en una trayectoria climática exitosa. Sin embargo, el informe ONUMA advierte que otros gases de efecto invernadero, como el metano, siguen al alza y que una racha en el crecimiento económico mundial podría volver a poner fácilmente las emisiones de CO2 en una tendencia ascendente.

Otra cuestión que se destaca en el Informe es que las promesas actuales del Acuerdo de París harían que las emisiones en 2030 estén entre 11 y 13.5 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e), es decir van a ser superiores al nivel necesario para mantener al mundo en el camino de menor costo hacia el objetivo de 2°C. Es decir, vamos mal, en los próximos años la comunidad internacional va a tener que redoblar sus esfuerzos. Una gigatonelada es aproximadamente equivalente a un año de emisiones del transporte en la Unión Europea (incluyendo la aviación). La brecha de emisiones en el caso del objetivo de 1.5 °C es ahora de 16 a 19 GtCO2e, lo que está también por encima de las estimaciones previas según lo indican los nuevos estudios disponibles. Estos datos nos obligan a concluir que el Acuerdo de París aunque sigue alentando la acción climática, su impulso aún es débil y el logro de sus metas ante la realidad climática actual ahora está tambaleando. Nos enfrentamos a esta dura elección: elevar nuestra ambición o sufrir las consecuencias. No hay posibilidad de relajarse.

Los pasos a dar en el futuro inmediato será elevar las inversiones en tecnologías, esto es clave para el éxito. Para evitar rebasar los límites impuestos en el Acuerdo de París, los gobiernos (incluso actualizando sus promesas), el sector privado, las ciudades y otros deben buscar urgentemente acciones que produzcan recortes más profundos y rápidos. Existen formas de hacerlo, particularmente en la agricultura, la construcción, la energía, la silvicultura, la industria y el transporte. Las inversiones en tecnología en estos sectores -con un costo de menos de USD 100 por tonelada de CO2 evitada y a menudo mucho menos- podrían ahorrar hasta 36 GtCO2e por año antes de 2030.

Gran parte del potencial en todos los sectores proviene de la inversión en energía solar y eólica, aparatos y automóviles de pasajeros eficientes, reforestación y detener la deforestación. Centrarse solo en las acciones recomendadas en estas áreas, que tienen costos modestos o netos negativos, podría reducir hasta 22 GtCO2e en 2030. Estos ahorros por sí solos pondrían al mundo bien encaminado para alcanzar el objetivo de 2 °C y desbloquearían la posibilidad de alcanzar la aspiración de 1.5 °C.

Otra cuestión muy relevante que está ganando terreno en las prioridades es el peso y la influencia que podrían tener las acciones de organismos no gubernamentales y otras iniciativas privadas. Al Cambio Climático hay que atacarlo en todos los frentes y requiere hacer una distinción para destacar lo importante que podrían ser las acciones al interior de un país llevadas a cabo descentralizadamente por organismos no estatales y sub-nacionales (como las ciudades y el sector privado). Podrían contribuir enormemente a reducir la brecha de emisiones de 2030 en algunas GtCO2e, incluso contabilizando su superposición con las contribuciones determinadas a nivel nacional. Por ejemplo, las 100 empresas más grandes del mundo que cotizan en la bolsa representan alrededor de una cuarta parte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que demuestra una gran posibilidad para mayores ambiciones.

La Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal tiene como objetivo eliminar el uso y la producción de hidrofluorocarbonos (HFCB), productos químicos utilizados principalmente en el aire acondicionado, la refrigeración y el aislamiento con espuma. (Los HFCB sustituyeron en la industria a los Clorofluorocarbonos (CFC ) que estaban destruyendo la Capa de Ozono, fueron buenos para proteger la Capa de Ozono pero la gran paradoja es que resultaron ser muy dañinos para el Calentamiento Global). De todas maneras, si la Enmienda se implementa con éxito, se iniciará demasiado tarde como para impactar en la brecha de 2030, pero sería igual una contribución real para alcanzar los objetivos de temperatura a más largo plazo.

Aunque el G20 de los países ricos industrializados está encaminado colectivamente para cumplir los compromisos climáticos de Cancún en 2020, estas promesas lo sabemos hoy en Noviembre de 2017 que no crean un punto de partida suficientemente ambicioso como para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. El año 2020 está a la vuelta de la esquina y las naciones del G20 aún pueden tomar medidas que conduzcan a reducciones en el corto plazo y abran el camino a más cambios en la siguiente década. Por ejemplo, evitar nuevas plantas de energía a base de carbón y acelerar la eliminación progresiva de las plantas existentes, asegurando el manejo cuidadoso de cuestiones como el empleo, los intereses de los inversores y la estabilidad de la matriz eléctrica, ayudaría a lograr las metas globales. En la Conferencia de Bonn hace unos días varios Jefes de Estado tuvieron que admitir que han sido incapaces de desligar a la industria nacional del uso del carbón, entre ellos Merkel, Canciller de Alemania quien junto a Macron de Francia son los líderes del compromiso gubernamental por la plena ejecución del Acuerdo de Paris.

La situación es muy complicada. Se estima que hay 6.683 centrales eléctricas de carbón funcionando en el mundo, con una capacidad combinada de 1.964 GW. Si estas plantas se operan hasta el final de su vida útil y no se adaptan con la captura y el almacenamiento de carbono, emitirían un acumulado de 190 Gt de CO2. A principios de 2017, se estaban construyendo 273 GW de capacidad adicionales en base a carbón y 570 GW estaban en planificación. Estas nuevas plantas podrían generar emisiones adicionales acumuladas de aproximadamente 150 Gt de CO2. Diez países representan aproximadamente 85% de toda la red de carbón: China, India, Turquía, Indonesia, Vietnam, Japón, Egipto, Bangladesh, Pakistán y la República de Corea.

Otra cuestión que está recibiendo más y más atención es la opción de la eliminación de CO2 de la atmósfera, mediante forestación, reforestación, manejo forestal, restauración de tierras degradadas y mejora del carbono en el suelo. Además, un nuevo informe publicado por la “Coalición 1 Gigatón” hace un mes muestra que los proyectos de energía renovable y eficiencia energética que esta respalda en los países en desarrollo pueden reducir 1.4 GtCO2e en 2020, siempre que la comunidad internacional cumpla su promesa de movilizar anualmente USD 100.000 millones para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático y reducir sus emisiones. La cuestión clave antes del cierre de la Conferencia de Bonn este Viernes (o Sábado o Domingo si las negociaciones se complican) es que la comunidad internacional cumpla con los fondos que prometieron para apoyar a las naciones en desarrollo en su acción climática. Como siempre en este tipo de asuntos, el financiamiento es el quid de la cuestión.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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