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Miércoles, 13 de diciembre de 2017 Actualizado a las 19:21

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Sea quien sea el Presidente, en el Congreso estará su mayor desafío

por 4 diciembre, 2017

Sea quien sea el Presidente, en el Congreso estará su mayor desafío
Si en los últimos años, los partidos tradicionales han sido incapaces de mantener una disciplina con sus parlamentarios, qué podemos esperar de personajes que de seguro tendrán una agenda propia. Pamela Jiles, la animadora de TV, ya le advirtió a Gabriel Boric que él no era su jefe, demostrando que le costará mucho seguir lineamientos. Lo mismo vale para Florcita Motuda, Amaro Labra (del grupo Sol y Lluvia), René Alinco –desaforado en 2010 por conducir en estado de ebriedad–, todo ello sin contar a los chicos reality.

Partamos por que que el nuevo sistema electoral trajo un aire fresco a nuestra política. El término del binominal implicó romper la lógica de dos grandes bloques que, al más puro estilo Demócratas y Republicanos, se distribuían casi en partes iguales el Congreso. Además de la irrupción de nuevas fuerzas, quizás lo más importante es la renovación de rostros, los que representan a distintos ámbitos de la sociedad. De hecho, contaremos con 92 diputados que se integran a la Cámara –constituyen el 59% del total de 155– y 17 senadores nuevos. Esta era una señal necesaria, imprescindible, para proyectar un giro, un punto de quiebre en relación con ese manto de desconfianza que se instaló en la política –particularmente en los políticos– a raíz del financiamiento ilegal de las campañas. Parlamentarios desaforados, investigados e incluso un ex presidente de partido –la UDI– condenado por la justicia.

Sin duda que este sistema proporcional moderado ayudará a profundizar la democracia, ya que aporta mayor diversidad, pese a que también en su debut desnudó algunas distorsiones que deberían ser abordadas con seriedad. ¿Qué representatividad puede tener una senadora de la república electa con un paupérrimo 1%, como es el caso de Carmen Gloria Aravena (Evópoli), o una diputada que sacó apenas el 1,02% –Natalia Castillo–, producto de que fue “arrastrada” por Giorgio Jackson?

Ya es un hecho que el próximo Gobierno tendrá un período difícil. Aunque tendremos mayor crecimiento –cercano a 3% en 2018 y entre un 3,2 o 3,3 en 2019– y una mejor perspectiva del cobre, las altas expectativas que se han levantado, especialmente en estas breves dos semanas, empujadas por captar electores para la segunda vuelta a costa de lo que sea, hacen prever que la discusión parlamentaria será clave para aprobar los proyectos que se impulsen desde el Ejecutivo.

Sin embargo, en el Congreso que tendremos desde el 11 de marzo no existirán mayorías. Es decir, habrá que negociar cada proyecto, desde las leyes que requieran cuórum simple, que deben contar con la mayoría de los miembros presentes en Sala, hasta las leyes orgánicas constitucionales, las que demandan de 4/7 de los diputados y senadores en ejercicio. Entonces, la cocinería de Zaldívar se trasladará al hemiciclo.

Bueno, y en la ex Nueva Mayoría las cosas ni siquiera son claras. No sabemos aún si existirá un conglomerado que una a la centroizquierda –43 diputados– con la Democracia Cristiana –que tendrá 13–, pero lo que sí es un hecho es que durante el Gobierno de Michelle Bachelet, en proyectos claves impulsados por el Ejecutivo, se evidenciaron fuertes diferencias, rematando en la decisión de la DC de correr con candidata propia, con los resultados que todos conocemos.

Veamos el caso de la Cámara Baja. Aquí entrará a cumplir un rol clave la bancada que bautizaré como la del “grupo de los 25”, la que estará compuesta por 20 del Frente Amplio, 4 de la Coalición Regionalista Verde (CRV) y 1 del PRO. En el caso del FA, ya tenemos señales concretas de que, seguramente, ni siquiera tendrán acuerdo entre ellos para alinear un voto común. Las dificultades para tomar una postura en segunda vuelta es una demostración de esto. De hecho, el comunicado leído por Beatriz Sánchez, el miércoles pasado, quedará como una pieza comunicacional de antología sobre la ambigüedad y falta de consistencia en los argumentos. Sin duda, reflejó las diferencias entre los 13 grupos que componen el conglomerado.

A eso se suman el round entre Jiles y Boric, las críticas de Mayol por la decisión tomada respecto de no apoyar a Guillier o las declaraciones de Jorge Sharp: “No votar por Piñera significa votar por Guillier”. La CRV, por su parte, es un grupo que proviene de distintos partidos, los que tienen poco en común. De seguro, será liderado por Esteban Velásquez, el ex alcalde de Calama, un regionalista que organizó a 14 alcaldes del norte, encabezando una serie de movilizaciones, exigiendo que las empresas dejen mayores tributos en las regiones. Y, por último, Marisela Santibáñez, única representante del PRO, será la carta de ME-O para influir en la agenda del Parlamento, pero especialmente para pavimentar su cuarto intento de llegar a La Moneda, decisión que ya comunicó.

Si en los últimos años, los partidos tradicionales han sido incapaces de mantener una disciplina con sus parlamentarios, qué podemos esperar de personajes que de seguro tendrán una agenda propia. En la discusión que mencioné antes, Pamela Jiles, la animadora de TV, le advirtió a Gabriel Boric que él no era su jefe, demostrando que le costará mucho seguir lineamientos. Lo mismo vale para Florcita Motuda, Amaro Labra (del grupo Sol y Lluvia), René Alinco –desaforado en 2010 por conducir en estado de ebriedad–, Pedro Velásquez –quien fue condenado por fraude al fisco cuando era alcalde y luego censurado en su rol de diputado, por lo que debió abandonar el Congreso–, los ex chicos reality Maite Orsini y Andrés Longton, o Emilia Nuyado, la primera dirigenta mapuche en llegar al Parlamento. También es seguro que el pastor Durán –ese que insultó a la Presidenta en el Tedeum Evangélico– se opondrá a cualquier votación que intente avanzar en temas ético-valóricos, aunque estos provengan de Chile Vamos. Y Evópoli tendrá diferencias de fondo con la UDI en lo valórico.

Bueno, y en la ex Nueva Mayoría las cosas ni siquiera son claras. No sabemos aún si existirá un conglomerado que una a la centroizquierda –43 diputados– con la Democracia Cristiana –que tendrá 13–, pero lo que sí es un hecho es que durante el Gobierno de Michelle Bachelet, en proyectos claves impulsados por el Ejecutivo, se evidenciaron fuertes diferencias, rematando en la decisión de la DC de correr con candidata propia, con los resultados que todos conocemos.

A modo de ejemplo, si gana Piñera, tendrá que intentar legislar para volver a bajar a 120 los diputados –uno de sus proyectos que menos polémica ha desatado–, algo completamente imposible cuando recién han sido electos 155 parlamentarios; validar la gratuidad universal pero solo a nivel técnico profesional, con la consiguiente oposición cerrada del FA y las protestas de los universitarios. o hacer cambios a la Reforma Laboral, con una defensa cerrada de la ex Nueva Mayoría y el “grupo de los 25”.

Si gana Guillier, difícilmente logrará cumplir con la promesa de la condonación del CAE al 40% más vulnerable. Ahí la oposición será del FA y Chile Vamos. Y qué decir con respecto a las modificaciones al sistema de AFP: la derecha lo considerará un ataque y el FA una medida insuficiente.

Es cierto, las cosas no serán fáciles para ninguno de los dos candidatos, los que llegarán casi empatados al 17 de diciembre; sin embargo, la buena noticia es que los chilenos estarán mucho más representados gracias a un sistema que incluirá mayor diversidad. Son los beneficios y costos de una democracia más de acuerdo a estos tiempos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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