La deleznable idea descartada que hoy marca el futuro - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 18:21

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La deleznable idea descartada que hoy marca el futuro

por 5 diciembre, 2017

Con la pérdida presidencial de Eduardo Frei Ruiz-Tagle en el año 2009, fueron diversas fuerzas internas, dentro de la entonces Concertación que, evaluando las variables que llevaron a la derrota, mas allá de la figura del candidato y deteniendose en los relatos con sus ejes programáticos que articulaban a la coalición, empezaron a buscar estrategias de rearticulación, proponiendo con ello la renovación de la centro izquierda concertacionista.

Las primeras conjugaciones hacia la construcción de un Frente Amplio compuesto de movimientos sociales, ciudadanos y fuerzas de izquierda, conviviendo en igualdad de condiciones con los partidos miembros de la Concertación, comenzaron a sonar desde las juventudes de los partidos y desde las alas no hegemónicas de los mismos, siendo temas recurrentes en la totalidad de encuentros generacionales articulados por los centros de pensamiento nacionales e internacionales a fines.

Desde la derrota de Frei muchas asambleas, convenciones y consejos generales de los partidos miembros de la naciente Nueva Mayoría, escucharon a tendencias internas, almas solitarias, descolgados, díscolos y académicos, plantear las conclusiones obtenidas de seminarios y encuentros de análisis de sus centros de pensamiento: “Ampliar la coalición hacia las fuerzas emergentes construidas en los territorios y en las universidades, elevar a los movimientos sociales a categorías de iguales conviviendo en un relato común”; las mismas asambleas aplaudían votos políticos que no vieron jamás la luz, los mismos consejos generales aceptaban las propuestas sin fuerza en su propia convicción.

Y así, el Frente Amplio murió ante las fauces de los acuerdos, las negociaciones, las cocinas y las “medidas de lo posible”. El Frente Amplio de los trabajadores socialistas, el de los progresistas y socialdemócratas sucumbió tempranamente ante aquellos que decidieron hacer parte de su propio relato el de la transición, tiñendo las ideologías de centro izquierda con el lúgubre color de la conformidad; renuniciaron a las bases de su historia, olvidaron la inspiración de las luchas en las que se fundaron y sus fundadores olvidaron como pasaron de un sueño a un pacto.

Muchas veces escuché, por parte de estas cúpulas, sobre la deleznable idea de un Frente Amplio que articulara desde la honestidad, el respeto y la igualdad de participación. Tuvimos que resguardarnos en nuestras poblaciones, en nuestras bases territoriales, en colectivos universitarios y lotes subyugados en las internas.

El Frente Amplio murió ante las fauces de los acuerdos, las negociaciones, las cocinas y las “medidas de lo posible”. El Frente Amplio de los trabajadores socialistas, el de los progresistas y socialdemócratas sucumbió tempranamente ante aquellos que decidieron hacer parte de su propio relato el de la transición, tiñendo las ideologías de centro izquierda con el lúgubre color de la conformidad; renuniciaron a las bases de su historia, olvidaron la inspiración de las luchas en las que se fundaron y sus fundadores olvidaron como pasaron de un sueño a un pacto.

Pero los procesos políticos siguen, las fuerzas se organizan, despiertan y las élites suelen continuar dominando hasta que se encuentran con el dogal al cuello.

Fue la ciudadanía la que remeció, la que abrazo el trabajo sistemático de las nuevas fuerzas, cuyas propuestas, más allá de las metodologías, permitieron volver a soñar la construcción de un Estado centrado en los derechos sociales garantizados, a soñar en la recuperación del tan manoseado sentido común; y no conforme con abrazar este sueño, la ciudadanía también apretó el dogal en el cuello de los más anquilosados, jubilando a todos aquellos cuyas fauces se abrieron tantas veces para deborar las propuestas de las nuevas generaciones de sus partidos; la ciudadanía hizo lo que no pudo la “discusión interna” o “el voto político” y manifestó la pasión por un ideal de justicia social, fue la ciudadanía la que ha preferido la discusión comunitaria por sobre el lento hervor de la cocina.

Las preguntas que siguen son lógicas: ¿Las asambleas generales sacarán de entre sus archivos las viejas propuestas de innovación que antaño repudiaran? ¿Los Consejos Partidarios darán la voz a los que no tienen padrino y han remado en el territorio? ¿Las cúpulas negociarán un futuro gobierno o decidirán aceptar el cambio epocal para, desde la transformación interna, convocar una fuerza popular?

En estas semanas, las disputas son inmensas para el futuro de Chile: no solo se juega la presidencial, donde obviamente se ha manifestado una mayoria de chilenos por la profundización de las reformas, sino que se juega la construcción ideológica desde la cual hacer convocatoria política. El Frente Amplio ha leído con anticipación a nuestra sociedad y fuimos muchos los que tratamos de ampliar esa mirada hacia la Nueva Mayoria, desde las discusiones internas. Sin embargo, ayer no éramos escuchados ¿qué harán las cúpulas, entonces, con esas pequeñas tendencias internas que hoy soy mayoria ciudadana?

PD: Esta Columna representa también, mi último aporte al Partido Por la Democracia, partido en el que milité una decada y por el cual fui concejal en la Comuna de Pedro Aguirre Cerda. Siempre fuimos minoría en nuestras propuestas internas y espero con afecto que hoy comiencen a escuchar a mentes de convicción que solo han encontrado refujio en las poblaciones, lejos de padrinos y reflectores que todavía esperan “dar la pelea desde adentro”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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