El curioso caso de Mariana Aylwin - El Mostrador

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El curioso caso de Mariana Aylwin

por 23 diciembre, 2017

Como cualquier persona, Mariana Aylwin goza del derecho a tener la opinión política que le plazca, así como cambiarla cuando quiera. Las críticas que como militante DC viene haciendo a la Nueva Mayoría, expresando de forma abierta su incómodo vínculo con esta coalición, naturalmente se han hecho más explícitas hoy, días después de una dura derrota electoral y política tanto de la Nueva Mayoría como de su partido.

Pero no cualquier persona despierta el interés periodístico de Mariana Aylwin. ¿Qué sabemos sobre ella? Que hoy no es autoridad, que nunca ha cultivado una carrera intelectual, objetivamente tampoco es un personaje público influyente, históricamente no se le reconoce alguna contribución relevante a la política chilena ni es una figura popular. Sus méritos públicos son, hasta ahora, modestos. Lo que sí sabemos es que es hija del expresidente Aylwin, que es profesora, que a principios de los ‘90 fue elegida parlamentaria y luego no fue reelecta, que fue ministra de Educación en el gobierno de Ricardo Lagos y que en 2013 ganó una elección como consejera regional en Santiago, cargo al que renunciaría para competir en las pasadas elecciones senatoriales, sin que finalmente presentara su candidatura, y que actualmente pertenece a un par de directorios.

Cabe preguntarse si acaso la permanente posición crítica de Mariana Aylwin, junto a otros políticamente incómodos, dará lugar a una más activa y propositiva, con el objeto de avanzar a la formación de un nuevo centro político, o bien integrarse al centro liberal que ha encontrado un espacio a la izquierda de Renovación Nacional.

¿Por qué, entonces, los medios de comunicación insisten, majaderamente, tanto la prensa escrita como los paneles de conversación en televisión, en darle cobertura a las opiniones de Mariana Aylwin? ¿Qué piensa o hace que sea de interés para el país? No tengo una respuesta clara más allá de un par de conjeturas: una basada en su pertenencia a la familia Aylwin, y; otra en el permanente disfrute que existe en parte de la prensa chilena por escuchar a viva voz dos cosas de un DC: que desprecia al Partido Comunista chileno –una suerte de anticomunismo a secas, propio de nuestros sectores conservadores–, y su incomodidad en la coalición de centro izquierda a la que pertenece. Y, como hemos visto, Mariana Aylwin ha sido la mejor fuente de anticomunismo y descontento DC en la Nueva Mayoría que los medios han podido tener estos meses.

Todo lo anterior nos recuerda dos temas persistentes en nuestro país: el peso que algunas opiniones adquieren cuando quienes las expresan pertenecen a ciertas familias y, por otra parte, el anticomunismo del que el periodismo nacional hace eco irreflexivo permanentemente. El clasismo de los medios y el anticomunismo en Chile deben ser objeto de un análisis mayor, pero quedan planteadas algunas preguntas como el por qué los medios sobrerrepresentan el anticomunismo y dan cabida sin examen a la opinión de quienes, tal como Mariana Aylwin, formando parte legítima y críticamente de un sector minoritario, no han sido capaz de hegemonizar sus posiciones al interior de la DC, hoy duramente derrotada. O bien la pregunta de si quizás parte de la derrota de la Nueva Mayoría se explica por el anticomunismo de origen e insoslayable que en sectores de la DC hacen irreconciliable la vida en común con el Partido Comunista.

Finalmente, cabe preguntarse si acaso la permanente posición crítica de Mariana Aylwin, junto a otros políticamente incómodos, dará lugar a una más activa y propositiva, con el objeto de avanzar a la formación de un nuevo centro político, o bien integrarse al centro liberal que ha encontrado un espacio a la izquierda de Renovación Nacional. Hoy sólo sabemos que Mariana Aylwin no es cualquier persona; es una minoría excepcional.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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