miércoles, 17 de octubre de 2018 Actualizado a las 20:41

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Piñera, la agenda conservadora y los desafíos en el camino hacia el aborto libre

Piñera, la agenda conservadora y los desafíos en el camino hacia el aborto libre
La irrupción del Frente Amplio (FA) de la mano de Beatriz Sánchez significó un quiebre del bipartidismo, que se da dentro de un contexto mayor de cristalización de las luchas político-sociales de la última década, que han impugnado el neoliberalismo ultraconservador que nos caracteriza desde la dictadura cívico-militar hasta hoy. Una expresión de este quiebre significó que el 20,4% de los votantes apoyara a un Gobierno de horizonte feminista, con una clara postura a favor del aborto libre.
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Tras el triunfo de Piñera creemos necesario pensar desde ya en las implicancias que esto puede tener para los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres –particularmente el aborto– e identificar algunas tareas para el movimiento feminista y las fuerzas transformadoras en los años venideros.

Mucho se ha dicho respecto a la agenda conservadora que llevó al candidato del movimiento Schoenstatt, José Antonio Kast, a sacar el 7,9% de los votos en la primera vuelta, al rol que cumplió esta agenda y su articulación con sectores de la Iglesia evangélica en la campaña de Piñera.

Efectivamente, Kast sacó a la luz un porcentaje importante de la población votante que es abiertamente transfóbica y homofóbica, antiaborto en todas sus causales y que, en términos generales, está en contra de avances en los derechos de las mujeres y la disidencia sexual, y este sector apoyó mayoritariamente a Sebastián Piñera, cumpliendo un rol no despreciable en su elección.

Así, sus buenos resultados lo dejaron en una posición favorable para negociar con Piñera ciertas definiciones políticas y programáticas, cosa que ya ha demostrado generar tensiones en el seno del futuro Gobierno. Si bien sus integrantes pueden compartir muchas de las posturas conservadoras extremas de Kast, también saben que estas hoy día no son mayoritarias y que, por ende, no les conviene arriesgar capital político manifestando una posición demasiado reaccionaria. Una muestra de lo anterior es que, a pesar de lo insistente que ha sido Kast en la necesidad de derogar la Ley de Aborto en tres causales, tal propuesta no fue incluida en el programa de Piñera.

Aunque es poco probable un retroceso tan enorme como la derogación de la ley, es necesario reconocer otros flancos a partir de los cuales la derecha buscará limitar su implementación.

El comando de Piñera ya anunció que se enfocarán en fortalecer el sistema de acompañamiento, cuestión que ya sabemos poco tiene de acompañar y mucho de disuadir a las mujeres; el objetivo es abrir paso a la influencia de instituciones conservadoras (privadas y de “la sociedad civil”) en la implementación de una política de Estado. Las palabras de la vocera de una de las instituciones que postulan al Minsal para llevar adelante este proceso de acompañamiento son ilustrativas: “El 85% de las mujeres que hemos acompañado desistió de abortar”, evidenciando que el verdadero interés y, por tanto, criterio de éxito, es contravenir la autonomía de las mujeres.

Por otra parte, la objeción de conciencia de las y los trabajadores de la salud, así como el rol que cumplirán algunas instituciones religiosas y/o ligadas a sectores conservadores, serán también relevantes respecto de las barreras para la aplicación de esta ley. A pesar de que un verdadero absurdo como la objeción de conciencia institucional haya logrado ser aprobado por el Tribunal Constitucional, es necesario ponerle atajo a la extensión de esta práctica, que atenta tanto contra los derechos de las mujeres –particularmente aquellas con contratos “cerrados” con isapres que se atienden exclusivamente en ciertos establecimientos– como contra la autonomía de las y los profesionales de la salud.

La experiencia internacional y, en particular, la latinoamericana, muestran que más allá de lo establecido formalmente en la ley, el rol de un movimiento feminista activo, fiscalizando y exigiendo el cumplimiento efectivo del derecho al aborto, es fundamental. Esto, debido a que en la práctica se pone una serie de requisitos y barreras que pueden volver las garantías legales letra muerta.

En el contexto en que buena parte de la dirección del aparato estatal será conducida por sectores contrarios al aborto –que harán todo lo posible para arrebatarle a la mujer este derecho– es indispensable fiscalizar el cumplimiento de la ley y asegurar que todas aquellas mujeres que cumplan con los requisitos establecidos, tengan acceso a un aborto seguro y de calidad. Ahora, el rol del movimiento feminista frente al aborto en el próximo Gobierno no se puede restringir a un plano fiscalizador, puesto que, si bien la ley actual es un avance, las causales que contempla representan un porcentaje mínimo de los casos de aborto en Chile y debemos empujar los procesos sociales hacia un horizonte feminista.

Es nuestra responsabilidad estar a la altura del desafío y torcer la voluntad de quienes quieren resistir estos avances subjetivos y objetivos, cuestión que lograremos solo si alcanzamos una mayor articulación en el movimiento feminista, en un sentido tanto cuantitativo como cualitativo (cantidad de organizaciones y su diversidad). Respetando la heterogeneidad en cuanto a identidades políticas y apuestas estratégico-tácticas de las organizaciones feministas, pero poniendo en el centro los puntos de convergencia que permitan un discurso y acción unitarios y efectivos, en contra de la ofensiva conservadora y en favor del posicionamiento de un Programa Feminista para Chile.

En este punto es preciso enfatizar que no se trata ahora de pensar en recetas para la resistencia en un clima de derrota –con alguna variante de los vagos llamados a unidad en contra de la derecha que abundan estos días– sino intentar una lectura suficientemente completa del escenario, a partir de la cual desprender con mayor claridad las tareas pertinentes para la coyuntura. Y es que hay un fenómeno cuya centralidad se ha ido perdiendo en los últimos días merced al impacto del estrepitoso fracaso de la Nueva Mayoría.

Pero no es responsabilidad nuestra cargar con ese muerto, no debemos distraernos: la irrupción del Frente Amplio (FA) de la mano de Beatriz Sánchez significó un quiebre del bipartidismo, que se da dentro de un contexto mayor de cristalización de las luchas político-sociales de la última década, que han impugnado el neoliberalismo ultraconservador que nos caracteriza desde la dictadura cívico-militar hasta hoy. Una expresión de este quiebre significó que el 20,4% de los votantes apoyara un Gobierno de horizonte feminista con una clara postura a favor del aborto libre.

Es por esto que creemos que el momento histórico que vive Chile exige del movimiento feminista y de las fuerzas políticas transformadoras que buscamos hacer del feminismo una centralidad de nuestro proyecto político, un rol que supere la resistencia al proyecto conservador, neoliberal y machista encarnado por la derecha (y su fracción fascistoide): el posicionamiento de un proyecto de emancipación de carácter feminista y socialista. La tarea es la efectiva superación del Chile neoliberal y no una mera renovación de élites o la construcción de una socialdemocracia con un Estado de Bienestar más o menos robusto.

Los debates que se suscitarán en el próximo Gobierno respecto del aborto debemos verlos no solo como un riesgo de retrocesos, sino como la oportunidad de correr los márgenes de la discusión: sobre aborto, derechos sexuales y reproductivos, desigualdades de género y su intersección con otras desigualdades.

Para esto es vital entender el rol central que ha tenido el movimiento feminista a la hora de jalonar los procesos de cambio que hoy vemos expresados en cambios a nivel subjetivo (incipientes cambios culturales que desafían los valores y prácticas machistas tradicionales) y objetivo (conquistas a nivel legislativo y de políticas públicas). La coyuntura que se abre con la reconfiguración del mapa político es otra oportunidad para que este movimiento continúe la disputa del sentido común en el aborto y demás temas que le conciernen.

Es nuestra responsabilidad estar a la altura del desafío y torcer la voluntad de quienes quieren resistir estos avances subjetivos y objetivos, cuestión que lograremos solo si alcanzamos una mayor articulación en el movimiento feminista, en un sentido tanto cuantitativo como cualitativo (cantidad de organizaciones y su diversidad). Respetando la heterogeneidad en cuanto a identidades políticas y apuestas estratégico-tácticas de las organizaciones feministas, pero poniendo en el centro los puntos de convergencia que permitan un discurso y acción unitarios y efectivos, en contra de la ofensiva conservadora y en favor del posicionamiento de un Programa Feminista para Chile.

Ahora, para dotar al movimiento feminista de la fuerza requerida, es necesario que se articule de mejor manera, además, con otros actores claves para los procesos que se avecinan, como la implementación de la ley de aborto: las y los trabajadores y organizaciones sociales de la salud. Esto no estará exento de desafíos: en dichas organizaciones existen problemas de articulación importantes también, atribuibles en parte a lógicas gremiales, clientelares y procesos de fragmentación históricos que han impedido un rol político más decisivo en defensa del derecho a la salud de las mayorías.

No obstante, es posible tender puentes con estos sectores, tensionar las disputas políticas en su interior y avanzar hacia una vinculación que contribuya a la superación de estos problemas y que permita a estos actores ser un aporte en este importante tema, como lo ha hecho el Colegio de Matronas, más allá de las diferencias en otras materias.

Su rol puede ser fundamental en este proceso y es por eso que creemos en la necesidad de que feministas y organizaciones sociales y gremiales de la salud, sobre la base de la identificación de intereses comunes, seamos capaces de trabajar en conjunto en materia de aborto.

En ese sentido la reciente elección de la primera mujer presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, en representación de una alianza que, aun siendo bastante amplia, tiene una importante presencia de sectores de izquierda, es esperanzadora y debe aprovecharse. No es admisible bajar los brazos frente a este Gobierno ni limitarnos a velar por el cumplimiento de una ley restringida, nuestra labor es seguir impulsando avances para el derecho a la salud de las mujeres, al mismo tiempo que resguardamos los derechos de trabajadores de la salud, evitando, por ejemplo, que en ciertas instituciones se les discrimine por no ser objetores de conciencia frente al aborto.

Ciertamente el feminismo está lejos de ser sentido común mayoritario, el conservadurismo sigue teniendo un espacio importante. Sin embargo, no debemos subestimar nuestros logros, que tienen expresiones en múltiples dimensiones; desde progresivos cambios culturales hasta transformaciones a nivel político-social. Hoy tenemos 20 diputados y diputadas y un senador del FA, electos al alero de un programa en cuya elaboración participaron compañeras insertas en el movimiento feminista y que lo reivindica, por tanto, desde el Frente Amplio tenemos la obligación de velar por que nuestros representantes empujen legislación que vaya en favor de las mujeres y la disidencia sexual. Enfatizamos, eso sí, que esto debe ir acoplado a un trabajo en los territorios, en organizaciones de mujeres, en sindicatos, en federaciones estudiantiles y en todos los espacios sociales, para construir un futuro feminista.

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