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¿Es China una economía de mercado?

por 14 enero, 2018

¿Es China una economía de mercado?
Acostumbrados a una economía de directrices estatales, según muchos economistas de occidente, China no se comporta como una economía de mercado, sino que está en una fase pre capitalista de acumulación, con enormes desarrollos en tecnología y electrónica, que le permiten adaptarse muy bien a los mercados. Pero adoptan una actitud depredadora hacia ellos y tienen aversión a la competencia en igualdad de condiciones. La búsqueda de “inmunidad soberana” para sus empresas implica directamente al Estado chino, hasta el punto que en Estados Unidos las empresas han llegado a negar información de auditoría y contable a la FEC, algo que para otros resulta impensable, basadas en tal principio.
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Una significativa cantidad de empresas chinas han mostrado interés por invertir en Chile los últimos años. De hecho, el país asiático  es el principal socio comercial de nuestro país. Todo ello empujado por la estrategia de “Go Global” que las autoridades chinas recomiendan a sus empresas. Sin embargo, a los inversores chinos no les agrada la existencia de regulaciones laborales relativamente estrictas ni exigencias medioambientales que les compliquen las instalaciones de sus faenas o los costos de sus producciones.

Acostumbrados a una economía de directrices estatales, según muchos economistas de occidente, China no se comporta como una economía de mercado, sino que está en una fase pre capitalista de acumulación, con enormes desarrollos en tecnología y electrónica, que le permiten adaptarse muy bien a los mercados. Pero adoptan una actitud depredadora hacia ellos y tienen aversión a la competencia en igualdad de condiciones. La búsqueda de “inmunidad soberana” para sus empresas implica directamente al Estado chino, hasta el punto que en Estados Unidos las empresas han llegado a negar información de auditoría y contable a la FEC, algo que para otros resulta impensable, basadas en tal principio.

Las prácticas predatorias

En un mundo de tendencias globalizantes empujadas fuertemente por las nuevas tecnologías, los vínculos comerciales con China son siempre complejos. Las dificultades surgen siempre de la forma como los empresarios chinos enfocan los negocios y sus relaciones comerciales, lo que ha llevado a muchos a preguntarse si China es, efectivamente, una economía de mercado o simplemente está en trance de serlo con plazos indefinidos.

Ello porque en sus niveles empresariales intermedios, que siempre muestran un enorme innovación y pujanza, las empresas no están de manera clara dispuestas a respetar las regulaciones de los países donde van, y operan con un pie en la economía y el otro en la política para hacer funcionar su gestión, apoyados siempre por las autoridades diplomáticas de su país. En estricto rigor, siendo la economía China mayoritariamente de propiedad estatal o colectiva, no se trata del apoyo natural y comprensible que en occidente los países brindan a sus connacionales inversores en el extranjero,  sino un modo casi estructural del tratamiento de sus inversiones en el exterior.  Ellas siempre presentan las dos caras de una misma moneda, según sea el caso, ora son privadas y en otro momento propiedad china. “Las embajadas chinas son buenas para levantar el teléfono y reclamar por una empresa, aunque ello sea un tema de negocios y no un trato diplomático”, dice un abogado corporativo del área minera chilena.

Los aspectos más complejos de este modo de actuar no dicen relación directamente con la producción misma,  sea en aspectos ambientales, de calidad o laborales, sino con el modo de gestión de la empresa, las relaciones de sociedad que establece con empresarios locales y la judicialización y politización como un hecho normal de sus contratos. Principalmente por el uso instrumental que hacen de la legislación del país de recepción, primero para lograr posiciones dominantes o de ventaja en un mercado, y luego para eliminar competidores o quedarse con el control de las empresas asociadas.

Todo ello, dice un abogado de la plaza que ha debido litigar casos de esta naturaleza,  termina depredando los mercados, y creando enormes brechas de incertidumbre, que lesionan sectores económicos completos.  “Para hacerlo, dice el profesional, utilizan grandes estudios de abogados organizados como industrias jurídicas, y siempre, detrás de cada problema, está el aparato diplomático chino, disponible para fortalecer sus posiciones.

En aquellos rubros que lo permiten, las medianas y pequeñas empresas chinas practican también  una especie de nomadismo empresarial, y con bastante facilidad se mueven de domicilio comercial o cambian de jurisdicción de un país a otro,  dejando muchas veces una serie de estragos económicos detrás.

Sería injusto señalar que esta es la regla de todo el comercio chino, pero los casos son tan abundantes que obligan a una mirada atenta de las patentes y operaciones comerciales que se autorizan a empresas chinas, por parte de las autoridades nacionales de los países, lo que va siendo una actitud corriente.

Las disputas con Estados Unidos

Es sabida la preocupación de USA por la pérdida de competitividad de su economía ante lo que vulgarmente denominan “la invasión china”. Sin embargo, las aprehensiones estánlejos de ser solo ideología o resentimiento comercial. Resulta común que la defensa corporativa que el Estado chino hace de sus empresas, sea respaldada expresamente por el organismo oficial de ese Estado, que debiera cautelar la conducta de las  empresas industriales estatales, pero cuyo principal y permanente argumento es invocar una posición de “inmunidad soberana”.

La Aviation Industry Corporation de China (AVIC), la mayor compañía aeroespacial y de defensa de propiedad estatal de China,  ha utilizado dicha estrategia en dos ocasiones en Estados Unidos, al igual que la empresa China National Building Materials Group Co (CNBM), también de propiedad estatal, un gigante dedicado a productos de construcción y que mantiene operaciones en Chile.  En el caso de CNBM en USA utilizó con éxito la “inmunidad soberana” en un juicio que involucra daño ambiental y de salud a miles de propietarios de vivienda, debido a paneles de yeso defectuosos fabricados en China, y en sus operaciones en Chile ya  es parte de un juicio relacionado con una planta de hierro en Antofagasta, Caprica Iron, com similares características a las descritas anteriormente.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China, se quejó ante el gobierno de Estados Unidos porque los abogados de los demandantes, en su intento por llevar a los tribunales a la empresa china, se quejaron ante la Comisión Estatal de Supervisión y Administración (SASAC),  entidad responsable de 106 empresas de propiedad del Estado chino con 4,7 billones de yuanes (722 billones de dólares) en activos, y que incluyen a CNBM y AVIC. El ministerio chino sostuvo en una nota diplomática que los tribunales estadounidenses no tienen jurisdicción sobre demandas en contra de las "propiedades del Estado de otro país:" Pues estas quedan protegidas por la Ley de Inmunidad de Soberanía Extranjera de EE.UU. (FSIA), que fue aprobada por el Congreso en 1976.”

Este uso de la inmunidad soberana es uno de los instrumentos de la rápida expansión de las inversiones exteriores del capitalismo de Estado chino, las que  crecen rápidamente. Expertos legales señalan que el principio de inmunidad soberana previsto en el derecho internacional para proteger a empresas de un país de las resoluciones judiciales arbitrarias o sorpresivas realizadas por una potencia extranjera, no es un área desconocida o inexplorada de la ley, pero que normalmente nunca se aplica a los casos comerciales.

Ni las empresas ni las autoridades chinas hacen comentarios sobre estos aspectos, mientras que portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores de China de manera regular refieren a la prensa opiniones como: "Exigimos del país anfitrión (EE.UU.) seriedad para respetar y salvaguardar los intereses legales de las empresas chinas en el extranjero”. En marzo de 2016, la empresa AVIC desafió a un juicio de arbitraje por más de U$ 70 millones a una empresa norteamericana en un tribunal de distrito federal de EE.UU., en Dallas, Texas, argumentando la inmunidad soberana como una empresa estatal china, caso todavía pendiente.

La Sexta Sala de la Corte Federal de Apelaciones de Estados Unidos falló en diciembre a favor del AVIC en otro caso, y ordenó a un tribunal federal del  Distrito de Michigan a revisar su decisión de declarar admisible una demanda presentada por Global Technology Inc (GTI) por incumplimiento de  contrato por parte de la empresa china y por no aplicar la “inmunidad soberana”. El tribunal  de alzada señaló que el tribunal inferior debe tener en mayor consideración los argumentos de inmunidad soberana de AVIC.

Los enfrentamientos entre los EE.UU. y los sistemas legales chinos han surgido en otros ámbitos. "Sociedades de auditoría chinas han retenido documentos de trabajo de empresas chinas que cotizan en los mercados bursátiles de Estados Unidos durante las investigaciones de los reguladores estadounidenses, afirmando que el derecho al secreto del Estado chino les prohibió entregar tales datos. Un juez de EE.UU. condenó al Banco de China Ltd. por desacato en noviembre del año pasado por negarse a entregar los registros de cuentas de clientes acusados de venta de artículos de lujo falsificados. El banco había argumentado que la provisión de los registros violaría las leyes chinas, pero cumplió la orden después que el juez le impusiera una multa diaria de $ 50.000. dólares.

“GO GLOBAL” : La estrategia China

Durante décadas, la relación entre China y América Latina fue relativamente reducida, sobre todo a un intercambio comercial simple.  Es a partir del año 2000 que el comercio entre ambos continentes se multiplicó 22 veces, según estadísticas económicas internacionales, especialmente en ámbitos como productos mineros y combustibles fósiles cuyas exportaciones a China crecieron de manera exponencial junto con los productos agrícolas hasta transformar a China  en el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú.

Ese compromiso, que rebota constantemente en las economías locales debido a los avatares del crecimiento chino, ya sea acelerándose o haciendo más lento y los precios más volátiles, empezó a cambiar con una política de inversiones para agregar valor a  las materias primas y ampliar las redes de producción de productos elaborados. Esa fue la estrategia Go Global  lanzada en el año 2000, que impulsa a las empresas chinas a invertir en el exterior en sectores claves para la sobrevivencia y poder del país: infraestructura, minería, energía, tecnología y alimentos, teniendo como objetivo la incidencia económica como factor de poder.

Esta estrategia fue y es coordinada por el gobierno y con un sector público de China de aproximadamente el 50% del PIB. A su vez, el soporte financiero está garantizado mediante una red de bancos estatales que se han ido situando en todas las latitudes, y ya en noviembre de 2015, el FMI incluyó al yuan como nueva divisa de reserva mundial,  junto al euro, el dólar, el yen y la libra esterlina. El 2015 las inversiones chinas en el exterior fueron de U$139 mil millones de dólares, es decir el segundo inversor más grande del mundo, tras EE.UU.

De estas inversiones, que van de la mano de las características descritas más arriba, Latinoamérica no está al margen. El año pasado, la inversión directa no financiera en la región llegó a los US$ 24.460 millones.

Ecuador es uno de los países de América Latina de mayor influencia china. Hoy, más del 30% de la deuda total del país está en manos de los chinos. Ecuador les debe más de US$ 6.935 millones. China cede dinero a altas tasas y a cambio de controlar recursos naturales o estratégicos. La principal obra eléctrica del país, la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair en la Amazonía ecuatoriana se construye con un 70% de los fondos provenientes del China Exim Bank y es construida por la firma estatal china Sinohydro Corporation.  China tiene, además otros 19 proyectos de infraestructura, minería, fibra óptica,  etc.

Los asiáticos entran bajo un régimen especial: sin licitaciones, pudiendo utilizar su tecnología y su gente. Ecuador ha sido el país emblema en la penetración china, y también de los problemas, ya que los chinos han exportado sus peores prácticas: cero preocupación laboral y medioambiental.

La misma empresa desarrolladora, Sinohydro Corporation, está levantando la doble vía Ivirgarzama-Ichilo en Bolivia y ya ha habido tres paros de trabajadores por burlar leyes laborales; incluso la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz) emitió a fines del año pasado una solicitud al Gobierno para que intervenga.

Según Alberto Acosta, ex Presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador y ex ministro de Energía del presidente Rafael Correa durante su primer período en declaraciones al New York Times : “El problema es que estamos tratando de reemplazar al imperialismo estadounidense con el imperialismo chino”.  “Los chinos están comprando en todo el mundo, transformando sus recursos financieros en inversiones y recursos minerales. Llegan con financiamiento, tecnología y técnicos, pero también con tasas de interés altas”.

China es también el principal acreedor de Venezuela. La deuda venezolana llega a unos 60 mil millones de dólares o más, y posiblemente siga aumentando tras las sucesivas repactaciones y la política llevada adelante por el Presidente Maduro. Argentina y Brasil son parte importante del target regional chino. China trata de impulsar un ambicioso proyecto de construcción de plantas nucleares en Argentina, y con Brasil firmó un acuerdo económico que involucra más de 35 proyectos, entre ellos un corredor ferroviario para sacar mercadería desde el Atlántico al Pacífico, y de ahí a China. Además, y pese a todos los escándalos de corrupción, China comprometió  créditos a Petrobras por más de US$ 6.000 millones, haciendo gala de ser el principal comprador de petróleo en el mundo.

La preocupación del líder chino Xi Jinping por América latina ha sido evidente, incluso cambiando a los funcionarios encargados de la relación con el continente.

En ese contexto, Chile es un partner complejo. Fue el primer país del Cono Sur en firmar un TLC con China y el primero de la región en restablecer relaciones diplomáticas, pero esto  paradójicamente no se tradujo en inversiones. Chile es el país de A. Latina con menos capitales chinos.

Aparentemente ello tiene una barrera, que los chinos tratan de vencer, no sin dificultades.  Entre los problemas está que mientras los chinos prefieren contratación directa, en el país existen licitaciones; a los chinos les gusta traer a su población a las empresas, y en Chile existe un tope de 15% para los empleados extranjeros.  A ello se suman normas medioambientales relativamente estrictas.

Sin embargo, las empresas chinas insisten, atraídas por ser Chile el principal productor de cobre del mundo,  con un amplio potencial de inversiones además en infraestructura y energía.

Hace poco, un consorcio chino chileno presentó el proyecto de un tren rápido a Valparaíso y el MOP confirma que en los proyectos del túnel Agua Negra y la autopista Américo Vespucio Oriente II hay firmas chinas interesadas, con una carpeta  de proyectos no es menor.

Pero más allá de las buenas perspectivas y la fuerte presión diplomática, incluida la visita del Presidente chino Xi Jinping, queda la duda sobre el carácter comercial y político de las inversiones chinas, vis a vis las regulaciones nacionales.

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