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Tren rápido entre Santiago y Valparaíso: Utopía y distopía para la ciudad puerto

por 26 enero, 2018

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En el contexto de la propuesta del consorcio Chileno-chino TVS para la materialización de un tren de alta velocidad entre Valparaíso y Santiago presentada semanas atrás, más allá de lo deseable de la reducción de tiempos de transporte entre ambas ciudades, vale la pena ampliar el debate respecto a los impactos urbanos que son posibles de esperar con la ejecución de una obra de esas características.

A lo largo de la historia, la infraestructura de transporte ha sido un motor fundamental para el desarrollo de las sociedades que debido a su emplazamiento, se convierten en enclaves entre los centros dispersos ubicados en el territorio. El ‘desarrollo’ sin embargo, como fuerza dinamizadora, tiene impactos tanto positivos como negativos. La inserción de un poblado o ciudad dentro de un nuevo eje de conectividad interurbana, transforma profundamente las relaciones funcionales entre aquella ciudad, su entorno inmediato y las localidades vecinas.

El avance tecnológico de los medios de transporte ha convertido a la distancia en un fenómeno temporal más que espacial (el tiempo se contrae y el espacio intersticial entre un origen y destino se difumina). Nuestra vida diaria se ordena en base a los tiempos que le dedicamos a diversas funciones, y los lugares que habitamos se ven supeditados al orden temporal que su cercanía o lejanía imponen. En este contexto, la reducción en el tiempo de viaje entre dos ciudades significa una compresión virtual del espacio que las separa, lo que permite ampliar las posibilidades de habitar entre ambas. Para el caso del gran Santiago y Valparaíso, la nueva cercanía sirve a la vez de vaso comunicante entre las distintas y dispares realidades urbanas, por lo mismo puede ser la catalizadora de transformaciones de diversa índole en la reestructuración funcional del territorio inter-metropolitano.

Este texto busca extremar los escenarios más positivos y negativos que son posibles de esperar para la ciudad de Valparaíso en el caso de materialización del tren rápido desde y hacia Santiago. Es fácil suponer que por las dimensiones territoriales, demográficas, políticas y económicas del gran Santiago, en comparación con Valparaíso y su fragilidad socioeconómica, ambiental y urbana, sea ésta última ciudad quien se vea más impactada, considerando la escala e inercia de la primera. Es también previsible que uno de los aspectos mayormente afectados en una primera instancia sea la movilidad laboral de la población, lo que puede conllevar a cambios en las tendencias de localización residencial y de actividades económicas. En todos los casos, corresponderá a las diversas entidades públicas y privadas locales el asumir este nuevo escenario, medir las posibles externalidades y reconocer la gran oportunidad que esta inversión significa para Valparaíso.

Distopía

En un  escenario distópico, lamentablemente se continúan y agravan las tendencias actuales de la gestión urbana porteña y  el exacerbado centralismo de Santiago a nivel nacional. En este caso, Valparaíso no sería capaz de gestionar ni planificar el dinamismo que significa la nueva cercanía con Santiago y, por el contrario, es la capital la que absorbe dicha pujanza, consolidando un modelo monocéntrico.

Para Valparaíso, la disminución en los tiempos de transporte hacia Santiago significaría convertirse en una ciudad dormitorio – periferia de la capital. En este escenario no se planifica ni incentiva la localización de nuevas actividades económicas en la ciudad puerto, sino que las existentes se tienden a movilizar también hacia Santiago.

El rol residencial de Valparaíso a nivel inter-metropolitano significaría mayores demandas por vivienda para diversos segmentos, sin embargo estos no serían gestionados y es el mercado inmobiliario el que responde a la demanda. Para los segmentos socioeconómicos altos se desarrollarían enclaves específicos muy localizados que explotarían los valores patrimoniales a costa del desplazamiento de sus habitantes originales, generando polos de alta segregación socioeconómica respecto a su entorno. Para los segmentos socioeconómicos medios, se utilizarían los lugares con normativa urbana más permisiva, producto de un Plan Regulador Comunal y Metropolitano obsoletos, para la renovación de los barrios y la construcción de edificación en altura en sectores periféricos o ‘no patrimonializados’ de la ciudad. En este contexto, la ciudad continuaría con sus tendencias de crecimiento periférico con escaso acceso a servicios, agravando la degradación ambiental de la interfaz urbano-forestal y la desarticulación de la trama urbana, además de las problemáticas socioespaciales asociadas a la edificación en altura en los barrios consolidados. En forma paralela, son los barrios céntricos de la ciudad los que acogen a los segmentos socioeconómicos más bajos mediante la tugurización y subutilización de la infraestructura patrimonial existente, lo que conlleva a un creciente deterioro en el entorno construído, los espacios públicos y la sensación de seguridad en la ciudad.

La materialización de uno de los dos escenarios aquí presentados no requiere imperativamente la habilitación de un tren de alta velocidad, muchas de las tendencias descritas ya están en curso (sobre todo las negativas) y la posible nueva cercanía entre Valparaíso y Santiago sólo será la aceleradora de dichos procesos.

El agravado detrimento de Valparaíso como ciudad para vivir llevaría a que la nueva población que reside en ella lo haga en núcleos independientes que no llevan a conformar una urbe integrada y funcional en sí misma. La relación entre Valparaíso y su entorno metropolitano también cambiaría, y la antigua hegemonía de la ciudad en la región se mantendrá sólo a nivel político-administrativo (por su rol como capital regional) puesto que otras funciones relevantes como la universitaria o turística se verán desincentivadas por el deterioro progresivo de la ciudad.

En lo que respecta a la localización de equipamientos y servicios, las malas condiciones generales de la ciudad para residir y visitar llevarían a la mantención de equipamientos sólo de escala comunal o local, puesto que para acceder a mejores estándares de servicios urbanos se aprovecharía la nueva cercanía (tiempo-espacio) con Santiago, desincentivando la habilitación de nueva infraestructura para acceder a cultura, recreación, educación, comercio, entre otros.

Utopía

El escenario utópico es aquel que se deriva de una adecuada planificación y gestión urbana, intersectorial y público-privada que permite aprovechar el dinamismo inherente a esta nueva proximidad inter-metropolitana. Es un escenario positivo para Valparaíso que implica revertir las tendencias de abandono y deterioro actuales.

Uno de los temas clave para aprovechar la nueva cercanía entre ambas áreas metropolitanas es la complementariedad económica entre ellas. En este escenario se supera el rol monocéntrico de Santiago como fuente de empleo y desarrollo económico, existiendo rubros y actividades económicas que ahora se van a localizar en la ciudad puerto y su entorno metropolitano aprovechando las ventajas comparativas que esta ofrece frente a Santiago. Este avance exige un fortalecimiento de las áreas industriales, logísticas, de innovación y tecnología, lo que permite más y mejor empleo para la ciudad.

Se potencia Valparaíso como un buen lugar para vivir, lo que significa que se revierte la fuga de población hacia Viña del Mar y Concón de los segmentos socioeconómicos altos, y hacia Quilpué y Villa Alemana de los segmentos medios. La población porteña de los segmentos bajos mejora también sus estándares de vida por la mayor disponibilidad de empleo, hay más población de la región que quiere vivir en Valparaíso. En este sentido, ya no sólo será población porteña la que se transportará para trabajar en Santiago, sino que también santiaguinos viajarán para trabajar en Valparaíso, motivados por la nueva cercanía que les permite estar en menos de una hora en la capital.

El aumento de la demanda por residencia en Valparaíso sería aprovechado si existiese una adecuada planificación y gestión urbana e inmobiliaria entre los organismos públicos y las empresas privadas, favoreciendo la renovación de los barrios céntricos de la ciudad con estrategias de integración social y reutilización de infraestructura patrimonial actualmente subutilizada o abandonada.

La presión de localización residencial bien canalizada permite el surgimiento de modelos edificatorios que generan bajo impacto a la unidad paisajística del anfiteatro porteño, integrándose adecuadamente a los patrones de asentamiento de los cerros y el plan, y estimulando la re-densificación de los barrios Puerto y Almendral. Una gestión inteligente de recursos públicos, de la mano de aportes privados (como aquellos derivados de la Ley de Aportes al Espacio Público N° 20.958) permiten llevar a cabo mejoras significativas a los espacios públicos de la ciudad puerto, así como materialización de nuevas áreas verdes, nueva infraestructura de transporte, quebradas parque, etc.

Pero no sólo la localización de residencia y actividades económicas se ve favorecida por la nueva cercanía inter-metropolitana, Valparaíso amplía y diversifica sus equipamientos y servicios, así como su oferta turística, cultural y educacional, lo que permite que también la población de Santiago acceda cotidianamente a ella, ampliando los rubros económicos de la ciudad y promoviendo una conservación puesta en valor sustentable de los atractivos paisajísticos, patrimoniales y culturales de la ciudad.

La materialización de uno de los dos escenarios aquí presentados no requiere imperativamente la habilitación de un tren de alta velocidad, muchas de las tendencias descritas ya están en curso (sobre todo las negativas) y la posible nueva cercanía entre Valparaíso y Santiago sólo será la aceleradora de dichos procesos. En todos los casos, el destino de Valparaíso pasa por comprender que, más allá de los voluntarismos, se hace necesario analizar las condiciones propias de la ciudad y aquellas que son impuestas por su contexto intercomunal o interregional, avanzando a una planificación que reconozca la interescalaridad e intersectorialidad de las dinámicas territoriales, y que avance a una gestión descentralizada del desarrollo urbano que conduzca a la conformación de la ciudad que deseamos.

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