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Nicanor Parra y el “Show de los Libres”

por 31 enero, 2018

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Cuando en 1994 invitaron a Nicanor Parra al conocido programa de televisión nacional de Chile “El Show de los Libros” ideado por el escritor Antonio Skármeta, el antipoeta comenzó disparando fuerte y elaboró uno de sus conocidos “artefactos” para rendir “un pequeño homenaje” al programa en “unos términos más o menos particulares”. Primero escribió sobre una pizarra “El show de los libros”. Inmediatamente debajo de esta frase procedió a escribir: “El show de los libres”.

Luego encerró estas dos frases en un rectángulo  y “para evitar todo autoritarismo que es el vicio más negro de toda disquisición lingüística” le agregó el personaje de los artefactos, típicos ya de Nicanor Parra,  con  un cuerpo en forma de corazón, piernas y brazos lanzando una flecha al artefacto, ya que no era Parra quien homenajeaba sino que este singular monito como expresión del hombre común que piensa.

La palabra “libre”, dijo, “me interesa mucho”, planteando así una interesante interrogación al  concepto subyacente del “Show de los Libros”.

El “Show de los libros” fue un programa que durante toda su salida al aire (1992-2004) fue ampliamente celebrado por las autoridades e instituciones de la Concertación. Recibió múltiples premios nacionales, regionales e internacionales y su autor, Antonio Skármeta, gozó por ello de mucha popularidad, sobre todo entre sus iguales.

Ese programa se transmitió en el pick de la borrachera neoliberal cultural en Chile que promovió la elite duopólica, y  que también concordaba con la predominancia de esta ideología a nivel mundial. A nivel nacional, los valores principales eran el éxito material individual, el apoliticismo, la desmemoria histórica, la férrea defensa de la privatización de la educación, el IVA al libro y el rechazo sistemático al pensamiento crítico con muy pocas excepciones. El ambiente cultural  oficial se encontraba  en el pináculo de la superficialidad, sobre todo en televisión nacional, desde donde  se mostraba el Chile de la “chacota” con toda naturalidad, la onda “bacán” de la farándula llena de entrevistas sobre los gustos culinarios, de moda, de decoración y tiempo libre de una serie de personajes políticos, del arte y de la vida pública. Todo era color y  “buena onda” en el Chile privatizado.

El ambiente cultural  oficial se encontraba  en el pináculo de la superficialidad, sobre todo en televisión nacional, desde donde  se mostraba el Chile de la “chacota” con toda naturalidad, la onda “bacán” de la farándula llena de entrevistas sobre los gustos culinarios, de moda, de decoración y tiempo libre de una serie de personajes políticos, del arte y de la vida pública. Todo era color y  “buena onda” en el Chile privatizado.

Es justamente en este marco, donde  el “Show de los Libros”  logró aparecer como un “producto televisivo novedoso”,  supuestamente dirigido al público interesado en “cultura”, pero sobre todo,  a todos aquellos que no se habían percatado lo “entretenido” que podía ser  comprar y leer un libro tal como se podía tomar Coca Cola o comprarse un par de zapatillas Nike. Skármeta aparecía en la pantalla con una amplia sonrisa vistiendo como director de circo, claro que en smoking y no en tenida con brillos, para que no se fuera a pensar que se trataba de un “circo pobre” de algún “barrio popular”. Este era un circo de gente educada que quería llevar la cultura a la “gente”. Skármeta dirigía la música de fondo del show con dos palillos  a la manera de director de orquesta agitando sus brazos de afuera hacia adentro, sonriendo siempre, y la cámara enfocaba  en primera plana la linda cara de la joven actriz Amaya Forch  con sus ojitos claros pestañeando como una hada madrina portando unas especies de varitas mágicas ordenadas como una flor y con libros en las puntas. Era, sin duda, la convicción, que el fomento de la lectura pasaba por el mercado y por supuesto por las “adecuadas” políticas de marketing para presentar el producto en cuestión , en este caso el libro,  con el fin de promoverlo a través de estrategias de venta como cualquier otro producto de consumo. Es decir asociar el libro con las sonrisas, la entretención y el poder adquisitivo para adquirirlos.

Nicanor, con su agudeza intelectual, accedió a la invitación del programa, y de inmediato puso el acento en la libertad y en el pensamiento crítico. Se permitió pronunciar en el programa televisivo cultural estrella de la transición su rechazo al  “vicio negro” del autoritarismo de cualquier especie. Así dejó una tarea para la casa válida hasta el día de hoy,  pues el  “Show de los libros” solo  podía ingresar a un “artefacto”  de Nicanor  si se complementaba también con el “Show de los libres”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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