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De Óscares e Identidades de Género: ¿por qué es tan difícil el cambio social?

por 13 marzo, 2018

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Construcción de la realidad social

Antes de comenzar la discusión que deseo proponer, creo que es importante hacer una diferencia entre nuestra realidad natural (o mundo natural) frente a nuestra realidad social. Para no complicarnos demasiado, podríamos decir que la primera se refiere a todos aquellos fenómenos verificables empíricamente que ocurren sin que intervengamos en ellos de forma directa: por ejemplo el crecimiento, el envejecimiento, la muerte, etc. En cambio, la realidad social es la objetivación de los fenómenos del mundo natural a través de mecanismos humanos (como el lenguaje y otros) para crear así una estructura significativa colectiva que luego es integrada de forma ordenada y coherente en la conciencia individual. Será esta segunda realidad la que analizaremos a lo largo de este texto.

Hay dos puntos importantes de analizar cuando hablamos de la construcción social de la realidad: ¿cómo se construye? y, quizás aún más importante, ¿quiénes la construyen? o más bien ¿quiénes tienen el poder de construirla? Para no extenderme en exceso, intentaré ser conciso: la realidad social se construye a través de la acumulación de conocimiento que, por medio de procesos de objetivación, internalización, institucionalización y legitimación, aparecen como reales para el individuo.

Para ser más claros, imaginemos que una pareja decide abandonar la sociedad donde vive y se va a una isla desierta: el mundo natural donde habitan obligará a estas personas a crear todo un sistema de supervivencia. A la constante sistematización de los mecanismos de supervivencia la podemos llamar “conocimiento”, y a su proceso de acumulación “construcción de conocimiento”. Ahora, ¿qué sucede si estas dos personas deciden procrear? Si bien los progenitores de los nuevos habitantes de la isla tendrán claro, por haber habitado en otra sociedad y ser los constructores del conocimiento, que la información disponible para la supervivencia sobre la isla no son más que sus propias técnicas personales de conservación, sus hijas/os ya no tendrán esta claridad. Los nuevos habitantes de la isla no son conscientes de que el mundo que se les presenta está mediatizado por sus progenitores.  Para ellas/os el mundo es simplemente lo que es; no existe conciencia de que eso “que es”, no es más que lo que sus progenitores decidieron que fuera. El ejemplo permite responder de manera simple la pregunta sobre quiénes tienen el poder de construir la realidad social: en el ejemplo de la isla, son evidentemente los progenitores de los nuevos habitantes los que detentan el poder a la hora de decidir “que es” y cuales son los límites de “lo que puede llegar a ser”.

Imaginemos ahora que esos nuevos habitantes de la isla, quienes no conocen el tabú del incesto, comienzan a procrearse y nacen nuevas generaciones, las cuales a su vez también se procrean. Aquello que los primeros habitantes habían construido como conocimiento necesario para la supervivencia, se comenzará a traspasar de generación en generación como leyes, perdiendo así la noción de que eso no fue más que una interpretación posible del mundo natural. Lo que en un principio respondía a la pregunta pragmática ¿cómo se hace para sobrevivir en esta isla?, se irá transformando poco a poco en “mis progenitores lo hacían así”, y luego de varias generaciones será simplemente “así se hace”. La aserción “así se hace” es carente de sujeto, en ella no existe ya un responsable de la acción. Así, una ley construida a partir de las necesidades concretas de una sociedad con respecto a su mundo natural  pasa a ser un supuesto ontológico, es decir, ahistórico y asocial.

Como ocurrió con la poligamia en la isla, en el país del sur se ha perdido conciencia de que las leyes de la heteronormatividad son construcciones hechas por los propios miembros de la sociedad y que, en consecuencia, son ellas/os las/os responsables de cambiarlas de acuerdo con las necesidades de sus miembros, proceso de alta complejidad. Recordemos que, luego de muchas generaciones, la realidad social se naturaliza, pasando de ser una actividad humana consciente a una creación con realidad ontológica alejada de la conciencia de los habitantes. Agreguemos a esto que, en términos generales, incluso existiendo la consciencia de la necesidad del cambio, no todos los miembros de la sociedad tienen la misma capacidad de modificar los marcos normativos que permitan la existencia de subjetividades fuera de la norma.

Competencia de realidades

Para profundizar aún más, hagamos otro ejercicio de imaginación que quizá a nosotras/os, habitantes de Chile, nos resulte más cercano: imaginemos un país al sur del continente americano entre la Cordillera de los Andes y el Océano Pacífico. Imaginemos que esa nación-estado se funda a imagen y semejanza del estado-nación europeo, luego de un largo proceso de colonización católica. Además, imaginemos que ese país se construye sobre una curiosa mezcla de ideas científicas y judeo-cristianas heredadas de otras culturas. Para continuar con el ejercicio, imaginemos que ese país posee una compleja y casi inamovible estructura de clases, la cual le permite a un pequeño grupo de personas detentar el poder tanto político como económico. Para continuar, imaginemos que ese pequeño grupo, al igual que las nuevas generaciones del ejemplo de la isla, tiene el poder de dominar ciertos discursos que permiten la protección y la reproducción de un modelo heredado de generaciones anteriores. Para puntualizar aún más, agregamos el ejercicio de imaginar que esos discursos son “por casualidad” trans y homofóbicos. En esta sociedad ficticia, si nadie se opone a esos discursos, las cosas andarán bien. Pero, si imaginamos que hay personas dentro de ella cuyas subjetividades (sentimientos, deseos, apariencias, etc.) no calzan con esos discursos; se generará una disonancia. Para terminar el cuadro, imaginemos que una de esas personas que no se ajustan a las normas de esa realidad social hace una película de alto impacto comercial y gana uno de los premios más importantes dentro de la industria del cine internacional. ¿Suena familiar el ejercicio?

Volvamos un poco hacia atrás. En el ejemplo de la isla, un conflicto de realidades sociales se puede ver de la siguiente manera: hasta un cierto momento, los pocos habitantes de la isla tenían una estructura social polígama, la cual había sido justificada a través de discursos que obligan a todos los miembros de la comunidad a vivir de determinada manera. El hecho de que dos personas sientan el deseo de vivir dentro de una estructura monógama no solo atentaría contra el buen funcionamiento de la sociedad, sino que cuestionaría la estructura que hace posible la existencia de dicho grupo humano. Guardando las proporciones, en el ejemplo del país al sur del continente americano, las cosas no son tan diferentes: en él existen discursos heteronormativos trans y homofóbicos homologables con los discursos de quienes detentan el poder del discurso de la isla. Ellos imponen la idea de que solo existen hombres y mujeres biológicos, cuyo deseo romántico, afectivo y sexual solo puede ser heterosexual. Al igual que en el ejemplo de los habitantes monógamos de la isla, cualquier persona que no viva de acuerdo con las leyes de la heteronormatividad institucionalizada estará en peligro de ser excluido de las sociedad.

Como ocurrió con la poligamia en la isla, en el país del sur se ha perdido conciencia de que las leyes de la heteronormatividad son construcciones hechas por los propios miembros de la sociedad y que, en consecuencia, son ellas/os las/os responsables de cambiarlas de acuerdo con las necesidades de sus miembros, proceso de alta complejidad. Recordemos que, luego de muchas generaciones, la realidad social se naturaliza, pasando de ser una actividad humana consciente a una creación con realidad ontológica alejada de la conciencia de los habitantes. Agreguemos a esto que, en términos generales, incluso existiendo la consciencia de la necesidad del cambio, no todos los miembros de la sociedad tienen la misma capacidad de modificar los marcos normativos que permitan la existencia de subjetividades fuera de la norma.

Afortunadamente, en las sociedades existen ciertos momentos donde los discursos dominantes son puestos en tela de juicio (una revolución, una guerra, un desastre natural, etc.). En el país descrito en el sur de América han existido durante siglos discursos heteronormativos que han invisibilizado las vidas de ciertas personas definidas por dichos discursos como “a-normales”. Sin embargo, gracias a la lucha de miles de “a-normales” que han peleado durante décadas juntas/os y organizadas/os por el derecho a poder vivir una vida posible en una sociedad que no los discrimine, marginalice, o los elimine, se han podido cuestionar los discursos imperantes. El hecho de que una de esas “a-normales” haya sido reconocida por una de las instituciones más importantes del cine mundial no hace más que acelerar un proceso puesto en marcha hace años. Su premio genera un punto de inflexión entre una realidad social que actualmente es y otra a la cual esta sociedad podría aspirar a ser: una sociedad cuyos márgenes de lo posible sean los suficientemente amplios como para dar cabida a diferentes subjetividades.

Realidad en jaque

El acto de cuestionar discursos de normalidad no es solo un acto que ocurre en una esfera social anónima. Al cuestionar el discurso imperante, interpelo directamente a esas personas que viven de forma inconsciente dentro de la estructura social, así como, por supuesto, también interpelo a aquellas personas que de forma consciente desean mantener las estructuras existentes y que, por conveniencia, reproducen una y otra vez los discursos que sustentan la realidad social. En mi cuestionamiento le estoy diciendo a un otro que eso que él o ella cree no es realmente así; estoy literalmente poniendo en jaque su realidad. Es por esto que la cantidad de resistencias, angustias y temores que podemos encontrar a lo largo de un proceso de cambio social son infinitas y profundamente arraigadas en las biografías personales de los miembros de una sociedad. Podemos encontrar a lo largo de un proceso de cambio social las biografías de los miembros de una sociedad como razones que responden a la pregunta sobre la dificultad del cambio social. Sin embargo, a la luz de las actuales luchas sociales, me pregunto si es que ésta es razón suficiente para detener procesos de reconocimiento esenciales para grupos invisivilizados de la sociedad.

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