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Europa, la amenaza del ultranacionalismo

por 9 abril, 2018

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Es una realidad del porte de una catedral, que los movimientos nacionalistas, populistas, xenófobos, antiislámicos, ultranacionilsta de tinte facista, antisemitas     y anti Unión Europea (UE), han tenido un auge como nunca en la historia pos II Guerra Mundial en el continente europeo. En algunos países son parte del gobierno como en el caso de Austria y en algunas naciones del este europeo, Polonia, Hungría, República Checa. En otros países, son parte importante de los parlamentos, como en Italia en donde controlan las presidencia de ambas cámaras, o como en Alemania, en donde la bancada parlamentaria del partido ultrnacionalista, la Alternativa para Alemania (AfD) es numerosa (92 diputados), y actualmente se ha constituido en la bancada más importate de la oposición a la Gran Coalición de la Canciller Merkel y los socialdemócratas.

En este escenario descrito, observaremos a continuación como se ha cristalizado este auge de los movimientos y partidos ultranacionalistas en los países centrales de la UE durante el año 2017 y el primer trimestre del 2018. Iniciamos nuestro análisis por Holanda, -elecciones del 15 de mazo de 2017- en donde se esperaba un amplio triunfo en las elecciones en Holanda con Geert Wilders del Partido por la Libertad (PVV). Wilders es catologado como el Trump de los países bajos. Sin embargo, este representante del ultranacionalismo holandés logró un discreto 13% de la votación, quedando por debajo del reelecto primer ministro, Mark Rutte, representante del Partido Liberal (UVD). Los resultados de las elecciones en Holanda representaron un serio revés para la extrema derecha de ese país y de los ultranacionalistas euroescépticos. Sin embargo, su representación electoral es digna de ser analizada detenidamente como un elemento alarmante del auge de estos referentes políticos de la ultraderecha europea.

Francia. La primera vuelta presidencial (23 de abril 2017), de los cuatro candidatos, Marine Le Pen, del ultranacionalista Frente nacional (FN); Emmanuel Macron con su movimiento En Marcha, centro liberal; Francois Fillon, conservador republicano y Jean Luc Mélenchon, que en 2016 fundó su movimiento Francia Insumisa y que contó con el apoyo del Partido Comunista Francés, lograron pasar a la segunda vuelta, Macron y Le Pen. Los resultados de la  primera vuelta presidencia fueron los siguientes: E. Macron obtuvo el 24,01% ; M.Le Pen, el 21,30% ; F. Fillon logró el 20,01% y J. L. Mélenchon, el 19,58%. El 7 de mayo del mismo año se llevó cabo el balotage entre las dos primera mayorias. Los resultados de la elección presidencial arrojaron los siguientes resultados: Macron con un 66,10%, Le Pen con un 33,90%, una abstención del 25,44% y, una participación electoral del 74,62%. Estos resultados le dieron el triunfo definitivo al candidato Macron que aventajó a su contendora en más de un 30% de los votos. Más allá de la derrota que ha sufrido el FN en la segunda vuelta presidencial como en la elección legislativa, lo que queda en la retina de la opinión pública, es que hay giro político y social -que se debe tomar seriamente en cuenta- hacia la derecha ultranacionalista al interior de la sociedad francesa. Hay que analizar finamente el electorado que votó Le Pen que alcanza el  34,% y los más de 10 millones de votantes en el balotage y el 14% en las legislativas recientes. Lo más actual del fenómeno nacionalista francés es el cambio de nombre del FN, la marca ya no sirve para los actuales desafíos y retos políticos de este partido, esta agrupación xenófoba pasará a llamarse Agrupación Nacional. El cambio de nombre será sometido a votacón a los militantes del FN, en el lapso de seis semanas. El reciente congreso de Lille del FN, volvió a reelegir a Marine Le Pen como presidenta del partido, y expulsó de sus filas y de la escena política, al fundador histórico del FN, Jean Marie Le Pen.

Austria. En elecciones parlamentarias anticipadas realizadas el domingo 15 de octubre, Austria da un vuelco no inesperado a la derecha y a la ultradercha. El Partido Popular Austriaco (ÖVP), liderado por el joven de 31 años, Sebastian Kurz ganó la elección obteniendo el 31,6% de los votos, el Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) se situó con el 26,9%, y nuevamente la novedad fue la irrupción del partido ultranacionalista con pasado nacional socialista, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), partido que logra el 26,0% de la votación. Lo peculiar de estos resultados electorales, es la conformación de gobierno entre conservadores del partido ÖVP y el partido ultranacionalista FPÖ, este último asume los ministerios de Relaciones Exteriores, del Interior y de Defensa. Republica Checa. El domingo 22 de octubre, la ola ultranacionalista europea vuelve a  triunfar en la República Checa con el multimillonario, Adrej Babis de la Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO). El partido de Babis obtiene el 29,7% de la votación y el partido de la socialdemocracia (CSSD) que estaba en el gobierno experimentó un revés significativo, de ser primero en las elecciones del 2013, alcanza un 18% de los votos en esa elección y se situó en el quinto lugar, con escasos 9% de la votación en estas legislativas.

Alemania. El triunfo de la CDU-CSU, partidos de la Canciller Merkel en las elecciones generales del 24 de septiembre no logró mayoria absoluta para formar gobierno. En este escenario, Merkel se abocó en un primer momento a iniciar negociaciones con el objetivo de constituir gobierno con el Partido de los Verdes y el Partido Liberal (FDP). Este primer intento de la Canciller fracasa debido a las fuertes contradicciones de los Verdes con los Liberales y con la Unión Social Cristiana, el partido bábaro, cercano a la Unión Democrata Cristiana. Un segundo intento, de reeditar la Gran Coalición con los socialdemócratas tiene éxito y la canciller Merkel puede darle el vamos a la constitución del tan esperado cuarto gobierno de la canciller. Lo más novedoso de la elección general fue la victoria histórica e inesperada en las urnas del partido ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD). Los resultados situaron la AfD como la tercera fuerza política al interior del parlamento alemán, logrando elegir 92 diputados con el 12,6% de los votos. Desde 1960 que no habían parlamentarios ultranacionalistas ni una fracción tan poderosa en el parlamento de esta nación como ahora. Interesante es destacar, que la AfD recibió una importante cantidad de votos de los partidos políticos alemanes más establecidos. El resultado electoral de AfD se explica en parte significativa por el siguiente trasvasije de votos: de la CDU-CSU recibe 980.000 mil votos; del SPD, 470.000; del Partido de La Izquierda, 400.000, y porcentajes menores de Los Verdes y del FDP. De las elecciones generales de septiembre último al mes actual, la AfD ha subido en intención de voto, según diferentes sondeos de opinión incluso superando a los socialdemócratas, elevándose del 12,6% al 16%. La ultraderecha alemana se ha visto favorecida por el compas de espera de estos 5 meses y medio para constituir gobierno por los grandes e históricos partidos alemanes. Ha sabido transmitir, la AfD de manera óptima a la opinión pública la inoperancia e ineficacia del actual sistema de partidos politicos tradicionales.  

Finalmente, Italia, en donde las elecciones generales que se llevaron a cabo en Italia el domingo, 4 de marzo 2018. Los sectores conservadores y de la ultraderecha ganan un importante terreno político-electoral y social y, la centro izquierda desunida en estos comicios electorales ha experimentado un serio y profundo retroceso electoral. La campaña electoral italiana tuvo como ejes centrales dos temas: el de la inmigración y el de la xenofobia de importantes sectores de la sociedad italiana frente a los extranjeros residentes oficiales o no, en suelo italiano. Por cierto, otros temas como el estado de la integración de Italia a la Unión Europea, las políticas económicas de la UE, por señalar algunas, fueron también, tópicos en el debate político de esta nación. La victoria ha sido para los partidos antisistema, antieuropeos, populista y xenófobos, los cuales se aprestan a competir con el objetivo de formar gobierno. Los resultados electorales fueron los siguientes: La Centro Derecha logra el 37%, en donde la Liga Norte, partido dirigido por Matteo Salvini, representante de la extrema derecha anti UE y anti inmigrantes desplaza con un 17,4% al Partido Forza Italia de Silvio Berlusconi, que obtiene el 14%. El Movimiento 5 Estrellas, movimiento populista antisistema fundado por el comediante Beppe Grillo y hoy dirigido por Luigi Di Maio es el partido que logra mayor votación en esta elecciones con un 32,7%. La Centro Izquierda alcanza su peor votación de estos últimos 10 años con un 22,8%, en donde el Partido Democrático (PD), el partido socialdemócrata de Matteo Renzi logra el 18,7% de los votos. Renzi, figura emergente de los socialistas italiano en los años anteriores renunció a la jefatura del partido debido a esta debacle electoral y política. Con estos resultados, la conformación de gobierno tendrá un compas de espera y será un proceso dificil y complejo, ya que ninguna de las dos mayorias, la centro derecha y el Movimiento 5% Estrellas lograron pasar el umbral del 40% que marca la nueva ley electoral para poder constituir gobierno. En lo inmediato, estos dos referentes políticos se han puesto de acuerdo para dirigir tanto la Cámara de Diputados como la del Senado. Es así como por primera vez en la historia del Senado Italiano, es una mujer, María Elisabetta Casellati, de Forza Italia la elegida como presidenta de la Cámara Alta y Roberto Fico, del Movimiento 5 Estrellas conducirá la Cámara de Diputados. Algunos analistas italianos preven un escenario de inestabilidad política debido a la dificultad de lograr una alianza política sólida que pueda gobernar esta nación.

Es una constatación de realismo político, de que estamos viviendo un auge sin precedentes del ultranacionalismo y de los movimientos antisistemas. Esto, no tan solo en los principales países de la Europa occidental (Italia, Austria, Francia, Holanda, Alemania, por nombrar algunos), sino también, esto se observa con mucha gravitación en las naciones del Este europeo, que alguna vez fueron parte del llamado “socialismo real”. En países como la Republica Checa, Polonia, Hungría, Rumania, la ola nacionalista, patriótica, xenófoba, antisemita, y antisistema se hace notar con mucha fuerza.

Reflexiones finales

Es una constatación de realismo político, de que estamos viviendo un auge sin precedentes del ultranacionalismo y de los movimientos antisistemas. Esto, no tan solo en los principales países de la Europa occidental (Italia, Austria, Francia, Holanda, Alemania, por nombrar algunos), sino también, esto se observa con mucha gravitación en las naciones del Este europeo, que alguna vez fueron parte del llamado “socialismo real”. En países como la Republica Checa, Polonia, Hungría, Rumania, la ola nacionalista, patriótica, xenófoba, antisemita, y antisistema se hace notar con mucha fuerza.

La Unión Europea, precisamente en el contexto de su reciente conmemoración de 60 años de integración comunitaria (2017), está llamada a unirse en una “santa cruzada” para evitar que la historia no vuelva a repetirse como lo fue en la primera mitad del siglo XX. Las fuerzas progresistas, socialdemócratas, socialcristianas, social liberales, republicanas y demócratas de toda estirpe tienen un compromiso político ineludible en enfrentar este asedio que sufre la democracia europea por parte de este auge nacionalista populista.

Un aspecto no menor, en el debate futuro cercano, es que en todos estos comicios electorales han puesto de relieve, la necesidad de tener una otra mirada del proceso comunitario en la UE, como también del tipo de globalización en el cual se está inserto. De no haber un cambio político cualitativo en estos ámbitos, los euroescépticos, los antiglobalización, los nacionalistas de toda gama ganaran un enorme terreno político en el futuro de la UE.

Finalmente, si tuviéramos que realizar una síntesis muy compacta de lo que hemos analizado, se podría resumir en lo siguiente: experimentamos en Europa una involución civilizatoria que comienza a poner en peligro la democracia en el viejo continente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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