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Ley Antiterrorista: ¿Desestabilizar el orden democrático?

por 15 abril, 2018

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Según informó algunos diarios, el gobierno habría solicitado la incorporación de una serie de modificaciones relativas a los delitos terroristas; cambios sobre los procedimientos; reglas de protección de testigos; agentes encubiertos, entre otros.

La modificación indica que se constituirán como delitos terroristas los hechos que se cometan concurriendo al menos una de estas circunstancias:

1.- Con la finalidad de producir en la población o en una parte de ella el temor justificado de ser víctima de delitos de la misma especie.

2.- Para desestabilizar el orden institucional democrático.

3.- Arrancar o inhibir resoluciones de la autoridad o imponerle exigencias.

4.- Obedeciendo a un plan determinado de atentar contra una categoría o grupo determinado de personas.

En lo principal, pareciera que la más preocupante de todas estas circunstancias, tanto por su carácter de norma abierta como por el contenido que implica en su núcleo, resulta ser la número 2, referente a “desestabilizar el orden institucional democrático”.

Resulta a lo menos curioso entender a la democracia como un orden institucional que mantiene una estabilidad, cualquiera sea esta. Que la democracia no sea un sistema de extremos (al menos en principio) no implica que ella sea moderada, puesto que su estabilidad es inicialmente deseable solo en lo referente a la estructura de las instituciones y el respeto a ellas, junto con la no intervención de los diversos poderes del Estado entre sí mismos. Sin embargo, el contenido de la democracia, propiamente tal y en la práctica, es más bien evolutivo, altamente incalculable y yace sobre una constante mutación que es precisamente la encargada de nutrir al sistema democrático.

Mantener la estabilidad del orden democrático implica definir un margen para distinguir lo que es estable de lo que no lo es. En la circunstancia número 2, esta noción es ineludible, no hay forma de esquivar este debate. Por esta misma razón, ella es increíblemente peligrosa.

La democracia se nutre del juego entre lo estable y lo inestable, entre la plenitud y la falta de desarrollo. La democracia se mueve a través de la libertad y lo glorioso de expresarnos como entes políticos. El que teme a una expresión que puede “desestabilizar” el sistema no teme al terrorismo: teme a la democracia.

Las instituciones no son, al menos en la práctica, un orden estabilizado. De hecho, en ciertas circunstancias pueden llegar a ser casi absolutamente lo contrario. Es grave confundir la estabilidad de las instituciones en los sistemas democráticos con la estabilidad democrática, propiamente tal. ¿Desestabilizan el orden institucional democrático los recientes hechos de corrupción en la política, donde por ejemplo, empresarios les pagan a políticos para que ellos modifiquen su voto en el Parlamento? Por supuesto que sí. ¿Constituye eso un acto de terrorismo? Absolutamente no. El análisis es casi lógico e inmediato: la modificación a la Ley Antiterrorista es arbitraria, defectuosa y ambigua. Las modificaciones a estas circunstancias son un intento de creación de estándares bajo justificaciones y mecanismos no deseables en un sistema democrático.

La democracia se nutre del juego entre lo estable y lo inestable, entre la plenitud y la falta de desarrollo. La democracia se mueve a través de la libertad y lo glorioso de expresarnos como entes políticos. El que teme a una expresión que puede “desestabilizar” el sistema no teme al terrorismo: teme a la democracia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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