jueves, 21 de junio de 2018 Actualizado a las 03:15

Opinión

Autor Imagen

No soy máquina: El derecho a detenernos en la era de la inmediatez digital

por 12 junio, 2018

No soy máquina: El derecho a detenernos en la era de la inmediatez digital

Hace un par de semanas, mientras compraba en el supermercado recibí un WhatsApp de un cliente pidiéndome algo, lo leí, y mientras me detuve a pensar qué le respondía, para decidir si le contestaba que sí o que no, seguí caminando y a los 20 minutos de su mensaje me escribe: “Por favor, no me dejes en visto sin contestarme, me sienta muy mal, si quieres decirme que no, dímelo ahora mismo”…Wooow, quedé impresionada de la inmediatez y hasta sobreexigencia que tenemos como humanos para responder en tiempo récord y todo lo que sucede si no lo hacemos, pues entonces se inician una serie de supuestos que hay que manejar. En ese momento lo único que estaba pasando es que me estaba tomando un momento para pensar en la respuesta; derecho mínimo que todos tenemos antes de tomar decisiones, sin embargo, sólo en 20 minutos ya estábamos en una conversación tensa de falta de respuesta o de interés e incluso de falta de compromiso de mi parte. Este pequeño ejemplo nos muestra uno de los desafíos que estamos viviendo en la era digital: esta necesidad imperiosa de que sea rápido, inmediato y al ritmo de las máquinas digitales. En ese sentido ¿realmente necesitamos vivir como máquinas? ¿nuestro cuerpo físico está adiestrado para ello? ¿esta forma de vivir nos permite estar presentes e incluso disfrutando de cada momento? Estas y otras preguntas son las que necesitamos detenernos a observar en nuestra vida, reflexionar y luego decidir cómo lo haremos ante estos tiempos.

Como seres corporales y emocionales que también somos (sí, se nos olvida pero no sólo somos seres que pensamos), necesitamos percibir si esta inmediatez, esta velocidad e incluso si esta exigencia implícita es posible de sostener para nosotros de una manera saludable. Lo cierto es que nuestro cuerpo requiere de ciertas pausas para poder reenergizarse e incluso para poder pensar de manera centrada: De hecho, cada vez que trabajo con ejecutivos y coachees que van a una velocidad mayor que la que su cuerpo y su emocionalidad pueden sostener, les pido que inhalen y exhalen varias veces tranquilamente hasta que logren encontrar de nuevo un centro que les permite bajar las revoluciones. Ese solo movimiento de volver a respirar a su ritmo les permite volver a recordar que son humanos, que no son máquinas, y que pueden elegir en libertad la forma de vivir y liderar sus vidas, sin tener la sensación de que van detrás de su vida, a un ritmo enfermante e incluso inhumano… Y  es que nos hemos acostumbrado a una vorágine tan inhumana que incluso algunos de nosotros arriesgamos nuestra seguridad y la de nuestros seres queridos para contestar los mensajes de whatsapp, el teléfono o un correo urgente mientras conducimos el auto, para llegar al tiempo y con la eficiencia que los demás necesitan (o quizás, sólo demandan).

Según un estudio reciente sobre distractores tecnológicos al conducir, el 83% de los conductores chilenos declaran escribir o responder correos mientras maneja; el 80% revisa Facebook y el 77% Twitter; el 68% recibe y responde llamadas, mientras que el 61,9% chatea en WhatsApp. Con estos porcentajes está bastante claro que la posibilidad de accidentes es elevada y que además, la posibilidad que nos desconectemos de lo fundamental es altísima, sí, pues aunque no tengamos un accidente de tránsito al incurrir en estas prácticas, esta consecuencia ocurre de forma automática sin que siquiera tomemos consciencia de ella. Ahora bien, si profundizamos un poco más ¿Qué es lo fundamental? ¿Será vivir como máquinas a una velocidad que no nos permite estar, disfrutar, conectar, descansar, hacer logros y celebrarlos? …Yo personalmente me resisto a que esto sea lo fundamental. Creo que lo fundamental es volver hacia atrás en conexión con nosotros mismos, mientras disfrutamos del uso práctico de la tecnología moderna. No todo es ir hacia adelante, a lo mejor necesitamos retroceder para recobrar algunas de las habilidades humanas que nos diferencian de las máquinas, para liderarlas a ellas y no ellas a nosotros.

Según un estudio reciente sobre distractores tecnológicos al conducir, el 83% de los conductores chilenos declaran escribir o responder correos mientras maneja; el 80% revisa Facebook y el 77% Twitter; el 68% recibe y responde llamadas, mientras que el 61,9% chatea en WhatsApp. Con estos porcentajes está bastante claro que la posibilidad de accidentes es elevada y que además, la posibilidad que nos desconectemos de lo fundamental es altísima, sí, pues aunque no tengamos un accidente de tránsito al incurrir en estas prácticas, esta consecuencia ocurre de forma automática sin que siquiera tomemos consciencia de ella. Ahora bien, si profundizamos un poco más ¿Qué es lo fundamental? ¿Será vivir como máquinas a una velocidad que no nos permite estar, disfrutar, conectar, descansar, hacer logros y celebrarlos? …Yo personalmente me resisto a que esto sea lo fundamental. Creo que lo fundamental es volver hacia atrás en conexión con nosotros mismos, mientras disfrutamos del uso práctico de la tecnología moderna. No todo es ir hacia adelante, a lo mejor necesitamos retroceder para recobrar algunas de las habilidades humanas que nos diferencian de las máquinas, para liderarlas a ellas y no ellas a nosotros.

Nuestra salud, nuestro bienestar y nuestro buen vivir dependen de esto. Las regulaciones que Francia y otros países europeos  han implementado para prohibir el uso de WhatsApp en relaciones laborales fuera del horario de trabajo están siendo algunas de las ideas que estamos instaurando en el mundo para cuidar de nuestra humanidad, y con ello me refiero a la posibilidad de vivir en un balance equilibrado entre nuestro ámbito mental, emocional, corporal y espiritual. Si usted o yo podemos notar que vivir hiperconectados puede ser un desgaste, imagine cómo podrá resultar para altos empresarios o famosos, por ello tampoco resulta ilógica la tendencia que algunas celebridades como la directora de Vogue, Ana Wintour, Scarlet Johanson y muchos otros; que han decidido dejar el iPhone de última generación para regresar a su celular antiguo que no les provee conexión a internet (ni la invasión consensuada que ello nos impone), como un modo de cuidar de su energía y espacio personal.

El coaching ontológico es una disciplina que se hace cargo de acompañar a integrar aquellos aprendizajes que por diversas razones no pudimos hacer en nuestras vidas o dejamos de hacer y los perdimos. En este sentido, es un oficio que nos aporta para poder recobrar nuestro centro emocional, que es desde donde mejor tomamos buenas decisiones y también nos aporta para que corporal y energéticamente volvamos a recuperar algo esencial que nos constituye como humanos, esa pausa, ese ritmo, esa posibilidad de no pasar por esta vida como si hubiésemos sido consecuencia de ella. La era digital tiene sus luces y sus sombras, mi propuesta es que disfrutemos sus luces, como por ejemplo: la agilidad de información, la posibilidad de vernos con amigos o familia aunque vivamos en otro país y asimismo, que gestionemos sus sombras, tales como: convertirnos en máquinas,  vivir en automático desconectados de lo importante, arriesgar nuestras vidas en un auto por complacer un whatsapp.

El ocio, la pausa, la  quietud, son energías que como humanos necesitamos para fluir…

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director

Paula y la eutanasia

Envíada por Javiera Bellolio Avaria, Juan Alberto Lecaros Urzúa y Sofía Salas Ibarra | 21 junio, 2018

Cartas al Director

Noticias del día

TV