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La gratuidad en la friendzone

por 9 agosto, 2018

La gratuidad en la friendzone
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Mientras acontecen temas tan relevantes como irrelevantes en el entramado mediático del país, algunos tópicos importantes se van tornando lentamente laxos, desplazando a un costado a elementos significativamente substanciales y contingentes, como es el caso de la gratuidad en la educación superior.

Si bien la gratuidad desde el 2011 comenzó como un espiral ascendente a tomarse la agenda del los distintos presidentes, ministros y legisladores (hasta la actualidad), por muy trascendente que se considerara, la relación de los diferentes gobiernos con ella, siempre fue lánguida y timorata, desembocando en que finalmente la gratuidad estuviera ahí, pero con un límite importante respecto al acceso universal.

Esos mismos límites podrían compararse a los existentes en la friendzone, concepto el cual desde la generación milenial hasta las más actuales es bien conocido y comprendido. Para las generaciones anteriores sería conveniente explicar que es un término que fue comenzado a emplearse en Estados Unidos a fines de los 80, pero que, a punta de memes, fue popularizado en el siglo XXI, aludiendo a que en una amistad entre hombre y mujer es común que uno de los dos se sienta atraído por el otro y – bien por machismo o bien por otras causales – en la mayoría de los casos se suele atribuir al hombre este enamoramiento, gustar o atracción enmascarada. Otro componente importante de esta situación es que generalmente la persona que se siente enamorada no encuentra la manera de traspasar esta amistad o derechamente sabe que sus probabilidades son bajas de atraer a su amiga/o. Súmese además que en algunos casos – los menos- cuando se sinceran, la respuesta habitual de su contraparte es algo así como “entiendo lo que sientes, pero siempre te he visto como un amigo”. La contraparte puede enterarse al final, haberlo intuido o incluso hasta gustado el sentirse atractivo/a hacia su amigo/a, pero la respuesta más común es la que se acaba de describir.

La friendzone, dada la sociedad en que nos movemos es algo tan cotidiano que por lo mismo pasa desapercibida. La estética del friendzonismo es algo que pareciera tierno, pero que en el fondo es la torre Eifel del cinismo, la mendicidad y la mediocridad: una lamentable situación estética. Pero pese a todo lo miserable de la situación anterior, salvo en el caso que contra toda probabilidad el enamorado/a logra su cometido, o cuando se genera una situación incómoda, esto no deja de ser un tema anecdótico. A lo más se generará un coletazo si es que la persona por la cual se siente un flechazo tiene pareja, y/o el enamorado terminará haciendo un poema de mala calidad para subrepticiamente desahogarse o “tirar palos”, también de manera solapada.

Con la gratuidad ha ocurrido lo mismo. Nunca ha logrado traspasar la barrera de los deciles y por tanto de momento no existe gratuidad universal, cuando lo más lógico es que en las universidades del estado todos– no la mayoría- todos los alumnos se encuentren eximidos de la colegiatura. En el primer gobierno de Sebastián Piñera hubo un argumento por parte de su sector que mucha gente repitió sin procesarlo: “la gratuidad es financiar a los ricos”. Esta falacia, a la cual dicho sea de paso bien se refirió Fernando Paulsen en un capítulo de Tolerancia 0, no es otra cosa que una habladuría, un sofismo. ¿Cuántos ricos realmente ricos estudian en las universidades del estado? Hasta el año pasado existían 16 universidades del estado (de más de 60 privadas), entonces, creer que se financiará a los ricos con la gratuidad universal es una equivocación tonta, pero que caló hondo. Supongamos no obstante que así fuera y entonces: ¿En Las Condes los ricos deberían pagarse sus propias policías? Y no olvidemos que en los barrios de ellos existen a veces comisarías gigantes versus otras muy mínimas de la periferia. Pero claro, acá sí aplica el argumento de bien público. Por último, analicemos las becas para doctorado y observemos la clase socioeconómica a la que pertenecen los beneficiarios; obviamente de un sector alto, donde el criterio de “subvencionar a los ricos” no aplica.

La friendzone, dada la sociedad en que nos movemos es algo tan cotidiano que por lo mismo pasa desapercibida. La estética del friendzonismo es algo que pareciera tierno, pero que en el fondo es la torre Eifel del cinismo, la mendicidad y la mediocridad: una lamentable situación estética. Pero pese a todo lo miserable de la situación anterior, salvo en el caso que contra toda probabilidad el enamorado/a logra su cometido, o cuando se genera una situación incómoda, esto no deja de ser un tema anecdótico. A lo más se generará un coletazo si es que la persona por la cual se siente un flechazo tiene pareja, y/o el enamorado terminará haciendo un poema de mala calidad para subrepticiamente desahogarse o “tirar palos”, también de manera solapada.

Que la literatura – y la vida en general- está llena de cobardes es algo que más o menos todos lo intuyen, sin embargo, en el caso de la gratuidad no puede tomarse de este mismo modo y los progresistas tienen un llamado a la valentía, la perseverancia y la firmeza. Por lo mismo desde el día 1 de la recuperación de la democracia es que la ex concertación debió haber terminado con la idea de educación impuesta por Pinochet. A su vez, que la discusión se haya estancado y casi invisibilizado en una nebulosa en la cual el presidente pretende “ampliar la gratuidad” a instituciones privadas, sumado a palabrotas de un pésimo Ministro de Educación, entre otras situaciones, (etc.), es lo mismo que ocurre cuando se mira a una pareja de “amigos” donde los demás intuyen que no pasará nada y por tanto su relación es lamentable, pero transparente e invisible. De hecho, ahora mismo para muchos hasta resulta “latero” poner este tema nuevamente en la palestra, pero no se comprende que es sumamente relevante tratar de sacar algún día y de una vez por todas, a la gratuidad universal de la friendzone.

Hasta el momento, en conclusión, sabemos lo que el gobierno le dirá a la gratuidad: tú eres importante para mí, eres como un hermano, pero no pasemos los límites, te quiero, pero como amigo.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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