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Amores Perros

por 10 agosto, 2018

Amores Perros
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Leer el cambio del Gabinete en clave política no quita ni agrega a los juegos de vanidades en la política. Asistir al pequeño evento como a una parrillada amistosa permite en cambio, apreciar los códigos de la amistad que gobiernan la política. Lo que se desgrana ahora no son las habas otoñales sino la integridad de una autoridad poco fiel. Varela no tenía más respaldos que el Presidente. Valente por su parte cuenta con la confianza de la única comunidad que interesa en estos años de reinicio de la derecha; la ‘comunidad de los negocios’.

En los mismos días en que Varela y Valente dejaban escapar sus dichos sobre el bingo y el shock de desinversión, Sebastián Piñera homenajeaba al Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo en los siguientes términos: “dicen que el perro es el mejor amigo del hombre y yo digo que Luis Alberto ha sido uno de los mejores amigos que ha tenido la Alianza del Pacífico”. El Presidente de Colombia lo interrumpió para que precisara si lo que apreciaba en el banquero era ‘lo perro’. Piñera aclaró que se trataba de fidelidad. “Yo le recuerdo otro dicho: entre más conozco al hombre más quiero a mi perro”.

Entre Piñera y sus ministros hay una comunidad de emisiones sólidas y gaseosas que permitirían iniciar la versión chilena del “Diccionario de ideas recibidas”. La lotería liberal, la fidelidad de los funcionarios y el llamado a la fuga de capitales, son los lapsus y los hilos conductores al inconsciente de la autoridad. Lo cierto es que aquí aplica el dicho de que un perro fiel se parece a su amo. Piñera se parece a sus ministros en la incontinencia verbal y en un abanico de creencias que incluyen la distinción entre forma y contenido y las fidelidades pragmáticas y unilaterales. El que se va, parte agradecido y el que se queda respira aliviado y nervioso esperando el próximo índice de crecimiento del desempleo.

Entre Piñera y sus ministros hay una comunidad de emisiones sólidas y gaseosas que permitirían iniciar la versión chilena del “Diccionario de ideas recibidas”. La lotería liberal, la fidelidad de los funcionarios y el llamado a la fuga de capitales, son los lapsus y los hilos conductores al inconsciente de la autoridad. Lo cierto es que aquí aplica el dicho de que un perro fiel se parece a su amo. Piñera se parece a sus ministros en la incontinencia verbal y en un abanico de creencias que incluyen la distinción entre forma y contenido y las fidelidades pragmáticas y unilaterales. El que se va, parte agradecido y el que se queda respira aliviado y nervioso esperando el próximo índice de crecimiento del desempleo.

Despedir a cualquiera de los dos fieles compañeros era un acto de infidelidad oportunista. En un caso perderíamos el ingenio de un hombre fuera de lugar y en el otro ganaríamos la posibilidad de reconstruir una institucionalidad más que monetaria para la economía. Perdimos la economía y perdimos el humor en el desmantelamiento de la educación pública.

Nos quedamos con Valente y con la moneda falsa

De economía sabe lo que se necesita para asesorar al 0.5% de la población, no ha hecho esfuerzo alguno por entender las necesidades de los consumidores o para equilibrar la cancha para pequeños productores y emprendedores. Según uno de esos lugares comunes de la tecnocracia innovadora, el hombre podría ser reemplazado ventajosamente por un chip de 12 dólares. Y ganaríamos el silencio.

Valente profundizó en una teoría de la inversión basada en los descubrimientos de Arquímides  -comportamiento de los sólidos en el agua- y con la física de los vasos comunicantes desarrollada por Pascal en el siglo XVIII; si los chilenos retiran parte de sus inversiones y las envían al exterior, dejan lugar para la llegada de inversionistas extranjeros. Para que la teoría funcione no deben existir arritmias, descalces ni personas; solo las inercias de una mecánica automática que rara vez se verifica en economía. Cada vez que me salgo de la tina otro cuerpo entra para mantener los equilibrios. Nuestro Ministro se refugia en su fe como otros lo hacen en la placidez de un Buda en los huesos.

Es la misma teoría del Estado subsidiario que debe dejar espacio para que los privados entren en el agua e inviertan a su ritmo; solo que aquí, también los privados somos subsidiarios. El error de Valente no está tanto en el llamado a la fuga de capitales chilenos sino en creer que la economía se basta de grandes empresas privadas y monopólicas compitiendo entre ellos.

Aceptemos que sus afirmaciones no sean contradictorias ni banales. Lo que no nos está diciendo es porqué va a ser atractivo invertir en un país que está ‘hasta los huevos’ de capital pero no sabe en qué usarlo y pide al parecer un shock de desinversión.

Lo que nos guardamos y conservamos con Valente es la posibilidad de apreciar como se trata al otro en esta política -que por presencia nos haría pasar de la alegría política conservadora a los desembolsos empresariales efectivos. Veremos cual es la alteridad que se construye; ante quien responde el lenguaje de los ministros; en que región de invisibilidad quedan los empresarios pequeños, los trabajadores, los innovadores y los consumidores.

Veremos desde donde se eleva la lógica del Señor de los Perros.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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