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¿Es la derecha chilena liberal o conservadora?: el conflicto en gestación en el Gobierno

por 4 junio, 2018

¿Es la derecha chilena liberal o conservadora?: el conflicto en gestación en el Gobierno
La Moneda no podrá eludir tomar posiciones y gestionar el conflicto interno que se viene. Por ahora, el Presidente –especialmente en las últimas semanas– se ha cargado más hacia el ala liberal, tanto es así que ha sido criticado por su sorpresiva posición “feminista” –bueno, antes del inadecuado piropo a Maya Fernández–. Sin embargo, está claro también que Piñera versión 2018 tiene menos problemas de disenso con su sector, como lo demostró con la decisión de no bajar los impuestos, pese a la promesa hecha a los empresarios en la campaña. Todo dependerá de la evaluación del riesgo de irse a una u otra orilla del río.
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Ya no es novedad. Cada cierto tiempo, un completo desconocido salta de pronto a la fama, irrumpiendo en el debate público, a partir de una salida de madre, que consigue convertir las redes sociales en un verdadero ring de boxeo. Primero fue Osvaldo Urrutia (UDI), un hombre malas pulgas, que se sienta en la última fila de la Cámara, el que consiguió que la diputada Pamela Jiles atravesara todo el hemiciclo para encararlo debido a ofensivas palabras disparadas contra víctimas de la dictadura.

Hace solo unos días, un tipo sin ningún perfil público, de nombre Leonidas Romero (RN), lanzó una bomba mayor: dijo estar arrepentido de haber apoyado a Piñera, molesto por la agenda valórica que estaría impulsando el Presidente, además de manifestarse indignado por el reconocimiento que este le hizo a “Daniel Vega”, según él. Y al igual que las personas en redes, los parlamentarios del bloque oficialista se empeñaron en dejar de manifiesto sus posturas y diferencias de fondo, recriminándose mutuamente.

Sin duda, cuando se trata de convicciones y creencias, el tono y profundidad de una frase ofensiva genera tal impacto, que nos demuestra el nivel de polarización que se está observando en la sociedad chilena en materia de agenda valórica. Sin ir más lejos, este Gobierno ha debido enfrentar temas que no solo no tenía contemplado impulsar en estos cuatro años, sino que intencionalmente esperaba eludir, basado en dos supuestos.

El primero, que los chilenos estaban solamente preocupados de aspectos vinculados a calidad de vida inmediata, dejando lo valórico para un momento en que sintieran resuelta la base de la pirámide –asociada a seguridad básica–. Error de apreciación. Lo cierto es que estas temáticas no solo estuvieron siempre presentes en la campaña presidencial, sino que además están teniendo un fuerte protagonismo en el mundo entero, especialmente asociado a la igualdad de derechos y opciones personales, como lo que ha ocurrido con el aborto, eutanasia, identidad e igualdad de género, entre otros.

El segundo supuesto era que un Gobierno de centroderecha podía navegar por en medio del río, sin acercarse a ninguna orilla. Es decir, constatar el hecho, verbalizarlo, pero no tomar posiciones. Para la segunda vuelta, Piñera tuvo que armar un relato bastante híbrido que intentó incorporar las posiciones contrapuestas en materia valórica entre el liberal Felipe Kast, un ambiguo Ossandón y el ultraconservador Juan Antonio Kast.

Bueno, los hechos están a la vista. Justamente, los temas vinculados a los valores cobran aún mayor relevancia hoy en Chile, considerando que una de las instituciones que dominaba el debate –a la hora de fijar posiciones–, la Iglesia católica, se encuentra en una crisis tan profunda, que es probable que ni siquiera tenga energías para alzar la voz cuando varios de estos temas se estén discutiendo. Por cierto, el mundo liberal y progresista tiene un espacio inédito para avanzar más rápido de lo esperado. Y los conservadores tendrán menos respaldo de uno de los poderes fácticos que ha dominado al país desde la época de la Colonia.

El solo hecho de que el Presidente haya optado por postergar hasta esta semana el anuncio de las indicaciones que el Gobierno hará a la Ley de Adopciones, específicamente en lo relativo a la adopción homoparental, demuestra el temor que se está apoderando de La Moneda en relación con que el choque valórico, dentro de la propia coalición, termine por provocar un conflicto similar al que arrastró a la ex Nueva Mayoría. Recordemos que, en la discusión del aborto en tres causales, las diferencias entre la DC y el resto de los partidos se hicieron irreversibles.

Hoy la derecha tiene dos claros bloques con pesos más o menos equivalentes. El conservador, encabezado por el grueso de la UDI, más la llamada “Bancada Cristiana”, que agrupa al ala dura de RN y que es liderada por los evangélicos, en particular el pastor Durán, quien representa al grupo religioso-económico más poderoso del país y que demuestra la caída de influencia de los católicos en estos temas. A este bloque se debe sumar el debutante y ultraconservador grupo Acción Republicana, cuyo rostro, José Antonio Kast, sabe que tarde o temprano le pasará la cuenta al Presidente Piñera por su apoyo en segunda vuelta y que, mejor que forzar un conflicto con La Moneda, le ayude a elevar su adhesión que ya alcanza cerca del 10%. A Manuel José Ossandón lo deberíamos considerar dentro de este sector, pese a que en materia económica y política es un liberal, pero que, cuando se trata de temas valóricos, suele mostrar su cara conservadora.

Los liberales, por su parte, están mezclados entre un grupo importante perteneciente a RN y Evópoli, con uno que otro UDI, que tarde o temprano se saldrá de ese partido, como Jaime Bellolio. Quien lleva el liderazgo de este bloque es Marcela Sabat –que sea mujer y joven es muy simbólico–, una diputada que se ha ido posicionando de manera muy consistente, logrando alinear a la mayoría de la nueva generación de derecha que se ha integrado al Congreso en estos últimos dos períodos. Y Sabat no se ha quedado en el discurso. Antes de iniciar la legislatura 2018, presentó a la “Bancada Liberal”, la que busca no solo avanzar en proyectos de ley específicos, sino también representar esta posición en la futura directiva del partido. Asimismo, ha tendido puentes con parlamentarios de la ex Nueva Mayoría –otra semana más sin que tengan nombre– y golpeado con su posición en temas de género, eutanasia y otros.

Los liberales, por su parte, están mezclados entre un grupo importante perteneciente a RN y Evópoli, con uno que otro UDI, que tarde o temprano se saldrá de ese partido, como Jaime Bellolio. Quien lleva el liderazgo de este bloque es Marcela Sabat –que sea mujer y joven es muy simbólico–, una diputada que se ha ido posicionando de manera muy consistente, logrando alinear a la mayoría de la nueva generación de derecha que se ha integrado al Congreso en estos últimos dos períodos. Y Sabat no se ha quedado en el discurso. Antes de iniciar la legislatura 2018, presentó a la “Bancada Liberal”, la que busca no solo avanzar en proyectos de ley específicos, sino también representar esta posición en la futura directiva del partido. Asimismo, ha tendido puentes con parlamentarios de la ex Nueva Mayoría –otra semana más sin que tengan nombre– y golpeado con su posición en temas de género, eutanasia y otros.

Pero en este sector, Evópoli es el que más posibilidades presenta de seguir creciendo, tanto a costa de RN como de una parte de la oposición huérfana de referente. Tiene la ventaja de su autonomía –lo demostró con el proyecto para evitar el nepotismo– y tener un relato más fresco y atractivo, algo parecido a lo que en su momento representó el PPD. Además, su nuevo presidente, Larraín Matte, proyecta una curiosa mezcla de cercanía al poder, progresismo y glamour hollywoodense. Digno de una película de su hermano.

Luego del reciente fallo de la Corte Suprema, que accedió a que una persona transgénero pudiera cambiar su nombre y sexo registral sin intervención quirúrgica o que el propio rector de la PUC aceptara que los alumnos(as) en esa misma situación puedan inscribir sus nombres actuales en la universidad –algo que el diputado Leonidas Romero no podría soportar–, de seguro la agenda de Identidad de Género se intensificará, junto a la de equidad y la discusión de adopciones. Todas ellas enfrentarán a estos dos bloques de derecha y, por supuesto, se sumará la oposición.

De ahí que La Moneda no podrá eludir tomar posiciones y gestionar el conflicto interno que se viene. Por ahora, el Presidente Piñera –especialmente en las últimas semanas– se ha cargado más hacia el ala liberal, tanto es así que ha sido criticado por su sorpresiva posición “feminista” –bueno, antes del inadecuado piropo a Maya Fernández–. Sin embargo, está claro también que Piñera versión 2018 tiene menos problemas de disenso con su sector, como lo demostró con la decisión de no bajar los impuestos, pese a la promesa hecha a los empresarios en la campaña. Todo dependerá de la evaluación del riesgo de irse a una u otra orilla del río.

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